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TEMAS DE LA SEMANA

Piedra libre a los sabores del mundo

Junto al Planetario, 60 colectividades presentaron un mosaico de manjares.

Por Federico Raggio
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Probamos… ¿te parece?», le dice un señor a su esposa. Este diálogo se repitió durante toda la tarde en los festejos por el Día del Inmigrante organizados por el Gobierno de la Ciudad. Los representantes de cada stand, algunos con atuendos típicos, presentaron diversas expresiones de la gastronomía, la indumentaria y las danzas de más de 60 comunidades que se ubicaron en los bosques de Palermo, en inmediaciones del Planetario Galileo Galilei.
Nova es de Bahía y se encarga de preparar jugos tropicales para los que visitan el stand de la comunidad brasileña. «Se toman mucho en el norte durante todo el año. Ahora estoy agregando otros ingredientes, son una invención mía. Utilizo maracuyá, papaya, arándano, mango, ananá, frutilla, kiwi. Aprovecho mucho las épocas de cada fruta», cuenta mientras sonríe. Al costado, Claudia cuenta que hay acarajé, un plato bahiano, y bolinho do sol. «Son de mandioca y llevan carne, que se deja secar al sol durante siete días. Después se condimenta y se hace la bola, como si fueran bombas de papa, para luego freírla», dice.
A unos metros, los visitantes no se matan por el shawarma (carne asada), la mayoría quiere probar las empanadas árabes. Laura, descendiente de siriolibaneses, dice que sólo la cocinera sabe qué especias llevan. Un secreto bien guardado.
Marta es hija de padre austríaco e integrante del Club Social y Deportivo Austria. Está vestida con un dirndl, un vestido tradicional. Menciona que las patas de cerdo hervido a la cacerola es un plato muy común en la patria de Mozart. «Se come con papas y chucrut y especias que acá no se conocen. Pero nos amoldamos a nuestros paladares y lo preparamos en una paellera con vino blanco; se acompaña con algo cotidiano de allá como repollo blanco con vinagre y mostaza», detalla.
Alguien pregunta por el amarillo de la masa de las empanadas bolivianas. Analía, en el stand, revela que llevan huevo y cúrcuma. Y muestra los morrales y aguayos (prenda rectangular que se puede utilizar de diversas formas) con motivos coloridos de los pueblos originarios andinos. «Tienen muchos usos en el norte de la Argentina, en Bolivia y en Perú. También podés ponerlos para adornar la mesa o paredes», dice.
Del otro lado del lago, en el stand de Portugal, una pareja prueba el último pan saborizado con aceitunas, cebolla y chorizo colorado. Cristina, una señora de padres portugueses, cuenta que también hay pasteles de Belén, que se hacen con una masa hojaldrada típica de la cocina de Lisboa y que lleva una crema similar a la pastelera.
Estela, una porteña, dice: «No me compré artesanías pero probé bastante las comidas, como los varenikes ucranianos». Cristina, tercera generación de ucranianos, detalla cómo se hacen: «Son unas masas rellenas con papa, cebolla y ricota, con una salsa de cebolla, panceta y crema».
Más a la derecha, Natalia, vestida con una camisa tradicional, habla con unas señoras que eligen unos pysanky, huevitos de madera pintados: «Se intercambian en Pascua con familiares y amigos», cuenta.
Gracias al aroma del suya (carne asada en brochettes), la gente se amontona en el stand nigeriano. Al lado de la parrilla, hay una muestra de tambores nigerianos «dondon», que se utilizan en las danzas tradicionales. Obadiah, presidente de la Asociación de Nigerianos en el Río de la Plata, revela que es una comida que sirve como excusa para que los amigos se reúnan por la noche. «Se acompaña con cerveza. Es para unir a las personas, sería como el asado acá. Lo presentamos con cordero, pero se puede hacer con carne de vaca o cebú», afirma, aunque no quiere esclarecer qué contiene la salsa anaranjada que le da ese aroma tan sugestivo: «Bueno… ese condimento tiene una fórmula especial».
Alicia, de la comunidad irlandesa, invita a contemplar una muestra de la variada gastronomía de la isla: «Los scons son dulces o salados, después están los muffins, que son como un pancito dulce que puede llevar arándanos». A un costado, Patricia, con un sombrero verde y blanco con el trébol de San Patricio, enseña a unas chicas los duendes y las runas, piedras talladas con letras, típicas de la afición de los antiguos celtas por lo místico y lo oculto. «Los duendes traen suerte», según Patricia y guiña un ojo para convencer a las interesadas que no se deciden.
Cerca de allí Ludovic, un chef francés, comenta que ya casi no quedan crêpes en el espacio dedicado a las delicias de la cocina gala: «Los crêpes son del noroeste pero se comen en todo el país. Tenemos dulces y salados: de jamón, queso y huevo que es el clásico francés, y los de dulce de leche, nutella, miel y limón y frutos del bosque. Aunque es gastronomía francesa, intentamos adaptarla un poco porque no tenemos todos los ingredientes aquí».
«Chicos, ¿galletitas?», les pregunta orgea unos nenes J, que viste un tartan, el típico atuendo escocés que se utiliza como falda, al igual que los demás integrantes -incluso las mujeres- del stand de Escocia. «Como verás acá tenemos sultanas cakes (scons con pasas, frutas secas y abrillantadas) y shortbreads, que son unas galletitas típicas», explica Jorge mientras el Coro Kennedy entona el Himno Nacional argentino sobre el escenario.

DZ/LR

 

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