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TEMAS DE LA SEMANA

Aventuras en la cama, o apuntes sobre la gripe

Vera Killer ensaya un ensayo sobre las bajas defensas en todo sentido, y cómo un poco de dolor de panza y fiebre pueden ser un peligro emocional.

Por Vera Killer
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Tengo dos gatitos, que son mis bolsas de agua caliente con tapado cuando hace frío, y hace días que me sirven más que nunca, porque me duele un poco la cabeza, y también la panza, y sólo quiero quedarme en la cama, oyendo el ronroneo, sepultada bajo sus masajes afilados algo dolorosos pero tan lindos. Creo que me engripé.

Así que acá estoy, con la piel tibia, la boca hinchada, algo aturdida, dando vueltas entre las frazadas porque no puedo dejar de tiritar, pero a la vez tratando de no moverme mucho porque Carlos el gato más grande se enoja y muerde si lo saco de su lugar, que es sobre mi pecho, y Luisito, el más chico, se va si desarmo el hueco que encontró entre mis piernas dobladas y mi culo.

La forma de mi cuerpo en el colchón dibuja una cruz extraña, y así me quedo así, entumecida y atrapada. Sé que no estoy en mis cabales porque siento olor a lluvia aunque no va a llover y mis fantasías en vez de sexuales son sobre gigantes buenos de manos nobles que me hacen masajes. Tengo fiebre y mi casa es muy fría. No me gusta esta vulnerabilidad que aparece de pronto, es peligrosa, rompe todo. Prendo la tele para apagar mi cabeza.

Me gustan las comedias románticas, pero es claro que tengo la mente congestionada porque ahora mismo me está costando entender que no soy esa chica adorable a la que la mueven las obsesiones y la fe y vos (sobre todo vos) no sos Harry, ese chico que de pronto se da cuenta de que está por perderme y entonces hace algo heroico. Estoy en ese momento crucial, es ahora cuando apago la tele y me salvo, o no. Dejé un mensaje cursi en un contestador automático en un teléfono de línea como si fuera el siglo XX y yo, Sally. Algo está mal, qué peligro.

Necesito un tecito, una sopa, un poco de líquido caliente para sacarme las espinas que empapelan mi garganta, pero la cocina queda a kilómetros, ir hasta allá es una tarea imposible. Soy un despojo, me siento como después de haber llorado, pero no solté ni una lágrima. Quedan algunos recuerdos semi amnésicos sobre charlas cachondas trasnochadas, imágenes en fuga de aventuras borrachas en restaurantes, recuerdos casi tangibles de sexo en tantos lugares, con todos los juegos, y una servilleta de papel con anotaciones que dice, entre otras frases geniales que robé por ahí la otra noche, «el único dolor que nos merecemos es el amor».

Me sueno la nariz y juego a que los gatos son dos bolsitas de agua caliente envueltas en peluche, o los gatos juegan a que ellos son mis bolsitas de agua caliente envueltas en peluche, o más bien juegan a que yo soy la bolsa, o no, no podría asegurar si la mascota vengo a ser yo, y no sé bien quién calienta la cama. ¿Dónde estás cuando me siento mal?

DZ/dp

Fuente Redacción Z
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