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Barrio x Barrio: El baúl de las titiriteras

En la vieja casa de San Telmo se exhibe la colección de muñecos, el Museo Argentino del Títere.

Por Juan Carlos Antón
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En esa casa vieja de San Telmo, en la esquina de Piedras y Estados Unidos, viven cientos de muñecos y de historias, algunas muy viejas, algunas provenientes de lejanísimas regiones del planeta. Los fueron juntando – a los títeres y a las historias- a lo largo de toda una vida juntas Sara Bianchi y Mane Bernardo, dos históricas maestras titiriteras que fundaron el museo en 1983. Antes, en 1944, Mane había fundado el Teatro Nacional de Títeres del Instituto Nacional de Estudios de Teatro. El Museo fue al principio itinerante y constaba de un cargamento de doscientos muñecos de todas las técnicas, más cincuenta afiches y bibliografía especializada que las dos titiriteras iban trasladando en baúles y guardando en depósitos a la espera de que el estado facilitara un lugar para albergarlos. Un día, hartas de esperar, decidieron crearlo ellas mismas, y fue en la casa de San Telmo donde había vivido Mane. Sara refaccionó la casa y dirigió el Museo hasta 2010, cuando, ya muy viejita, falleció.
«Quieren tocar, manipular y nosotros los dejamos», dice Silvia Musselli, actual coordinadora de las actividades artísticas y culturales del Museo, uno de los pocos en su tipo en el país y Latinoamérica. «Recibimos cada día a chicos que se deslumbran, se dejan llevar por la fantasía. Ellos quieren ver de qué están hechos y terminan manejándolos. Sobre todo les gusta los títeres antiguos, los que vinieron de Oriente, precisamente donde comenzó todo», explica.
«Mane y Sarahs fabricaban e intercambiaban títeres. Lo hicieron hasta su muerte. Eran autoras de todas sus obras. Sarah, que falleció hace dos años, siempre estaba rodeada de jóvenes. Les contagiaba pasión a todos», dice Silvia.
La idea de las fundadoras fue documentar y preservar la memoria de la actividad de titiriteros y compañías tanto argentinas como del resto del mundo. A modo de homenaje, la primera de las tres salas del museo lleva el nombre del titiritero y dramaturgo Sergei Obrastzov, considerado el padre de este arte en Rusia y uno de los más altos exponentes del siglo XX. «Como producto de los innumerables viajes que hicieron, tenemos títeres provenientes de varios países. Ellas iban a todos los festivales del mundo y se pusieron como consigna llevar un registro de sus viajes a través de los títeres. Tenemos títeres de varillas, de boca, de mano  de India, Indonesia, China, Taiwán, Vietnam».
También hay títeres pupi (muñeco, en italiano). «Son de la época de los moros y resultan muy llamativos y coloridos. La gente se sorprende que haya títeres hasta de Sudáfrica, pero ese país cuenta con una gran historia titiritera». En la sala latinoamericana se muestran «joyas» de Cuba, México y Uruguay, entre otros países. Muchos de los títeres de las fundadoras están dispuestos en baúles y son mostrados en exhibiciones temporarias. Además de la exhibición permanente que abarca algo más de 400 títeres, en el Museo se organizan talleres de narración, se proyectan películas hechas con títeres y hay teatro de títeres para todo público. 
Gastón Díaz es el encargado de iluminación y sonido del teatro y ayudó a Sarah en su construcción. «Lo armamos con mucho amor. Es un pequeño espacio con cincuenta butacas. Ahora no sólo se presentan obras de títeres, también hay lugar para el teatro independiente. De hecho, tenemos títeres para adultos y varieté de clown», explica Díaz. También cuenta con una biblioteca especializada con 500 volúmenes cerrada al público.
En la sala de la Argentina está Lucecita, el alter ego de Sarah Bianchi. «Es muy querida por nosotros -dice Silvia-. La llevaba a todas partes en sus viajes y decía lo que ella no se atrevía a decir. Lucecita nos recuerda el trabajo incansable de Sarah, que vamos a continuar».

Datos
Martes a viernes de 11 a 13 y de 15 a 18. Sábados y domingos de 15 a 18. Piedras 905. Tel.: 4307-6917

 

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