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Mirador Comastri, los viñedos del vigía

Estaba en una chacra y perdura su gran cúpula vidriada.

Por Clarisa Ercolano
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Las calles Loyola, Fitz Roy, Bonpland y Agui­rre enmarcan en el ba­rrio de Chacarita al Mi­rador Comastri, una cúpula con vidrios de colores que sobresale notoriamente en toda la fisono­mía de la construcción con indu­dable estilo italiano. Construido en 1875 por Agustín Comastri, Chacarita todavía era parte de la provincia de Buenos Aires cuan­do comenzó la edificación que fue coronada con este símbolo que resiste al tiempo. 
La manzana completa en la que ahora funciona una escuela, la Técnica 34 Ingeniero Enrique Martín Hermitte, guarda el espíri­tu de las construcciones de anta­ño, rodeada por una base cemen­tada de un metro de alto, una verja y tres portones de hierro for­jado para el ingreso. El marco se completa con el jardín imponen­te, con palmeras y olivos que su­peran el metro de diámetro.
Más allá de la inspiración en la catedral de María de to­dos los Ángeles, de Florencia, toda la propiedad funcionaba como una estanzuela o gran chacra que tenía viñedos y pro­ducía hasta 500 bordalesas de vino. El mirador -el punto más alto de la zona- no solamente tenía un fin decorativo sino que también servía para vigilar una zona aislada.
El Mirador se levanta en tor­no a cuatro columnas de metal en el frente y lo que fue la resi­dencia de los Comastri contie­ne dos plantas y una torre que desemboca en la cúpula, que pese al poco cuidado conserva vidrios de colores originales.
La subida al mirador se rea­liza mediante una escalera de caracol en mármol blanco que se continúa con otra de made­ra lustrada y un último trayec­to con escalones de hierro. La cúpula tiene forma de cono y en ese entonces prodigaba una vista privilegiada que no era in­terrumpida por cables, torres o edificios. El edificio supo alber­gar un reloj de cincuenta centí­metros de diámetro, de origen italiano, que brindaba la hora oficial, el primer pararrayos de la zona y una gran lámpara a gas que servía de orientador cuando llegaba la noche.
Más allá del reconocimien­to que este solar se ganó por su cúpula elevada, también en los subsuelos de la residencia Co­mastri se refugia una parte de la historia. Desde la planta baja se accede a un sótano que co­necta con un pasadizo que se usaba como bodega. Algunos historiadores aseguran que el conducto subterráneo se pro­longaba hasta el arroyo Mal­donado, unos 400 metros y que se usaba como una suer­te de salida de emergencias. Y que además sirvió de escondite para que Hipólito Yrigoyen die­ra forma al movimiento cívico de 1893.

DZ/LR

 

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