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Ariel Ardit: De Almagro para el mundo

Al frente de su orquesta típica, se convirtió en el cantor joven más convocante del momento.

Por Gabriel Cocaro
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Cuando Ariel Ardit tenía veinte años quería ser cantante de ópera. De hecho, había comenzado a estudiar canto lírico. Pero cierta vez, durante una cena familiar, alguien puso un cassette de Carlos Gardel y su destino cambió. Aquel joven se sumergió en el 2×4 y empezó a frecuentar lugares de tango. “El Boliche de Roberto”, en el barrio porteño de Almagro, era uno de ellos. Allí, en 1998, debutó entonando “Soledad”. El dueño del local lo invitó a volver y así, semana tras semana, el novel cantor fue ganando confianza. Esas actuaciones le dieron cierto renombre y una noche, los miembros de la orquesta El Arranque se acercaron al bar para conocerlo. Días después, tras una exitosa audición, se incorporó al grupo. Durante los siete años que estuvo junto al combo, el vocalista grabó cuatro discos y recorrió buena parte del mundo. En 2006 inició su carrera solista con la edición de Doble A, un elogiado trabajo poblado de tangos poco transitados. Ese ejercicio de “arqueología tanguera” se profundizó en su siguiente entrega: Ni más ni menos. A principios de 2010, armó una orquesta típica con el objetivo de revivir el espíritu de las agrupaciones de la década del 40. El año pasado lanzó Yo lo canto hoy, donde mixtura tangos de la época de oro del género con flamantes composiciones. Ardit se presentará en el Centro Cultural Torquato Tasso para homenajear a Aníbal Troilo en el centenario de su nacimiento. Nació en Córdoba el 15 de mayo de 1974 y el año pasado actuó en Indonesia, España, Portugal, Bélgica, Suecia e Inglaterra.

Teniendo en cuenta lo vasto del repertorio de Troilo, ¿cuál fue el criterio que utilizó para elegir las piezas que forman parte de estos próximos conciertos?
Pichuco grabó muchísimos temas, pero no todos le pertenecían. Mi idea era rendirle un tributo a su faceta autoral. Entonces, de entre sus composiciones, elegí las que mejor van con mi estilo de voz y las que más emocionan. Como, por ejemplo, “Toda mi vida”, “La cantina” y “Patio mío”. Si bien nunca fui un cantor de echarles mano a los clásicos, en estos shows voy a hacer “Sur”, “Desencuentro” y “Romance de barrio” porque el contexto lo amerita.

En la actualidad, el panorama de la música ciudadana rebosa de intérpretes, pero su poder de convocatoria es limitado. Sin embargo, usted el año pasado llenó el teatro Coliseo. ¿A qué atribuye el fenómeno?
No tengo una explicación. Los tangueros necesitamos ocupar espacios que, generalmente, están reservados para otras vertientes musicales. Quería llegar al Coliseo y me la jugué sin saber cuál sería la respuesta del público. A veces, la diferencia no la hace el más talentoso sino quien asume mayores riesgos.

En sus recitales se dan cita tanto gente mayor como jóvenes. ¿Qué piensa que encuentran ambos sectores de la audiencia cuando lo van a ver?
Intento nutrirme de las raíces del tango, rescatar su esencia y no disfrazar mi propuesta con formas ajenas a él. La gente grande, que conoció a las leyendas del 2×4, ve en mí una aproximación sonora a aquellas figuras y eso le genera cierta empatía. Los jóvenes, en cambio, se topan con algo desconocido pero que les atrae: un cantor junto a una orquesta típica.

Dentro del ambiente tanguero ciertas voces se alzaron para señalar que, debido a su predilección por las piezas de la década del 40 en detrimento de las composiciones nuevas, sólo se dedica a “evocar el pasado”. ¿Cómo toma este cuestionamiento?
Yo canto los tangos que me conmueven y no reparo en si fueron compuestos hace uno o sesenta años. De todas maneras, siempre me relacioné con obras nuevas. Desde mis primeras grabaciones con El Arranque hasta mi más reciente disco, donde estreno cinco piezas, que conviven con trece temas de otras épocas. Entre estos últimos se encuentra “Canción a tu presencia”, una creación de Alberto Podestá y Julián Centeya poco revisitada y desconocida para muchos. En ese caso, como en tantos otros, la acusación de apelar al pasado se disuelve. Porque si no conocen el tango, ¿de qué pasado me hablan?

Viernes 30 y sábado 31 de mayo en el Centro Cultural Torquato Tasso, Defensa 1575. Entrada $160.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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