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TEMAS DE LA SEMANA

Barrio x barrio: La Paternal y el Taricco

El cine, declarado sitio de interés cultural por la Legislatura. Los vecinos luchan por recuperarlo.

Por rafa-tano
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El cine fue bautizado con el apellido de su dueño, Luis Juan Taricco, que vivía con su familia justo al lado, en la esquina de San Martín y Nicasio Oroño. Su hija, Esther Taricco de Vaccaro, relató: «El primer cine era chico, tenía mesitas y sillas como si fuera una confitería. La gente se sentaba a tomar algo y miraba películas.

Luego mi padre compró más terrenos y construyó el cine teatro, de mil localidades. Por él pasaron Carlos Gardel, Azucena Maizani, Ástor Piazzolla, Juan Chiappe, Mirtha y Silvia Legrand (que eran vecinas, vivían en la calle Médanos), y muchos otros».

Pero el tiempo pasa y arrasa: el Taricco cerró en la década del 60 y en su lugar abrió un supermercado. Más tarde hubo un proyecto para expropiarlo, pero la idea no prosperó y el edificio quedó abandonado.

En 2000, la Asociación Amigos de la Avenida San Martín y el grupo La Muralla juntaron alrededor de cinco mil firmas para reabrirlo.

En 2004 la Legislatura porteña declaró al Taricco «sitio de interés cultural» por impulso de  Gabriel Salomón, militante de La Tendencia, cuyo referente es el diputado Francisco «Tito» Nenna, del bloque kirchnerista. Salomón dice: «Queremos la recuperación del Taricco, que hoy es un lugar abandonado.

Esta movida surge por iniciativa de vecinos que decidieron ponerse en marcha para recuperarlo y nosotros nos sumamos hace cuatro meses». Norberto Zanzi, miembro del consejo de vecinos autoconvocados, también se entusiasma con la propuesta y quiere que el lugar sea un cine teatro con centro cultural.

Dice: «En 2005 la Legislatura aprobó un proyecto para expropiar el edificio. Pasaron Telerman y Macri y todo quedó en la nada, caducó al no hacerse efectiva».

Mientras tanto los vecinos no ceden y apuestan a Daniel Filmus, candidato a jefe de Gobierno por el Frente para la Victoria, que participó de una radio abierta donde se comprometió a crear el centro cultural de la Comuna 15 si es electo.
  
«Hemos traído a artistas del Teatro Colón, que están en conflicto con el Gobierno de la Ciudad, para que tocaran, vinieron bailarines de tango, hicimos cine-debate», detalla Gabriel Salomón.

Zanzi, por su parte, asevera que Griselda Taricco, sobrina nieta
del fundador, está de acuerdo con la expropiación pero no sabe si es heredera o no. Salomón impulsa el nuevo proyecto que presentará Tito Nenna.

Fernando Musante, realizador cinematográfico, recuerda con emoción: «Hay que reconocer que los de La Paternal no somos demasiado prolijos a la hora de trazar mapas. Desde el Cid hasta el puente, desde la estación hasta Gaona, cual ejes cartesianos, trazamos las diagonales de un romboide y dentro de ese molde irregular todo es La Paternal, y si alguna cuadra quedara por fuera de esos lados imaginarios, también podríamos anexarla».

Aún así, y sobre eso no caben dudas, el Taricco es de La Paternal, como La Cumbre y Fierro, dos negocios que siguen en pie, con discutibles refacciones, para dar testimonio.
«El Taricco tenía butacas de madera y, en Semana Santa, daba La Pasión.

En las épocas de tres en continuado, los pibes salíamos del cine entre películas y nos daban un cartoncito, a modo de contraseña, para volver a entrar. Íbamos a La Cumbre, a comprar una porción con fainá, o a Fierro para comprar bolsitas con maníes, palitos salados, o papas fritas de las que se usaban para el vermouth. Al volver al cine, más de una vez fuimos víctimas de la mala actitud de un acomodador que no sólo controlaba la contraseña, sino que se ensañaba en practicar, con una suerte de pellizco, un agujerito en las bolsas de papel en las que llevábamos lo comprado.

Nos privaba así del placer de, una vez vaciada las bolsitas, inflarlas y hacerlas explotar de un manotazo en medio de las escenas más conmovedoras de las películas.

Yo deseo que se reabra el cine teatro Taricco. Ese día -doy mi palabra- compro palitos en lo de Fierro y le pido (a él, o a su hermana) una bolsita más que me encanuto en el bolsillo», se ilusiona el cineasta.

Está claro: en un cine teatro no sólo hay representaciones artísticas, el que es sensible palpita en él parte de su vida. Al fin y al cabo es su barrio, con sus historias, sus aromas, sus costumbres.

 

 

 

 

DZ/LR

 

Fuente Redacción Z
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