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TEMAS DE LA SEMANA

Barrio Piedrabuena, sur, papel o tijera

Las promesas de combatir desigualdades entre el norte y el sur quedaron incumplidas.

Por Lucila Rolon
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La cumbia suena fuerte en el barrio Piedrabue­na. A toda hora. Es el pulso del corazón que late en la zona sur de la Ciudad. Sale de las ventanas de las casitas y de los celulares modernos de los pibes. Flota por encima de los mo­noblocks y de los jardines impro­visados. Acá siempre parece que hay fiesta. Salvo cuando hace frío y el gas no aparece, o es verano y nadie tiene agua. Nadie festeja cuando las rajaduras se multipli­can a velocidad de banda ancha y tallan los edificios de pies a cabe­za. Ni cuando alguien se enferma o se lastima y necesita un hospi­tal. Es el barrio en el que Mauri­cio Macri abrazó a una nena po­bre para la foto necesaria durante su campaña jefe de Gobierno hace tres años. El diagnóstico del lugar es «emergencia habitacio­nal» desde 2005. El riesgo de de­rrumbes está al acecho a la vuelta de la esquina. No existe protec­ción antiincendio. Tampoco hay hospitales y las escuelas no tie­nen vacantes. Ese territorio es la foto perfecta de la realidad del sur porteño: la máxima expresión del abandono del Estado. Es la con­tracara de los brillos y guirnaldas con las que el jefe de Gobierno decora la zona norte de la ciudad desde que comenzó su gestión en 2007.

Sur, enrejado y después
Enclavado en el barrio de Villa Lu­gano, el complejo habitacional Comandante Luis Piedrabuena se extiende entre las avenidas Gene­ral Paz, Eva Perón, Piedrabuena y Castañares. Son alrededor de seis manzanas. Desde un avión sería fácil distinguir sus tres zonas. Pie­drabuena Viejo es la primera, tie­ne alrededor de 300 casas bajas
construidas en la década del 50. Más de veinte años después comenzó a erguir­se la segunda, en 1975. Se trata de un conjunto de unos 15 edificios de tres pi­sos. La tercera zona es co­nocida como Piedrabuena Nuevo. Se construyó en los 80 y es famosa por las fi­las de casi cien edificios de tres, diez y doce pisos, encadena­dos en forma de semicírculo. Vi­ven ahí 2.114 familias, alrededor de 16 mil personas que conviven a regañadientes con los vecinos de Villa Pirelli, Ciudad Oculta y Vi­lla Inta.

El jueves 25 de noviembre, el gobierno porteño comunicó una medida polémica que, según ellos mismos, se ocupa de tres proble­mas puntuales en la parte más anti­gua del barrio: instalar 250 metros de rejas alrededor del enclave.

Ante las confusiones que ron­daron la noticia (se dijo que cerca­rían el barrio entero), el subsecre­tario de Atención Ciudadana del gobierno porteño, Eduardo Ma­quiavelli, dio detalles. «La idea es separar el espacio público de los verdes comunes», le dijo a Diario Z. «Vamos a cercar sólo uno de los cuatro laterales», explicó, y enume­ró tres razones. Primero, preservar a los vecinos del ganado suelto: ca­ballos, gallinas y chanchos que cir­culan libremente y que, supuesta­mente, pertenecen a quienes viven a pocos metros de allí, en una zona descampada. El segundo motivo es «impedir que cualquiera estacione autos o carros (como los que usan los cartoneros) dentro de ese perí­metro». La tercera razón se lee bien clara en el Boletín Oficial: «La nece­sidad de preservar a los vecinos de la zona de actos de pillaje y hurto». Maquiavelli jura que se trata de un reclamo histórico «de quienes viven allí y pagan sus impuestos». La lici­tación es por 150 mil pesos y abre el 14 de diciembre. El funcionario aseguró que las rejas estarán insta­ladas aproximadamente en marzo del año que viene.

