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TEMAS DE LA SEMANA

Asesinato brutal en Mundo Villa

La viuda de Adams Ledezma relató la noche del crimen de su marido asesinado en la Villa 31 bis.

Por pablo-berisso
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Sentada en una silla ubicada, en el centro de la oficina principal del mensuario Mundo Villa, Ruth Marlene Torrico Sandoval de Ledezma (como pidió que la citen) espera acompañada de tres amigos, todos vecinos de la Villa 31 bis en la que vive. La luz que ingresa por los dos ventanales de la habitación no logra dar vivacidad al color negro luto que, desde el asesinato de su marido, Adams, elige para vestir. Su esposo, el periodista Adams Ledezma (41), fue asesinado en la madrugada del pasado 4 de septiembre de manera confusa. Era el delegado de la manzana en la que habita desde el año 2000 y además el encargado de llevar a cabo el proyecto Mundo Villa TV, en el que trabajaba desde principios de 2009. El canal nació por una iniciativa del cineasta Víctor Ramos, creador del mensuario de igual nombre que tiene tres años en circulación, una tirada de 20 mil ejemplares y corresponsales en casi todos los asentamientos de la Ciudad.

La pareja es oriunda de la ciudad de Potosí, Bolivia. «Comenzó a estudiar periodismo Antes de venir a la Argentina. En nuestro país, él era teniente de la policía e hizo un curso en Estados Unidos como especialista en desactivar bombas», explicó orgullosa Ruth.

En su país de origen se conocieron y tuvieron sus tres primeros hijos. «Fue mi primer novio, amigo, amante y compañero. Hoy, cada vez que entro en lo que va a ser el estudio del canal o cuando miro sus diplomas me siento muy orgullosa de lo que era», agregó dibujando una sonrisa en sus labios y con sus ojos vidriosos.

Ruth llegó a la Argentina a mediados de 1998 con los tres pequeños y tuvo que pelearla durante un año y medio, hasta que arribó al país su esposo. «Compramos con mucho esfuerzo y juntando peso a peso la casa en la que hoy vivimos», relató la viuda, quien hoy debe enfrentar, junto a sus seis hijos (tres varones y tres mujeres), una realidad cruel. Su casa la pagó 3.000 dólares durante tres años.

Según el último censo realizado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en 2009, la Villa 31 y 31 bis está habitada por 26.403 personas, de los cuales el 40 por ciento son chicos y adolescentes. En este marco es que el periodista asesinado «veía en el canal y en el periodismo una veta que podía darles a los chicos de la zona una ilusión de futuro y progreso próspero».

Madrugada fatal

«Mi marido había trabajado todo el día -el viernes 3 de septiembre-, como solía hacerlo de lunes a lunes, sin descanso. Él decía que su obligación como delegado era estar las 24 horas al servicio de los vecinos de la manzana», asegura Ruth, dando inicio al relato que sacaría a la luz el dolor que intenta esconder detrás de la entereza que demuestra.

«Estábamos invitados al cumpleaños del hijo de unos amigos que viven a la vuelta de casa. Yo había llegado del colegio, porque estoy terminando el secundario, y no tenía ganas de ir, pero él insistió: ‘Vamos, hija, nos están esperando. Un rato no más'», continúa. A medida que el relato avanza, su voz va disminuyendo. Se acomoda una y otra vez en la silla, como buscando la mejor posición para enfrentar los recuerdos.

Cuando el reloj marcó las cero horas del sábado fatal, dejaron su hogar. Vestido con la ropa de trabajo, Adams guardó setenta pesos en su bolsillo, y juntos fueron a la casa vecina. Pararon en el kiosco donde gastó 10 pesos en bebidas. Al llegar, le dio 5 al pequeño homenajeado. Le quedaron 55.

«Volvimos a las dos de la madrugada. Yo subí -al segundo piso de la casa- a ver a los chicos y él quedó solo abajo. A la hora bajé para ir al baño y lo vi profundamente dormido. El pantalón estaba al pie de la cama. Luego subí y me quedé dormida al lado de mi bebé», recuerda Ruth, y aclara: «Tengo sueño liviano. Siempre duermo con un oído alerta, por eso puedo asegurar que esa noche nada extraño sucedió. El perro nunca ladró».

¿Había vecinos a los que no les gustaba lo que hacía su marido?
En todo ámbito siempre hay gente que se va a oponer a algo bueno, que alguien está haciendo. En el caso de mi marido puede ser que hubiera envidia. Los envidiosos no faltan. Siempre alguien le decía «Qué te ocupás vos. Qué te importa», a lo que respondía: «Yo no me crié así, lo siento mucho por vos».

