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TEMAS DE LA SEMANA

Balotaje porteño: pequeñas trampas amarillas

El casi seguro y legítimo triunfo del PRO no impide señalar las chicanas que instrumentó durante la campaña. Desde la negativa a un nuevo debate entre los candidatos hasta las presiones para evitar la segunda vuelta. El temor a que Horacio Rodríguez Larreta gane por una ventaja muy exigua.

Por Eduardo Blaustein
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Las elecciones del domingo en la ciudad serán más que seguro ganadas por el PRO de manera absolutamente legítima. Eso no impide ni tener una mirada crítica sobre la gestión de Mauricio Macri ni señalar algunas de las últimas trampitas que fueron ocultadas o al menos desdibujadas por el periodismo conservador autodenominado republicano. Esas trampitas de último momento fueron al menos tres:

Una: el candidato del PRO, hombre de sonrisa difícil pero que se autodenomina amante del diálogo amable evitó un nuevo debate televisivo con Martín Lousteau con la excusa de que “todos los días hablamos con la gente”, cosa que además de dudosa implica una falacia: ¿debatir públicamente no es hablar con o ante la gente?
No es poca cosa que Horacio Rodríguez Larreta se esconda: algunos de los dardos que le envió Lousteau son más que incómodos para la gestión PRO y menos abstractos –o sea más contundentes– que cierta discursividad kirchnerista poco efectiva (modelos, proyectos, ideología). Por supuesto: esas frases de Lousteau contra la gestión PRO no tienen la visibilidad mediática de la que goza cualquier vocero del antikirchnerismo. Y por supuesto también: es casi una norma –kirchnerismo incluido– que los oficialismos que se ven triunfantes opten por eludir debates de campaña en los que no pueden ganar nada nuevo y sí perder algún puntito.

Dos: una vez más, todo hace sospechar que el PRO volvió a generar encuestas truchas telefónicas masivas instalando la idea de que el balotaje no es más que un despilfarro dinerario debido al capricho de Lousteau de no bajar su candidatura. El muchacho de los rulos preciosos comparó el episodio con el sufrido por Daniel Filmus años atrás, que como causa judicial duerme en los mullidos cajones de la justicia porteña. La operación hizo sinergia con la demanda expresada por diversas usinas periodísticas para que Lousteau se bajara de modo de garantizar el triunfo del PRO contra el enemigo odioso y principal, el kirchnerismo.
Tres: la inversión hecha por el PRO en propaganda electoral ha sido gigantesca, sufragada, para usar el conocido discurso antipolítico, con “los impuestos que pagamos todos”. Hasta el diario La Nación señaló esa inequidad en relación con los gastos de ECO.

Blanco o Rulos
A falta de un segundo debate Larreta-Lousteau (en el que se realizó para la primera vuelta, el economista se mostró eficiente y acorraló al hombre de la sonrisa complicada), una discusión interesante fue la que se dio entre los simpatizantes kirchneristas y de la izquierda en las redes sociales o el contacto boca a boca. Fue más interesante ese debate en las bases y no en las dirigencias, conforme puede apreciarse en las redes sociales, y con buenos niveles de argumentación.

A medida que pasaron los días tras la primera vuelta, las encuestas mostraron que una porción significativa del voto kirchnerista y algo menos el de la izquierda se inclinará más hacia Lousteau que hacia el voto en blanco. Hay una cierta sofisticación en esa elección, amén de la bronca simple y dura contra Macri y su gestión, más una interesante autonomía en relación a las señales dificultosas que emitió la dirigencia kirchnerista. Para esos dirigentes no era cómodo “ordenar” –a lo Perón desde Puerta de Hierro– un voto en particular.

En primer lugar porque la simple noción de “ordenar” hubiera sonado fastidiosa para la delicada piel de la sociedad porteña, proclive a cierto digno individualismo. En segundo lugar porque nada indicaba que la orden fuera acatada. Y si de hecho la sugerencia fue el prudente “libertad de acción” y no “voto en blanco”, esa sugerencia no parece ser aceptada por buena parte de quienes votaron a Mariano Recalde. El afán de dañar a Macri o de que la diferencia del triunfo amarillo sea menor en las portadas de los diarios del lunes es el que prima a la hora de votar.

A contramano de ese fenómeno, hubo simplificación en el discurso kirchnerista en Capital en cuanto a la caracterización de los espacios del PRO y ECO como “un mismo producto con distinto envase” o una mera interna entre un único espacio. La definición de Aníbal Fernández fue esta otra: “El domingo se enfrentarán Macri contra Macri”.

El que escribe no lo ve así. Lousteau y Larreta, como dirigentes, no son lo mismo, para comenzar. El segundo, además de un buen discurso, tiene aires de progre y una noción entre desarrollista o lavagnista de la economía. Tampoco son lo mismo dirigentes del PRO de apellidos ilustres, familias acomodadas, estudios en universidades privadas, representantes casi puros de ciertos intereses económicos y aliados de los peores centros de poder latinoamericanos que los otros dirigentes radicales, socialistas o progresistas presuntos que, por conservadores, defensivos y mezquinos que hayan sido sus giros en los últimos años, no dejan de pertenecer a una política salida de los viejos partidos, por fragmentados que estén. El caso de Elisa Carrió, cometa errante, sólo se entiende en sí mismo y como ariete de uso práctico para los embates del periodismo opositor.

Capital, espejo dudoso
Se sabe que ante el temor de que la distancia del resultado del domingo se acortara demasiado, tanto Mauricio Macri como su candidata a vice, Gabriela Michetti, suspendieron la campaña en el conurbano bonaerense y las provincias para concentrarse en el territorio madre del PRO: la ciudad de Buenos Aires. Mostrando confianza, Macri declaró: “Si ganamos el domingo, les gano a todos los presidenciables”, como si ese triunfo pudiera espejar algo de lo que suceda a escala nacional. Por ahora, los resultados decepcionantes de Santa Fe, Córdoba y la apropiación de la victoria mendocina por el radicalismo local mostraron que no, que el PRO no ha tenido descendencia robusta en el resto del país.

Diversas encuestas tienden a mostrar que la diferencia que está obteniendo la fórmula Scioli-Zannini en provincia de Buenos Aires aseguraría el triunfo nacional del FPV. En medios opositores se publican estudios que contradicen esa afirmación. Como sea, el resultado de este domingo no parece que pueda proyectarse en augurios nacionales, salvo que la distancia entre Macri y Lousteau sea muy exigua. Eso lo sabremos en muy pocos días.

DZ/sc

 

Fuente Redacción Z
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Diario Z
Periodista, escritor, autor de Decíamos ayer. La prensa argentina bajo el Proceso.