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Bares de Boedo para alimentar el espíritu

Pan y Arte y Margot, dos propuestas que recuperan la  bohemia del sur. 

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En Boedo 837 funcionó durante años la histórica Editorial Claridad, creada en 1924 por el periodista Antonio Zamora para publicar de libros populares, baratos y con contenido social. Nombres como el de Raúl González Tuñón, Roberto Arlt o César Tiempo –que escribía bajo el pseudónimo de Clara Beter– quedaron asociados a aquel movimiento que hoy integra uno de los capítulos más importantes de la literatura argentina. Los hechos demuestran que, con el paso de los años y más allá de sus actores originarios, este barrio del sur de nuestra capital ha continuado aquel destino de usina cultural y popular sellado en la década del veinte. Para muestras sobran botones y podemos pensar, por ejemplo, en la Fiesta de la vendimia que cada año se celebra en este barrio –organizada por el restaurante, bar y espacio cultural Pan y Arte– en los libros a la venta expuestos en los estantes del bar Margot o en los cuadros colgados en sus paredes y que llevan la firma de los artistas de Boedo. Arte y gastronomía combinados en una misma avenida, a metros nomás de la antigua editorial.
En las mesas iluminadas con el sol de la mañana (Margot) o de la tarde (Pan y arte), un público diverso que goza de un ambiente bohemio, tanguero y sensible se sienta a escribir, a leer, a charlar. Aunque el perfil estético y la propuesta gastronómica de cada uno de estos lugares es diferente, comparten un público que en nada se parece al moderno y snob de la zona norte o a aquél otro que camina ajetreado y a ciegas por las calles del centro. Esta clientela tiene una personalidad muy definida: amante de lo clásico y lo creativo, lo tradicional y lo novedoso, abre sus puertas a lo nuevo sin sacar los pies de su historia. Y su historia es también la del teatro, la de la poesía, la de la música. Pan y Arte puso en marcha en 2010 una fundación al servicio de las producciones artísticas y una sala de teatro donde permanentemente se ponen obras y se dictan variedad de cursos y talleres. En el espacio gastronómico, alimentar el cuerpo y el espíritu de su público con sabrosos platos vegetarianos y no vegetarianos de sabor inconfundible. Como buenos mendocinos que son sus dueños, el restaurante se especializa en vinos exquisitos de bodegas exclusivas. De mañana, mientras el público hojea el diario, saborea un delicioso “desayuno de campo” o en su defecto un “orgánico” con panadería ingegral, frutas y jugos. De fondo nunca falta buena música y a un volumen que permite el diálogo, sin ensordecer. Pan y arte es, ante todo, un lugar para el encuentro.
Lo que el café Margot, ubicado en la esquina del pasaje San Ignacio, aporta a Boedo está, en cambio, en la línea del bar Cao en San Cristóbal o el Federal de San Telmo. Bares super clásicos, ambientados en casas antiguas con mucha madera y techos altos, con un menú que va desde las picadas a los ravioles –los más exóticos son los de calabaza– y todo tipo de minutas bien argentinas. No obstante, un plato originalísimo caracteriza a este café que ya no es mi Margarita y que ahora llaman Margot: el sándwich de pavita. Sí señores, hete aquí los auténticos inventores de este sándwich que en el menú se ofrece con todo tipo de variedades y apasiona a su clientela. Por lo demás, el lugar no aspira a correrse ni un milímetro de lo tradicional, lo que les encanta a los turistas. En verano, las veredas se colman de mesas y las noches son más que festivas. Basta pasar por allí para percibir lo a gusto que se encuentra ese público bebiendo cervezas que conservan el frío en sus baldes de frappé o picando aceitunas o un delicioso salamín. Sus mañanas también reúnen a los solitarios que, a veces, de mesa en mesa, discuten de fútbol o de política (como debe ser en todo café nacional). Con su atmósfera, el café Margot reproduce la preferencia por la cultura popular por la que aquellos intelectuales de Boedo se jugaron su mejor carta. Junto con Pan y arte, Margot ofrece las mejores posibilidades para las noches de calor, alcohol y poesía que comenzaron allá por la década del veinte en este barrio del sur.

 

Fuente Redacción Z
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