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TEMAS DE LA SEMANA

Barrio x barrio: Plaza Lavalle, libro a cielo abierto

Los 18 puestos de la Feria se especializan en temáticas afines al Derecho.

Por maria-florencia-alcaraz
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Un muchacho se para frente al puesto de libros, observa, busca con la mirada algún ejemplar, lo encuentra. Lo toma, lee la tapa y la contratapa con tranquilidad.

Mientras tanto, el vendedor conversa con otro puestero
a unos metros. Así trascurre casi media hora, hasta que el chico pregunta el precio, lo piensa y finalmente se lleva su tomo de Derecho Penal.

La escena ocurre en la Feria de Libros de Plaza Lavalle, ubicada en las calles Lavalle y Libertad, entre la salida de la Estación Tribunales del subte D y en diagonal al palacio del mismo nombre. La feria, que tiene 18 puestos, funciona de lunes a sábado entre las 10 y las 18. Pero ni todos los puesteros llegan al mismo horario ni abren todos
los días.

En la feria se venden, principalmente, libros usados de derecho, además se encuentran obras de literatura clásica, historia y política. Y libros nuevos también.

El origen de la feria se remonta a 1941, año en que el intendente Alberto Pueyrredón impulsó la instalación de puestos de venta de libros al aire libre en la Ciudad. En ese momento la idea era emular a los vendedores de libros parisinos en La Conciergerie y el Palacio de Justicia de París, dispuestos a lo largo del río Sena. De esta manera la Feria comenzó a funcionar en el patio del Cabildo y se convirtió en la primera feria de libros al aire libre en Sudamérica.

Y allí se mantuvo hasta mediados de los años 70, cuando por causa de unas reformas edilicias se cerró el patio del al uso del público y la Feria debió trasladarse a la Plaza Lavalle.

No en vano la ciudad de Buenos Aires fue elegida Capital Mundial del Libro por la Unesco, la Feria de Plaza Lavalle
es una de las cuatro más tradicionales de la Ciudad, junto con Parque Centenario, Parque Rivadavia y Plaza
Italia.

Lucía hace 15 años que es feriante en la plaza. Su puesto
se especializa en libros usados únicamente jurídicos,
de historia y política. Con respecto a los clientes, asegura que «viene gente de todos lados, turistas, del interior y de toda Latinoamérica». Pero con los que más trabajan es con la gente que está de paso. Y, en segundo lugar, estudiantes y profesionales del ámbito del Derecho porque encuentran libros agotados o editados hace mucho tiempo, difíciles de hallar.

Trento Fronza puede dar cuenta de la historia. Este señor de 78 años hace más de medio siglo que tiene un puesto en la feria, desde que estaba en el patio del Cabildo.

«Allá se vendía literatura de todo tipo. Acá en Lavalle se hizo más de lo jurídico por la cercanía», dice este librero que decidió dedicarse a este trabajo por su pasión por la lectura.

Trento encuentra muchos cambios entre sus comienzos y la actualidad: «Bajó el estudio, bajó la cantidad de gente que lee porque actualmente se vive en otro mundo. Antes la gente leía muchísimo. Internet tiene que ver mucho con esto, está cambiando el mundo. No es para mal ni para bien pero lo está cambiando: ahora en una computadora tenés todo. eran tomos gigantes, ahora se hacen resúmenes o guías», reflexiona.

Trento dice que un buen librero «tiene que saber mucho sobre libros, tiene que estar al tanto de todo y tiene que tener paciencia porque la gente viene, mira los libros -se han quedado hasta una hora mirando libros- y uno no le puede decir nada, hay que saber esperar».

También está convencido de que vender libros en una feria es muy distinto a venderlos en una librería. «Viene gente que pasa, charla de su vida, de lo que pasa en el país, tenés movimiento todo el día y así nos entretenemos. Lo hermoso de todo esto es la libertad. Venís a la hora que querés , tenés tiempo para leer, cuando querés comés, hablás con la gente.

Otro gran diferencia es el regateo de precios, característico de este tipo de ferias: «La gente pelea mucho el precio porque los libros están carísimos. A veces terminamos vendiéndolos por la misma plata que lo compramos, solo para cuidar al cliente», confiesa Trento.

Pese a internet y a los cambios en las costumbres, la Feria sigue en pie desde hace 70 años. Tal vez el secreto sea que ofrece a los lectores ejemplares difíciles de encontrar y a buen precio.

DZ/LR

 

Fuente Redacción Z
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