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TEMAS DE LA SEMANA

Balance porteño: festejar el córner

El PRO perdió la hegemonía hasta en la línea de Libertador.

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Bunker PRO festejando

Nadie acierta a entender la razón por la cual, la noche del escrutinio de las PASO, el jefe de gabinete porteño dio la orden de festejar los resultados de una elección que dejó al mayor partido vecinal de la Argentina en segundo lugar. “Salgan a celebrar”, fue la orden de Horacio Rodríguez Larreta en el búnker de Costa Salguero a la militancia uniformada de camisas celestes y chalinas de Ralph Laurent. Quizá sea por el carácter endogámico que tiñe la forma de construcción política del PRO, o por esa costumbre de negar lo evidente, lo cierto es que la gente del PRO salió a festejar el córner, como esos equipos de fútbol que sueñan con jugar, al menos, en la B nacional. Motivos para celebrar tuvo, objetivamente, el Frente para la Victoria, que número contra número logró duplicar los votos obtenidos en la última elección de medio término. Lo alcanzado en ésta habla de un crecimiento geométrico respecto de 2009. Y en un distrito siempre ajeno. Motivos para festejar, finalmente, tuvieron los protagonistas de las únicas internas primarias llevadas a cabo como tales: el conglomerado UNEN, sumando sus votos de tres listas y opciones más o menos englobadas en ese berenjenal llamado centroizquierda, se impuso claramente. La resurrección de Carrió, la simpatía por Pino Solanas y la sorpresiva irrupción de Martín Lousteau son los datos más relevantes de este frente que, de seguir juntando voluntades, amenaza con poner freno a la hegemonía del PRO desde 2007. Habrá que ver, sin embargo, qué resultados definitivos deparará octubre.

Hoy se sabe que el voto de quienes premiaron la peatonalización del microcentro o las obras del Metrobús ya no alcanza para enfrentar la vitalidad del nuevo actor que llegó de la mano de un núcleo de coincidencias muy básicas pero jugando el juego que había que jugar: la unidad de la oposición, o de vastos sectores de ella, un reclamo instalado por los caceroleros marcha contra marcha. Gracias a eso, el PRO perdió hasta la hegemonía indiscutida en el corredor de Libertador: Retiro, Palermo, Belgrano, Núñez.

Es probable que las razones de este límite tengan que ver con cierto agotamiento. La falta de renovación y la carencia de democracia interna han jugado sus fichas en contra del macrismo. El PRO surgió como el partido que venía a renovar los viejos vicios de una clase que entró en crisis terminal en 2001. Macri se consagró como el emergente de la lucha contra los aparatos partidarios, abriendo la cancha a la sociedad civil, en contra de las cúpulas enquistadas. Pero bastó con la decisión de Gabriela Michetti de no bajar a la provincia de Buenos Aires para encabezar una lista en ese distrito, para que el tinglado comenzara a rechinar y mostrar lo evidente: el PRO no abrió su partido a la democracia interna y, en consecuencia, las figuras terminan siendo siempre las mismas. Que, mal que les pese, comienzan a apoltronarse como cualquier oligarquía partidaria de la vieja política.

 

dz/lr

Fuente Redacción Z
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