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TEMAS DE LA SEMANA

Asamblea legislativa: Entrar a salir

Las novedades en el discurso de Cristina Fernández. Regular los piquetes, Irán, presentismo docente e YPF. Un radical presidente del Senado. Reforma del Código Penal, un debate ganado por la especulación política y la mezquindad.

Por Reynaldo Sietecase
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Cristina Fernández sólo hablará una vez más ante la Asamblea Legislativa. Por esa razón, su anteúltimo discurso frente a los legisladores generó tanta expectativa como polémica. Pidió legislar sobre los cortes de calles, reivindicó la venta de YPF en los noventa a partir de la necesidad de fondos que tenían las provincias petroleras y alabó su posterior expropiación por el Estado nacional; tuvo gestos hacia la oposición, sugirió debatir el presentismo docente y reconoció el fracaso del acuerdo con Irán por el atentado a la AMIA. Estos fueron algunos de los temas con los que la Presidenta sorprendió a propios y extraños. ¿Cambio de postura? ¿Pragmatismo? ¿Una manera de responder a reclamos de la población que no votó al Frente para la Victoria el año pasado? ¿Giro estratégico? Todo depende del cristal con que se lo mire. También fustigó a los formadores de precios y a los jueces que no responden ágilmente cuando se los necesita. Alertó sobre los “golpes blandos” y otras movidas desestabilizantes. No habló de la inflación ni hizo referencias a la inseguridad ni al narcotráfico. Como decía el sabio don Atahualpa Yupanqui, la Presidenta “está entrando a salir”. El tono y el contenido de su discurso revelaron que tratará de defender su poder político hasta el último día. No será una tarea sencilla.

Si bien el ritual de abrir las sesiones ordinarias fue pensado para “contar” los proyectos que el Ejecutivo planea someter a debate en el Congreso, la Presidenta hizo el esperable y reiterado balance de gestión de los once años de kirchnerismo. Si se compara el país actual con el que recibió Néstor Kirchner en 2003 el salto en la mayoría de las variables económicas es sustancial pero los logros enflaquecen de manera notable cuando se compara con el país de 2011. El Gobierno enfrenta el peor momento de la economía. Después de la movida especulativa de enero y la posterior devaluación logró anclar el dólar, frenar el vértigo en la caída de reservas y cerrar un acuerdo con Repsol por YPF. Las paritarias son ahora el principal desafío. En especial, la de los docentes nacionales por su carácter referencial.

“No puede ser que cada año sea un parto el inicio de clases”, dijo la Presidenta y agregó: “Es tan ilógico que discutamos el presentismo. Sé que les produce urticaria el tema (…) ¿Es lógico que el maestro que va todos los días cobre lo mismo que el que va cada muerte de obispo?”. Justamente la insistencia en incorporar un plus por presentismo y el ofrecimiento de un aumento del 22 por ciento determinó que los maestros no comenzaran las clases en 20 provincias.

Una paritaria que comenzó demasiado tarde, el porcentaje de aumento otorgado a la policía en diciembre pasado, los magros salarios docentes, el impacto de la inflación, son apenas algunos elementos que complican la negociación con los maestros. Las provincias que lograron acuerdos (Santa Fe, Córdoba y CABA) lo hicieron en torno al 30 por ciento. Dicho sea de paso, no se entiende bien por qué hubo paro en esos distritos. La situación más delicada es la de la provincia de Buenos Aires. Tiene más de 200 mil docentes. Sin una ayuda del gobierno central, Daniel Scioli no podrá superar el conflicto.

La otra polémica la disparó el proyecto para legislar las protestas. “No puede ser que diez personas corten una calle por más razones que tengan”, dijo Cristina Fernández. Algunos dirigentes del oficialismo se tomaban la cabeza mientras que en el PRO y la UCR aplaudían la iniciativa y le facturaban al Gobierno la demora en tomar decisiones en esta materia. Los cortes de calles y rutas por parte de la izquierda clasista en protesta por las condenas a tres trabajadores petroleros, acusados por el asesinato a palazos de un policía, fueron el disparador de la propuesta. Se habla de regular su legitimidad de acuerdo con la urgencia, exigir aviso previo y que se contemple dejar siempre un carril libre. Entre las organizaciones piqueteras que adhieren al Gobierno el tema opera como un revulsivo.

En otro gesto novedoso, la Presidenta dijo que conversó con Mauricio Macri y elogió la tradición democrática de la UCR. Se manifestó crítica del desdén del peronismo, en los años setenta, hacia lo que consideraban “la democracia burguesa”. Con todo, no logró aplacar el enojo de los senadores radicales por la designación de Gerardo Zamora como presidente provisional del Senado a quien consideran una suerte de traidor. El ex gobernador de Santiago del Estero es un radical K, muy cercano a la Presidenta, que recaló como senador cuando la Corte Suprema de Justicia frenó su intención de acceder a la re reelección en su provincia.

La designación de Zamora tampoco dejó muy contentos a los senadores del PJ. Tanto Miguel Ángel Pichetto como Aníbal Fernández soñaban con poder reemplazar a la senadora Beatriz Rojkés de Alperovich y convertirse en el número tres en la línea de la sucesión presidencial. Como el primer relevo eventual de la Presidenta es Amado Boudou, acosado por varias investigaciones judiciales, la designación adquiere una relevancia mayor. Más allá de la afinidad personal de la Presidenta con el ex gobernador santiagueño, la elección operó como una señal y parece responder a una lógica impiadosa: “autoridad que no abusa e impone, pierde prestigio”.

La línea del horizonte

El consenso en la Argentina parece tan lejano como el horizonte. La campaña presidencial a 2015 comenzó antes de lo previsto. Basta observar de qué manera se abrió el debate por el proyecto de reforma del Código Penal para entenderlo. La mayoría de los dirigentes que cuestionan la reforma, incluso muchos periodistas, no leyeron la propuesta elaborada por una comisión que presidió el juez Raúl Zaffaroni pero que integraron juristas de los partidos mayoritarios. Sin embargo, se oponen.

Para el diputado y líder del Frente Renovador, Sergio Massa, la iniciativa favorece a los delincuentes: “baja penas y habilita excarcelaciones”. Propuso juntar firmas para frenar la iniciativa. Someter a consideración popular la legislación penal es algo que desaconsejan los especialistas de cualquier lugar del mundo. Es sabido que el clamor por mayor seguridad puede disparar las propuestas más delirantes. El radical Ricardo Gil Lavedra tildó a Massa de demagogo y el diputado del PRO Federico Pinedo lo acusó de no estar en condiciones de legislar. Los dos integraron la comisión que redactó el anteproyecto. En sus partidos también comenzaron las especulaciones y algunos se sienten más cerca de las críticas de Massa.

El proyecto merece un debate profundo y serio en el escenario natural de las discusiones democráticas: el parlamento. Sin plazos estrictos ni presiones. También requiere un amplio acuerdo. Se trata de normas que van a regir la vida de los argentinos durante mucho tiempo. La discusión, por ahora, parece envenenada por la mezquindad y los intereses políticos. Bajo ese cielo, casi todos se muestran a gusto.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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