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Barrio Rawson Oasis: Con escritores y pajaritos

En una de esas casonas construidas como viviendas sociales vivió Julio Cortázar.

Por Eduardo Diana
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Entre espesas arboledas, plazas y jardines, el Barrio Rawson es uno de los pocos secretos que le quedan a la ciudad. No hay bocinazos, ni gritos ni ruidos de talleres en sus calles. Es una especie de isla que limita con el club Comunicaciones y algunos viveros, y por el otro con la Facultad de Agronomía y Veterinaria, donde a un costado de su edificio central se esparcen terrenos con cultivos y potreros donde pastorean vacas y caballos. El horizonte verde domina. En la zona, parquizada por el paisajista Carlos Thays a principios del siglo pasado, la naturaleza avanza sobre el cemento.

Residencial y pintoresco, el Barrio Parque Guillermo Rawson –tal su nombre completo– está delimitado por las calles Zamudio, Tinogasta y la avenida San Martín. En rigor, está ubicado en Agronomía y recibió su nombre en honor al médico higienista Guillermo Rawson. Fue proyectado por la Comisión Nacional de Casas Baratas, bajo la Ley Cafferata, y es un ejemplo de viviendas sociales con alta calidad de construcción. Concebido para familias de obreros y empleados municipales, el complejo planteaba un diseño orientado a brindar calidad de vida a sus habitantes, que podían comprar las casas con créditos del Banco Hipotecario.

Inaugurado en 1934, el barrio está formado por dos sectores diferenciados. Por un lado, hay un conjunto de nueve edificios de departamentos en tira, rodeados de jardines. Por otro, 104 chalés individuales de cinco ambientes. Está construido en medio de un gran parque dividido en manzanas. Entre ellas, se despliegan calles por donde es raro que circulen autos cuyos conductores no sean vecinos. Por todos lados hay chicos en bici o jugando a la pelota. Los confortables departamentos tienen planta baja y tres pisos, y se distribuyeron de a ocho unidades por edificio. En total, son 72.

El barrio parece latir con un ritmo propio. Nada inmuta a la sorprendente cantidad de gatos que miran desde el umbral de las casas o caminan displicentes por las calles repletas de santa ritas y jazmines. Los vecinos riegan los jardines y se saludan de vereda a vereda. Las filas de eucaliptos recuerdan a las entradas de las estancias. Hay muchas calles circulares y cortadas, que suman encanto. Las fachadas de los edificios y los chalés de estilo inglés completan el elegante estilo del barrio. “No me imagino viviendo en otro lado. Aquí casi todos nos conocemos. Hay muy lindas casas y es tranquilo”, dice Teresa, quien vive en el Rawson hace más de 40 años.

Los vecinos más antiguos de Agronomía, Villa del Parque y La Paternal lo llaman el barrio “de las casitas baratas”. Otros lo identifican como barrio Cortázar porque ahí vivió durante su adolescencia en el Rawson, con su madre y su hermana Memé. En el edificio de Artigas 3246 una plaqueta recuerda: “En este edificio vivió Julio Cortázar. El clima del Barrio Rawson y Agronomía está presente en varios de sus cuentos”. En “Ómnibus”, incluido en el libro Bestiario, Cortázar dice: “A las dos de la tarde, cuando la ola de los empleados termina de romper en los umbrales de tanta casa, Villa del Parque se pone desierta y luminosa. Por Tinogasta y Zamudio bajó Clara taconeando distintamente, saboreando un sol de noviembre roto por islas de sombra que le tiraban a su paso los árboles de Agronomía”. En el Rawson vivió el dramaturgo César Tiempo –autor de La crencha engrasada– y uno de los mayores exponentes del lunfardo, Carlos de la Púa. Hay una plazoleta con su nombre.

Concebido hace 80 años para aliviar el hacinamiento de los conventillos porteños, aquel pequeño barrio obrero hoy es un oasis en medio de la ciudad.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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