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TEMAS DE LA SEMANA

Argenchinos: del Lejano Oriente a Buenos Aires

En la ciudad vive la mayoría de los inmigrantes chinos. Son celosos defensores de sus costumbres originales pero eso no les impide estar insertos en la vida cotidiana porteña.

Por Romina Daniela Blasucci
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En la Argentina viven más de cien mil chinos. Según el Ministerio del Interior y el Departamento de Inmigración, es la mayor comunidad extranjera de un país no limítrofe. El 80 por ciento está en la ciudad, mayormente en los barrios de Belgrano y Flores.

La consultora CCR estima que hay un supermercado chino cada dos cuadras y media. De cada uno de esos comercios depende una familia que trabaja 12 horas casi todos los días y, al mismo tiempo, cuida a sus hijos pequeños, que suelen estar jugando entre las góndolas.

Aunque tengan dinero para pagarlas, en la comunidad local no acostumbran mandar a sus hijos chicos a guarderías. Una práctica bastante extendida solía ser enviarlos a China con los abuelos, para que aprendieran bien el idioma.

Algunos regresaban al país para empezar la primaria y otros recién volvían para la secundaria. Esto solía ocasionar conflictos familiares y de adaptación a la hora de revincularse con los padres, la cultura local y un sistema de educación muy distinto. Por eso, en los últimos años, los que ya pasaron por esa experiencia les recomiendan a los más jóvenes que no lo hagan.

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El Barrio Chino en Belgrano es uno de los polos turísticos de la Ciudad por su variada oferta.

Como cualquier comunidad en un país extranjero, conservan su gastronomía y la religión, en este caso budista. Pero además siguen cultivando la medicina oriental y hacen un gigantesco esfuerzo por no perder sus costumbres. Los chicos, por ejemplo, van de lunes a viernes a la escuela primaria y todos los sábados al colegio chino en donde aprenden la lengua y la cultura del país de sus padres.

Eso hizo Suni, de 22 años, argentina hija de taiwaneses, dueños de unos supermercados. Ella ahora estudia Decoración y se alegra de haber estado durante su  infancia en la Argentina.

“Yo la pasé bien en el colegio primario y secundario. Gracias a eso ahora tengo amigos de todo tipo. A veces no invito a los argentinos cuando salgo con los de la comunidad porque pienso que quizás se puedan sentir incómodos cuando hablamos en chino”, dice y cuenta que con los argentinos suele ir al cine y con el grupo oriental a karaokes en Flores, en donde se canta en coreano o chino.

La primera impresión de que la china es una comunidad muy cerrada se va diluyendo con las nuevas generaciones, que están más integradas. Si bien conservan costumbres y actividades, estudian y trabajan con otros argentinos. Son porteños, hijos de chinos que vinieron de adolescentes en la década del 80 y pasaron casi toda su vida en la Argentina. Son profesionales, están formando sus familias y disfrutan de su tiempo libre dentro y fuera de la comunidad.

A su vez, varios productos culturales asiáticos comenzaron a atraer la atención de los jóvenes del mundo y, también, de los argentinos. En los últimos años el K-pop (pop coreano) y el manga (historietas japonesas) se convirtieron en moneda corriente.

Los adolescentes de hoy no piensan, como los de años atrás, que todo lo oriental es meditación y la seriedad de Confucio. Al contrario, a través de estos intereses, muchos chicos no orientales van a estudiar el idioma y se interesan en esa cultura. La Asociación Cultural Chino-Argentina terminó mudándose a una sede más grande para que entraran todos los alumnos.

Argenchinos

El primer flujo inmigratorio significativo fue en los años 80, cuando muchas familias taiwanesas huían de la isla –donde el partido nacionalista Kuomintang se aferró al sistema capitalista– por miedo a la expansión del comunismo que regía en el continente, asegura Laura Bogado Bordazar, abogada y especialista en Relaciones Internacionales. Esta diferencia política hace que un taiwanés no se reconozca como chino.

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Se duplicó la cantidad de argentinos que van a aprender el idioma.

En aquel entonces también hubo una gran explosión demográfica en la isla y eso también colaboró a que muchas familias buscaran un mejor futuro en otros países. Vinieron a la Argentina con un capital que les permitía abrir un supermercado, y elegían esa actividad puntual porque era la que la mayoría hacía en Taiwán.

Sucedió una segunda ola inmigratoria en los 90. En ese momento llegaron a la Argentina muchos hombres jóvenes solos y con escaso capital. Venían de regiones costeras del continente, como Fujian. Llegaban casi con nada y dependían de la ayuda de la comunidad. Sus primeros trabajos se los dieron mayormente taiwaneses, ya instalados en la Argentina desde los 80.

El objetivo de estos valientes despojados era, como en su momento hicieron muchos europeos al llegar al país casi sin nada, juntar plata hasta poder traer a la familia que habían dejado en casa. Por eso trabajaban de lo que sea. La convertibilidad les resultaba una ventaja, pero durante la crisis de 2001 muchos se fueron a otros países o volvieron a China.

A partir de 2005 se constató una última ola inmigratoria. Cuentan muchos chinos que allá está bien visto que la gente se vaya a trabajar lejos, porque eso significa triunfo y éxito. Dicen que sólo es bueno volver si se consiguió juntar un capital importante. Por eso es que tantos en la comunidad ahorran para jubilarse allá.

Coordenadas

Para los que quieran contactarse con esta cultura china en Buenos Aires, el enclave porteño por excelencia se encuentra en las cuadras aledañas a la esquina de Juramento y Arribeños, en las Barrancas de Belgrano, y es uno de los polos turísticos de la ciudad por su variada oferta. La más destacada tal vez es la celebración ya clásica en febrero del Año Nuevo Chino, con puestos gastronómicos y culturales que dan cuenta de su tradición.

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El budismo es una doctrina religiosa y filosófica: un modo de ver el mundo.

Los fines de semana un hervidero de gente busca productos ya no tan exóticos en los supermercados, hay regalerías con productos como el ya famoso gato de la fortuna, tiendas de ropa oriental y chiringuitos en los que se puede comprar cerdo con curry en palitos, para comer paseando. Y también está el delicioso Melona, un helado que llegó de Corea del Sur y ya es parte de la cultura porteña.

Fotos: Guille Llamos.

DZ/JPC

Fuente Redacción Z
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