Tiempo en Capital Federal

24° Max 18° Min
Cubierto
Cubierto

Humedad: 64%
Viento: Sureste 27km/h
  • Sábado 4 de Diciembre
    Cubierto con lluvias19°   23°
  • Domingo 5 de Diciembre
    Parcialmente nuboso con lluvias19°   22°
  • Lunes 6 de Diciembre
    Nubes dispersas18°   24°
Estado del Tránsito y Transporte
Actualizado: 05/12/2021 11:51:34
Tránsito
Trenes
Vuelos
Cargando ...

TEMAS DE LA SEMANA

Barrio x barrio: El Obelisco

Fue construido en el cuarto centenario de la ciudad, es uno de sus símbolos más queridos.

Por Alejandro Guerrero
Email This Page

Una mañana amaneció forrado. Literalmente forrado con un preservativo gigantesco, cuando el Día Mundial de Lucha contra el Sida lo transformó en el gran símbolo fálico de la ciudad. Otra vez, cuando se cumplieron 150 años del establecimiento de relaciones diplomáticas entre la Argentina y Alemania, la conmemoración también se las tomó con el Obelisco y lo embanderaron con las enseñas de los dos países. A sus pies cantó Plácido Domingo, se exhibieron las motos, los autos y los camiones del Rally Dakar, se festejaron campeonatos y se reunieron manifestaciones de protesta: «¡Todos al Obelisco!» es un grito repetido.
En 1987 lo enrejaron y así sigue, como si estuviera preso. En esos días, el ingenio de Caloi dibujó un Clemente con una pancarta que decía: «Libertá al Obelisco». Dijeron que las rejas impedirían las pintadas en esas paredes que dan a los cuatro puntos cardinales. El mismo Clemente se preguntaba: «¿Y pa’ qué sirve el Obelisco? A lo mejor está pa’eso: pa’ que lo pinten».
A veces estuvo en peligro. En 1939, a tres años de su inauguración, el Concejo Deliberante ordenó demolerlo, pero el intendente Arturo Goyeneche vetó la resolución. Muchos aseguraron que los vientos que lo cruzan y los subterráneos que circulan por debajo de él lo echarían abajo. Sin embargo ahí está, desde hace exactamente 75 años. En estos tres cuartos de siglo soportó muchos vientos y millones de pasadas de subte. No se cayó, y nada permite prever que se caerá pronto.
206 escalones
Desde la base hasta la cúpula hay 67,5 metros y 206 escalones, y muy pocos lo conocen por dentro. En la punta hay un pararrayos y una habitación muy pequeña, usada sólo por el personal de mantenimiento. Ahí encontraron hace mucho una caja de hierro, dejada por un jefe de máquinas de la empresa constructora -la alemana Geope-Siemens Bauunion- en la que el hombre había puesto una foto de él y de su esposa, y una carta dirigida a quien se atreviera a demoler el monumento.
Entre los pocos «ajenos al personal» que llegaron a la cima estuvo un joven de nombre desconocido, que en 1939, en un rapto de fervor patriótico, subió esos 206 escalones para colgar una bandera desde la pequeña y única ventana de la cúpula. Meses más tarde, otro muchacho, Carlos Rodiño, hizo lo mismo pero para amenazar con arrojarse desde allí si no le daban trabajo. Muchísimos años después, en 2008, activistas de Greenpeace se descolgaron desde la cima para protestar por el mal tratamiento que el Gobierno de la Ciudad les da a los residuos.
Las 170 toneladas de cemento del obelisco dependen de la Dirección de Espacios Verdes de la Secretaría de Medio Ambiente porteña, y los placeros que cuidan la Plaza de la República guardan sus utensilios en la base del monumento.
supervivencia
Si el Obelisco es un símbolo, una postal de Buenos Aires, fue en su momento una supervivencia del impulso modernista vivido por la ciudad a partir de las décadas de 1870 y 1880, cortada abruptamente por la crisis de los años 30.
La construcción fue ordenada por Mariano de Vedia y Mitre, hombre de letras, traductor de obras de Oscar Wilde, designado intendente en 1932 por el gobierno del general Agustín Justo. Fue un impulsor de obras audaces: la avenida 9 de Julio, las diagonales («alguien me ha contado que estás floreciente/ y un juego de calles se da en diagonal», dice Enrique Cadícamo en «Anclao en París») y, claro está, el Obelisco. La obra le fue encargada al arquitecto Alberto Prebisch y, como suele ocurrir cuando hay dinero, se terminó en tiempo récord: apenas dos meses.
Hoy, todo el mundo lo mira muchas veces sin verlo. Por ejemplo, pocos han leído el soneto de Baldomero Fernández Moreno, casi naíf, inscripto en un pequeño rectángulo en la cara que da al sur. Según dicen, Fernández Moreno escribió ese poema en una servilleta del Alvear Palace Hotel y se lo dio a su esposa. Dice así:

¿Dónde tenía la ciudad guardada
esta espada de plata refulgente
desenvainada repentinamente
y a los cielos azules asestada?
Ahora puede lanzarse la mirada
harta de andar rastrera y penitente
piedra arriba hacia el Sol omnipotente
y descender espiritualizada.
Rayo de luna o desgarrón de viento
en símbolo cuajado y monumento
índice, surtidor, llama, palmera.
La estrella arriba y la centella abajo,
que la idea, el ensueño y el trabajo
giren a tus pies, devanadera.

DZ/LR

 

Fuente Redacción Z
Email This Page
0 Comentarios
Sé el primero en dejar un comentario!

Deja tu comentario