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Arturo Puig: «Crecí con los chicos de la villa»

Ya muy lejos de ¡Grande, Pa!, y feliz con su nuevo rol bajo las tablas, cuenta cómo es volver a trabajar con Susana Giménez, ahora como director.

Por Teté Coustarot
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Me senté a charlar con Arturo Puig en un bar cerca del Lola Membrives, donde dirige un suceso sin precedentes. Sobre el escenario de la obra Piel de Judas están Susana Giménez, Alberto Fernández de Rosa y un gran elenco. Pero cuando comenzamos esta conversación me sentí en ¡Grande, Pa!, el éxito más grande que supo tener la televisión y del que el actor y director teatral fue un protagonista inolvidable.

Arturo, admiro la capacidad de evolucionar que tuviste y cómo llegaste en el momento justo para la dirección teatral.

¿Viste que a veces pasa que es difícil que las cosas lleguen justo cuando uno está preparado? Este proyecto, la verdad, llegó en un momento perfecto de mi vida y mi carrera.

La primera obra que dirigiste fue Le prenom, en 2013, que aún sigue en cartel.
Sí, ahí empezó mi carrera como director. Fue una oferta muy sorpresiva de Gustavo Yankelevich, que me había pedido mi opinión sobre la obra. La leí y me encantó, pero le pregunté qué personaje quería que hiciera, porque en un principio me había parecido que los personajes debían ser un poco más jóvenes. “No quiero que actúes, quiero que la dirijas”, me dijo. Entonces le respondí: “Me vas a cumplir un sueño”.

¿Cómo se siente estar en este rol?
Siempre tuve ganas de dirigir y nunca se había dado. Quizás no había encontrado la obra porque seguía con el punto de vista del actor. Cada vez que leía un proyecto lo hacía pensando qué personaje podía hacer.

Me encanta este diálogo que tuvieron con Gustavo, porque además los dos son muy tranquilos para hablar.…
Siempre nos dicen que nos parecemos mucho por la manera de ser, de hablar y de mirar. Podemos pasar una hora juntos con apenas una frase dicha. Así que se eligió el elenco de Le prenom de mutuo acuerdo. Después él se fue de viaje y cuando volvió quedó encantado con como había resultado todo. Gustavo está enloquecido con el teatro y descubrió una nueva faceta.

Y después vino Lluvia de plata.
Resultó una obra un poquito extraña. Aunque anduvo bien en un momento, fue difícil. Apartaba al público con su final trágico cuando venía de la comedia. Y ahora, en tan poco tiempo, la tercera obra que dirijo es Piel de Judas, en donde todo me parece bueno.

Es fantástico volver a encontrarse con la gente querida. Vos ya habías trabajado con Susana, hicieron un éxito increíble.
Hicimos dos: La mujer del año y después Sugar, tres años cada una.

Susana dice que sos el mejor compañero que una actriz puede tener.
Porque nos llevamos muy bien. Yo creo lo mismo de ella, es una gran compañera y muy profesional.

En el fondo, son dos profesionales que están al servicio de lo que hacen y eso es muy importante.
Al principio, ella quería que yo hiciera el papel que finalmente lleva adelante Antonio Grimau en Piel de Judas. Lo evalué y entendí que me iba a costar mucho estar en los dos lugares. Le expliqué que yo quería sólo dirigir para poder cuidarla bien, porque si no iba a estar pendiente de mí, también. ¡Ahora está encantada con Antonio!

¿La obra sobrepasó tus expectativas?
Sí, todo fue bueno desde el comienzo. Por ejemplo, cuando se decidió que Alberto Negrín hiciera la escenografía, yo no lo conocía. Nos encontramos en un bar y le llevé una foto de una escenografía alemana de 1922; era un gran ventanal en blanco y negro con una escalera. Le dije: “La obra transcurre en una granja francesa, pero estamos hablando de Susana, tenemos que hacer Broadway, la escalera tiene que ser fantástica”. A los quince días me llamó para contarme que tenía la maqueta y una idea para que viera. Había hecho la escenografía giratoria. O sea: es una casa que gira sobre su eje. ¡Un genio! La música también fue un factor importante. Yo quería que sea como una música clásica, dramática, para que el público se pregunte qué iba a ver al llegar al teatro.

Y también estás acompañando a Selva (Alemán), que protagoniza en teatro Madres e hijos. ¿Cuántos años hace que están juntos?
Creo que algo así como cuarenta. Cuarenta y pico en realidad.

Los hombres son los únicos que dicen “creo” y las mujeres siempre sabemos esas cosas. Tengo la sensación de que ustedes son una pareja que se potencia mucho mutuamente.
Bueno, sí. Selva me ayudó mucho con la dirección. Nos llevamos muy bien, estamos en casa y la pasamos bárbaro. Viajamos y nos divertimos como locos. Selva dice que lo nuestro es algo que viene desde otra vida.

Repasemos un poco tu historia. ¿Empezaste a trabajar muy chico?
La primera vez que pisé un escenario fue a los 12 años, en Panorama desde el puente con Pedro López Lagar. La hacían en el teatro Lasalle, que era de mi padre, y yo iba a ver todas las obras. Un día subí como extra y ahí empecé. Fue de casualidad. Estudié en el Instituto Labardén y tomé clases con Hedy Krilla.

Y cuando terminó el éxito más grande de la televisión, ¡Grande, Pa!, quisiste volver al teatro.…
Sí. Cuando finalizó la tira tuve mil ofrecimientos para hacer comedias parecidas a ¡Grande, Pa!, pero en teatro. Y yo no quería. Hasta que un día me trajeron la última obra de Arthur Miller, Cristales rotos, y la hice. Después hice ¿Quién le teme a Virginia Woolf? y luego Panorama desde el puente, esa vez como protagonista.

¡Qué bien cómo pudiste encontrar el camino de tu vocación!
¡Sin olvidar las dos comedias musicales que hice con Susana! Adoro hacer musicales. También trabajé con Ricardo Darín. …

Todo el mundo envidiaba eso que les pasaba y cómo lo disfrutaban. Arturo, contame cuáles son los lugares que más te gustan de la ciudad.
Me gusta mucho Belgrano, donde me crié. Nací en Libertador, entre Sucre y Pampa, cuando se llamaba Blandengues. Cuando hicieron el túnel nos tuvimos que ir. Belgrano era un barrio lleno de caballerizas, yo me sentaba en el umbral de mi casa y salían todos los caballos de carreras que iban hasta Palermo. Crecí con los chicos de la villa, cosa que pocos saben, porque de Migueletes hasta Figueroa Alcorta había una villa enorme y yo iba al colegio con ellos.

Piel de Judas. De miércoles a domingo en el teatro Lola Membrives, avenida Corrientes 1280. Entradas desde $250.

DZ/sc

 

Fuente Redacción Z
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