Mientras tanto, los flamantes agentes de la Metropolitana pa­sean sus uniformes nuevos por ba­rrios muchísimo menos peligrosos. ¿Por qué no los mandan acá?, re­clama un grupo organizado de ve­cinos que pretende otras solucio­nes. Pero el Gobierno PRO no les responde. Hasta el momento, los efectivos trabajan en la Comuna 12 (Villa Urquiza, Villa Pueyrredón, Coghlan y Saavedra) y, a partir de hoy, habrá 600 agentes en la Co­muna 15 (Agronomía, Parque Chas, Chacarita, La Paternal, Villa Ortúzar y Villa Crespo). El pronóstico no pa­rece variar el año que viene: voce­ros de la Metropolitana aseguraron que en 2011 los efectivos llegarán a la Comuna 4 (la Boca, Barracas, Parque Patricios y Pompeya). Si bien se trata de barrios que se desplie­gan hacia sur de la Ciudad, no re­presentan la realidad de la zona de mayor índice de criminalidad: la Co­muna 8, que reúne los barrios Vi­lla Soldati, Villa Lugano y Villa Ria­chuelo. Es una de las más grandes de la capital, con aproximadamente 250 mil habitantes (la misma canti­dad de gente que vive en la ciudad de Bahía Blanca, por ejemplo).

Lo atamo’ con alambre
Acá no hay sorpresas. Los veci­nos del sur saben que las solucio­nes del Gobierno para todos sus problemas son a corto plazo. Pero no se acostumbran. Ya lo experi­mentaron cuando en noviembre de 2007 voló un local de planta baja en el complejo habitacional Lugano 1 y 2, donde funcionaba una foto­copiadora que siempre estaba llena de estudiantes. No hubo muertos ni heridos porque cuando estalló es­taba cerrada. La explosión se debió a una fuga de gas porque la instala­ción está al ras del piso cuando de­bería estar a no menos de 30 centí­metros bajo tierra. Así fue que más de 800 familias se quedaron sin gas durante meses. La solución de la administración de Macri fue orde­nar a Metrogas que instale rejillas de ventilación en las viviendas. Una idea tan básica como la que desple­gó este invierno en las escuelas del sur, como la Nº 13 «Ingeniero Luis Delpini» que desde hace tres años se encuentra sin gas. Colocaron, en vano, pequeñas estufas y radiado­res eléctricos para mitigar el frío. Sabia ironía del destino: los 1.600 chicos que estudian ahí se reciben de gasistas y electricistas matricu­lados. Cuando los vecinos pidieron un hospital, el gobierno porteño les dio una salita de primeros auxi­lios y, de yapa, una promesa: termi­nar el primer hospital público de la zona (que comenzó a construir Jor­ge Telerman durante su gestión). Hace un mes, la jueza porteña en lo Contencioso Administrativo Ele­na Liberatori dispuso una multa de 100 pesos por día al jefe de Gobier­no y un embargo de 3.000 pesos en el sueldo de su ministro de Sa­lud, Jorge Lemus, por la demora en terminar la obra. Mientras tanto, los vecinos se atienden en los cen­tros de salud (Cesac), donde nun­ca hay insumos ni personal suficien­te para la tremenda demanda. De hecho, el Cesac Nº 7 que funciona dentro de Piedrabuena está cerra­do. El de Lugano 1 y 2 estuvo ce­rrado varios meses. Hace poco lo abrieron. Hace muy poco, los veci­nos lograron que haya una ambu­lancia disponible durante las 24 ho­ras. Según cuentan, la situación es tan grave que los pacientes suelen ser derivados a los hospitales San­tojanni y Piñero. Tampoco alcanzan las escuelas denuncian la falta de vacantes. Dicen que son ocupadas por alumnos de los barrios aleda­ños (que tampoco tienen donde ir a estudiar), como por ejemplo Puen­te La Noria, Bunge, La Salada o Vi­lla Celina. En el barrio Piedrabuena el ejemplo es irrefutable: sólo cuen­tan con dos escuelas públicas (la Nº 20 y la Nº 21), dos privadas (Nues­tra Señora de la Paz y Don Orione) y una de recuperación. Y la solución de la gestión PRO sigue lejos de re­vertir este escenario: desde hace dos años, dispuso un servicio gra­tuito de micros escolares que tras­ladan a los chicos del sur de la Ciu­dad a otros establecimientos fuera de la comuna, como Boedo o Pom­peya. Ahí sí hay cupos disponibles, bien lejos de casa, donde los ami­gos del barrio no llegan a tomar la merienda.

DZ/KM

 

Fuente Redacción Z
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