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TEMAS DE LA SEMANA

Árboles porteños, patrimonio de todos

La Ciudad tiene más de 420.000 árboles, pero en los barrios del Sur la diversidad de especies es menor. Prometen plantar 70.000 nuevos ejemplares. De los 425.000 ejemplares censados, unos 52.000 están en parques y plazas. De unas 300 especies, sobresalen los tilos, jacarandás y fresnos.

Por Victoria Diaz Calvo
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PLAZA SAN MARTIN

 

Las manchas azulinas de los jacarandás, el verde brillante de los fresnos y el perfume de los tilos acompañan a los porteños mientras caminan por las calles de la ciudad. Sin embargo, no todos los ciudadanos disfrutan de la misma cantidad y calidad de árboles.

De acuerdo al Censo Fitosanitario realizado en 2011 por el gobierno porteño, hay 372.699 árboles ubicados en las veredas, en lo que se conoce como arbolado de alineación. Si se tiene en cuenta que en la ciudad viven 2.891.000 personas, la relación es de 7 habitantes por árbol. Si bien esta cifra se encuentra dentro de los valores recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para garantizar una buena calidad de vida a los habitantes, la distribución es desigual.

Las comunas 10 (Villa Real, Monte Castro, Versalles, Floresta, Vélez Sarsfield, Villa Luro), 11 (Villa General Mitre, Villa Devoto, Villa del Parque, Villa Santa Rita) y 12 (Coghlan, Saavedra, Villa Urquiza, Villa Pueyrredón) son las que cuentan con mayor densidad arbórea de acuerdo a la cantidad de árboles y la extensión de cada una de ellas.

Por su parte, las ubicadas en el sur: la 1 (Retiro, San Nicolás, Puerto Madero, San Telmo, Monserrat, Constitución), 8 (Villa Soldati,  Villa Riachuelo, Villa Lugano) y 4 (La Boca, Barracas, Parque Patricios, Nueva Pompeya) son las que cuentan con menor densidad de especies y las que, en su mayoría, tienen ejemplares de acacias, paraísos y álamos en estado crítico, es decir, cuyo estado general y estructura pueden presentar riesgos para los vecinos. 

En la presentación del Plan Maestro para el Arbolado Público que se llevó a cabo el pasado 29 de agosto, el ministro de Ambiente y Espacio Público, Diego Santilli, anunció que plantarán 70.000 árboles en los próximos diez años, lo que podría compensar la diferencia entre comunas. En relación a este proyecto, aseguró: “No tengo dudas de que los árboles conforman parte del tesoro más preciado que poseemos. Con este plan lo que buscamos es preservarlo y potenciarlo para mejorar la calidad de vida de todos los vecinos”.

Con respecto al estado general del arbolado, el 86% se encuentra en buen estado. El 1,8% se encuentra seco y está siendo extraído para su reemplazo por nuevas especies.

La población arbórea de la ciudad es muy variada: la mayor parte corresponde a ejemplares de fresnos americanos (38%) a los que se suman los plátanos (9%), tilos (5%) y jacarandás (3%).

“El censo indica que hay unas 300 especies distintas de árboles y no debería haber más de 30”, sostiene el ingeniero agrónomo Jorge Fiorentino, de la Dirección de Arbolado Urbano del gobierno de la ciudad. Sin embargo, la ingeniera agrónoma Ana Beatriz Guarnaschelli, profesora adjunta de la cátedra de Dasonomía de la Facultad de Agronomía de la UBA, considera, en un trabajo difundido por el Centro de Divulgación de la universidad, que “es mejor que haya una amplia variedad de especies porque si ataca alguna plaga la diversidad ayudará a controlarla”.

A la hora de definir qué tipo de especies deberían utilizarse en la ciudad, Guarnaschelli es clara: “Tiene que contar con un suelo y un clima adecuado, y con un espacio apropiado para su desarrollo. Además, debe ser resistente a plagas y enfermedades y a los contaminantes del aire urbano. Por último, el follaje debe ser caedizo, para dar sombra en verano y dejar pasar la luz en el invierno”.

En relación con la poda llevada adelante por el gobierno porteño, Guarnaschelli explicó que “no es necesario podar los árboles; los árboles no necesitan la poda para estar saludables y vigorosos”, y agregó que “muchas de las podas drásticas y lamentablemente mal hechas que se realizan son debido al haber elegido especies incorrectas para espacios reducidos de crecimiento”, tal como sucede con el ficus, una especie que muchos vecinos han elegido para reemplazar el arbolado existente y que, debido al tamaño de sus raíces, provoca rotura de cañerías y veredas.

Los árboles no sólo son un lindo marco natural para contrarrestar el gris de los edificios sino que, además, ofrecen grandes beneficios para la vida cotidiana ya que proveen sombra, mejoran la calidad del aire, actúan como barrera sonora, retienen muchas de las partículas de carbón generadas por los vehículos, previenen la erosión del suelo y proporcionan alimento y refugio para la fauna.

REFUGIO DE ESPECIES

En los parques y plazas hay unos 52.000 ejemplares. Los que tienen más cantidad son el parque Tres de Febrero, con 7.000, y el Indoamericano, con 3.500. El Jardín Botánico posee 1.900 ejemplares y el Zoo de Buenos Aires, 1.000. Las especies preponderantes son el eucalipto, la casuarina, la tipa, el jacarandá y el palo borracho.

No siempre los parques de la ciudad fueron verdes. Hasta 1880 las plazas eran “secas”, siguiendo el modelo español, y se usaban como mercados.En la segunda mitad del siglo XIX Buenos Aires asocia el verde al modelo de “ciudad sana”. “Se consideraba a la ciudad como un organismo vivo que respiraba a través de la vegetación, promoviendo la calidad de vida de sus habitantes”, explica Gabriela Benito, curadora del Jardín Botánico de la ciudad de Buenos Aires y docente de la Facultad de Agronomía de la UBA, en un documento difundido por el Centro de Divulgación de esa casa de estudios.

En esta definición se basó la planificación de los espacios públicos porteños donde el diseño paisajístico fue impulsado desde la Dirección de Parques y Paseos de la municipalidad por las gestiones consecutivas del arquitecto Charles Thays y del ingeniero agrónomo Benito Carrasco, quienes entre 1891 y 1918 trazaron los ejes rectores de esos trabajos en los que no solo contemplaron la importancia estética sino también la higiene, el ocio y la expansión de la población.

“Este concepto de paisaje urbano, que daba relevancia a las áreas verdes, resultaba primordial para mostrar el progreso y la civilización de una ciudad”, concluye Benito.

DZ/sc

Fuente Redacción Z
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