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TEMAS DE LA SEMANA

Barrio x barrio: Café San Bernardo, fiebre de ping pong

Entre cuadros de Gardel, el rebote de las pelotitas estalla hasta la madrugada.

Por Clarisa Ercolano
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El ping pong o tenis de mesa no puede considerarse un deporte popular en el país pese a que en las últimas olimpíadas Liu Song (el deportista chino nacionalizado argentino) haya tenido un desempeño que asombró a más de uno, incluyéndolo a él mismo. Pero lo que es cierto es que en Villa Crespo es una disciplina en franco ascenso que atrae a jóvenes, a cuarentones y a muchos turistas.
El lugar se llama Café San Bernardo, hay cinco mesas y por supuesto una barra en donde la gente empieza a llegar a la noche y puede quedarse hasta la madrugada del día siguiente.
Los primeros concurrentes llegaron buscando un despeje del ritmo cotidiano y cada vez más alienante de Buenos Aires. La movida se extendió rápidamente por las redes sociales. Ahora, las mesas se comparten y se registran por turnos, mientras tanto, el rato pasa entre charlas, picadas y alguna cerveza y el ruido incesante del rebote de las pelotitas mezclado con la música que ofrece el lugar que, aggiornado, contrató un DJ.
Amigos, personas solas, parejas, familias; no hay un target específico. Se ven desde personas en zapatillas hasta algunos que se aflojaron el traje y mujeres haciendo equilibrio en tacos demasiado altos como para el deporte. Todo en ese ambiente que no pierde su impronta de club de barrio, con mozos amables y habitués que miran amablemente esta movida inexplicable.
Un banderín de Atlanta es el objeto que más se destaca además de los ventiladores que al menos airean el lugar, con mesas azules casi turquesas, piso de baldosas y las infaltables sillas de plástico los martes, el día en donde los encuentros son masivos y la entrada sale 10 pesos.
«Antes solamente había vecinos del barrio pero ahora hay de todo, hasta gente que espera en la puerta y hace cola», dice casi sin poder creerlo una vecina que mira como si todo se tratase de un espectáculo al que observa desde su propia puerta.
Adentro, Viviana, publicista, contará que ahí relaja tensiones: «No me veo dándole a una bolsa, pero pegarle fuerte a la pelotita es sano y me divierte, te vas como más liviana», explica sin perder la sonrisa, paleta tuneada en mano. «No sabía jugar pero el ambiente es ameno, nadie te condiciona, vas aprendiendo. Eso fue lo que también me gustó», cuenta a Diario Z sobre su incursión en el club, luego de ver un grupo de Facebook que la invitaba a ser parte.
Los cuadros con la imagen de Gardel quedan desdibujados en la escena del peloteo. Quién lo hubiese dicho, justo allí, en Corrientes al 5400, antes de que el ping pong ganara espacio, Osvaldo Pugliese y Celedonio Flores eran habitués del San Bernardo y era impensable que un coreano pasara música tecno.
Para los impacientes, las cartas, la generala y el pool permiten apaciguar la espera. Esa que cada noche vuelve y promete seguir creciendo.

DZ/LR

 

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