Tiempo en Capital Federal

22° Max 17° Min
Cubierto
Cubierto

Humedad: 65%
Viento: Sureste 25km/h
  • Jueves 2 de Diciembre
    Despejado18°   24°
  • Viernes 3 de Diciembre
    Muy nuboso18°   25°
  • Sábado 4 de Diciembre
    Cubierto19°   24°
Estado del Tránsito y Transporte
Actualizado: 01/12/2021 04:09:07
Tránsito
Trenes
Vuelos
Cargando ...

TEMAS DE LA SEMANA

Balas de pintura

Paintball en el Velódromo.

Por daniel-castelo
Email This Page

En una parte del Velódromo -propie­dad de la Ciudad de Buenos Aires- uno puede jugar a la guerra, vestirse con panta­lón y chaqueta camuflada y, por supuesto, empuñar un arma larga cargada con balas de pintura. Jugar a que se asesina a amigos y/o conocidos bajo el paraguas del Estado porteño. Y es que en el Velódromo funcio­na, desde poco después de la asunción de Mauricio Macri, un improvisado campo de batalla, instalado sobre uno de los terrenos del lugar (aunque por lo menos las tribunas fueran declaradas en peligro de derrumbe). Allí, en horarios a convenir, cualquier día de la semana, se desarrolla TegBall, modalidad cuyo nombre toma la idea base de la com­petencia con bolas de pintura, y que intenta relacionarlo con el clásico juego de mesa de culto entre miles de argentinos.

No se trata de una ocupación ile­gal, ya que TegBall está legitimado por la Secretaría de De­portes de la Ciudad, que ante la pregun­ta de Diario Z sobre la irregularidad, emi­tió como respuesta oficial que «los muchachos van ahí y hacen su negocio». Un negocio que, más allá de la implicancia ideológica que supone «jugar» a que se mata al otro, no entrega factura, ni ticket ni ningún otro papel legal que confir­me la transacción. Tal como pudo compro­bar este medio, para ser parte de la matanza simbólica se debe, previamente, firmar un acuerdo en el que se deja en claro que se deslinda cualquier responsabilidad por los efectos que el juego pueda tener sobre el cuerpo del participante.

En este complejo paraoficial de juegos de guerra, la seguridad brilla por su ausencia si se tienen en cuen­ta los paupérrimos resguardos puestos en práctica a la hora del fuego cruza­do. Un balín de los que se utilizan para paintball sale dispa­rado a cien metros por segundo, lo cual indica que se trata de una actividad de alto riesgo y en la que, incluso con entrena­miento especial, es factible salir lastimado.

Es notable la falta de una sala de pri­meros auxilios o siquiera de un botiquín en la «zona de guerra». Es poco y nada lo que se previene, más allá de que una breve charla introductoria indica que no se debe disparar desde cerca («si tirás a menos de dos metros de distancia le podés abrir la cabeza a alguien», señalan los veteranos del paintball) y que se debe tener siempre puesto el casco. Sin embargo, el casco en cuestión, que se entrega en una ruinosa zona de vestuarios, protege apenas la cara, con una escafandra que cubre el rostro pero no la cabeza, que queda desprotegida. Hasta los más fanáticos habitués reconocen que los impactos son muy dolorosos, que las marcas en la piel duran por varios días y que si un balín pega en la cabeza puede resultar grave.

Jugar TegBall en el velódromo es bas­tante accesible, en comparación con otras lugares. Por 50 pesos se ofrecen pantalón y chaqueta camuflados, escafandra protec­tora, rifle lanza balines y una carga de 50 pelotitas de pintura. Por 15 pesos más se puede recargar el arma. Todo esto, durante dos horas de juego guiado (mínimamente) por 2 acompañantes que plantean las reglas y proponen variantes, que van desde el clá­sico «todos contra todos» hasta el rescate de un soldado imaginario (simbolizado con un muñeco de trapo que se transporta en changuito de supermercado).

Las arcas de quienes se hacen cargo de este área tercerizada del espacio público, embolsan, con grupos de 10 personas por turno, y en promedio, la friolera de 3 mil pe­sos por jornada.

DZ/km

 

Fuente Redacción Z
Email This Page
0 Comentarios
Sé el primero en dejar un comentario!

Deja tu comentario