Hay versiones que aseguran que Adams había sido amenazado.
Mentiría si dijera que sí. Días antes, en una discusión, alguien lo habría amenazado. Me lo contaron después de que murió.

¿Qué le contaron los días posteriores?
Que de esa semana (la que fue apuñalado) no pasaba, que le iban a romper la cabeza o pegar un tiro. Pero para asegurar que fueron ellos, adversarios con lo cuales venía teniendo diferencias, tengo que tener pruebas. No sólo lo que me contaron.

La viuda tiene seis hijos, los tres mayores nacidos en Bolivia y los más chicos en la Argentina: Israel (16), Armando (14), Yunitza (13), Karen (10), Salomón (8) y la menor Catalina (6). Hace un alto en el relato. La sonrisa que mostraba al comienzo de la entrevista fue desdibujándose a medida que el recuerdo avanzaba. Con la mirada enfocada en la alfombra, reflexiva y con los hombros encogidos no se calla nada, cuenta todo lo que vivió.

«No me enteré en qué momento mi marido salió de la casa. Cuando se iba me avisaba: ‘Me estoy yendo a tal o cual lado’. Alguien conocido lo fue a buscar porque tuvo tiempo de ponerse el pantalón, pero me llamó la atención que haya dejado el celular. Hasta hoy, nadie me dijo ‘yo lo llamé'», enfatizó la mujer que recuperó su entereza gracias al apoyo de vecinos y amigos.

Detiene su relato. El silencio invade la habitación por algunos segundos. Lentamente se saca los anteojos. Sus ojos se colmaron de lágrimas que secó con un pañuelo que le acercó un colaborador de diario. Tomó aire y se incorporó: «Sólo llevó las llaves y el buscapolo».

Eran las 4.30 cuando a Ruth la despertó la voz entrecortada de su compadre: «Comadre, el compay está tirado ahí atrás, herido». «No lo podía creer. Agarré el camisón y bajé descalza corriendo. Empujé la reja de la habitación y vi la cama vacía. Toqué en la parte de los pies y aún estaba tibia», recordó.

Ruth se vistió con lo que encontró y salió corriendo. Al dar la vuelta a la esquina vio el cuerpo de Adams tirado, mojado por la llovizna. Según la mujer, «aún con vida». «Dos policías custodiaban el cuerpo y no me dejaron acercarme a mi marido», aseguró lagrimeando. Dos puñaladas, una en el cuello y otra en el abdomen, terminaron con la vida del periodista Adams Ledezma, director del canal de televisión Mundo Villa TV, delegado de la manzana 99 de la Villa 31 bis y corresponsal del mensuario Mundo Villa. Según opina Víctor Ramos: «Un líder nato».

«Muchas cosas no terminan de cerrarme: en su mano derecha, entre sus dedos, tenía un cigarrillo de color marrón (como los Baltimore) y él fumaba Marlboro, esa prueba quedó tirada en el piso. El cuerpo estaba tirado en el lodo y tenía los zapatos limpios. Además, no fue robo, porque la policía me devolvió los 55 pesos que tenía en el bolsillo. Y encima, perdieron el celular que se llevaron para analizar», afirmó indignada, y agregó: «Hicieron todo mal. La ambulancia llegó dos horas y media después para tocarlo y decir: ´Tarde, ya está muerto'».

Proyectos compartidos

Adams era un periodista comprometido con la sociedad y hacía todo lo que sirviera para el beneficio del barrio. Así fue como empezó trabajando como corresponsal para el mensuario Mundo Villa, impulsado por Ramos (diario de entrega mensual y gratuita en una veintena de villas de la Ciudad).

«Cuando Víctor le propuso hacer un canal no dudó en aceptar. Para Adams era perfecto que se conociera cómo se vive dentro de las villa y que la gente supiera que acá también hay chicos que buscan progresar y que tienen aspiraciones, grandes aspiraciones», recordó Ruth. Así comenzó a gestar Mundo Villa TV. «En casa tenemos un ambiente grande y no bien recibió la noticia empezó: ‘Aquí va a ser el estudio; allá vamos a poner el escritorio; aquí cortinas, ¿quedará mejor clarito?’ También, organizó talleres de periodismo a los cuales asisten los chicos del barrio. Allí, cada uno no sólo aprende, sino que también exponen sus ideas para el canal que próximamente llegará a los hogares de varias villas porteñas, gracias al emprendimiento de distribución organizado por Osvaldo Cañete, ya que las empresas de cable se niegan a ingresar en los asentamientos.
Todos los proyectos que emprendió Ledezma van a ser continuado por su esposa, a pesar de haber recibido varias amenazas de muerte. «No pienso bajar los brazos. Por más amenazas que reciba no pienso dejar el barrio y mucho menos los proyectos de mi marido», concluyó.

 

Fuente Redacción Z
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