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Aún no consigo besar: ¿Qué esconde una cara?

Una obra basada en el primer caso de transplante de rostro.

Por Roberto Durán
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En 2005, se realizó en Francia con éxito el pri­mer transplante de cara en un ser humano. Al­gunos meses antes, la mujer que lo recibió (Isabelle Dinoire) había tomado “pastillas para olvidar” y perdió la conciencia al golpearse contra un mueble de su casa. Al despertar, se dio cuenta de que su perra le había arrancado la parte inferior del rostro a mordiscones.

Esa noticia fue el punto de la obra de teatro Aún no consigo besar, adaptada y dirigida por Heidi Steinhardt, y escrita por Diego Bagnera. Estela Garelli, la actriz que interpreta a Isabelle, está sentada de espal­das en una silla. Y así permanecerá a lo lar­go de la obra, mientras comienza a contar su historia en una puesta simple.

La historia –y quizá ése es su gran acierto– no se limita sólo a la de la mujer transplantada. Como si ese accidente fuese un caleidoscopio lleno de colores, Bagne­ra comienza a preguntarse qué sucedió esa noche, quién es Isabella ahora, qué cosa –además de lo que vemos– es un rostro y el rol de la prensa, obsesionada por ver a esta mujer-fenómeno.

Garelli interpreta a una Isabelle llena de sutilezas. Y lo consigue de espaldas a la platea, sólo con la riqueza expresiva de su voz y con el diálogo-contrapunto con su hija Lucie (Florencia Naftulewicz). El res­to de las criaturas (el médico, la psicóloga y el periodista) resultan quizá menos creí­bles, más prescindibles y con textos menos potentes en una puesta mínima. El actor Ernesto Rowe, el periodista, encarna a un hombre despiadado al que sólo le importa el dinero, que resulta algo caricaturizado.

En un espacio pequeño, con una ilu­minación que crea una atmósfera intimis­ta, hay algunos detalles de la dirección que desvían la atención. En algunos pasajes de la obra, por ejemplo, las actrices entran en escena con botellas de agua en sus manos o ponen sus carteras en el suelo. Son ob­jetos que no sólo le quitan belleza al espa­cio, sino que tampoco aportan nuevos sig­nificados ni sutilezas.

Pese a esos detalles, Aún no consigo besar es una obra interesante, que nos in­terpela con algunas preguntas estimu­lantes. ¿Quiénes somos verdaderamen­te? ¿Qué máscaras nos cubren día a día? ¿Cuántas cosas hacemos para no ver la realidad?

Aún no consigo besar, sábados a las 21 y domingos a las 19, en el teatro El Ópalo (Junín 380). Generales $100 y estudiantes $70.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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