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TEMAS DE LA SEMANA

Arbitrajes: Errar es humano, innovar es divino

La FIFA anunció que en el Mundial de Brasil aplicará nueva tecnología para verificar los goles.

Por Alejandro Fabbri
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balon

La decisión que tomó el árbitro Fernando Eche­nique al sancionar como gol un remate del cordobés Zelarrayán que se le es­capó a Barovero ha generado un alboroto enorme en el fútbol ar­gentino, por la sencilla razón de que ese “no gol” significó la de­rrota de River. En un mundo lleno de suspicacias como es el ámbito deportivo vernáculo, queda claro que si hubiese sido al revés, se ha­bría hablado bastante menos y en todo caso, los títulos periodísticos andarían celebrando que la punta del torneo había quedado en ma­nos del equipo millonario.

Lo cierto es que el injustifica­ble error de Echenique (que ni si­quiera fue avalado por su juez de línea Esquivel) aumenta la sensa­ción de indefensión que tienen los clubes y sus jugadores a la hora de una situación tan polémi­ca como la que ocurrió el domin­go en el estadio Mario Kempes. Si la pelota no entró, o ingresó par­cialmente en el arco, no se puede considerar gol porque las reglas son muy precisas: el balón debe superar en su totalidad la línea del arco para ser sancionado el tanto. Eso no ocurrió, ya que solamente una parte de la pelota pasó la lí­nea de meta.

Los humanos somos imper­fectos. Nos equivocamos todos los días, nos volvemos a equivo­car y a veces, ni siquiera nos da­mos cuenta. Las situaciones como el no gol de Bel­grano tienen mu­chos anteceden­tes. Si revolvemos el archivo encon­traremos casos resonantes como aquel que le per­mitió al seleccio­nado de Inglate­rra “convertir” el tercer gol ante Alemania Federal en la final de 1966. El asistente juzgó que la pelota impulsada por el delantero Hurst había pasado la línea y el juez suizo Dienst co­bró un gol que no había ocurrido, porque las filmaciones mostraban claramente después que la pelota había picado sobre la línea. Ingla­terra campeón, en Londres. Todos felices, menos los alemanes.

España fue despojada dos ve­ces, en México 86 y en Corea del Sur 2002 cuando los jueces no vie­ron que un bombazo del medio­campista Michel picó medio me­tro adentro del arco brasileño y, hace doce años, que la pelota no había salido de la cancha cuando Joaquín lanzó un centro que co­nectó Morientes al gol. Brasileños y surcoreanos (organizadores és­tos del Mundial, je) fueron benefi­ciados con algo ilegítimo.

Y en Sudáfrica, hace cua­tro años, los ingleses recibieron su desquite con el mismo rival al que habían perjudicado. Un tiro de Lampard pegó en el travesaño, pico claramente dentro del arco y no fue cobrado el gol por el juez uruguayo Larrionda y su asisten­te pese a las protestas inglesas. El partido lo ganaba Alemania 2-1 y se pudo producir el empate, nega­do por los árbitros. El final fue 4-1 y Alemania siguió adelante. Desde hace cuatro años, las discusiones se han amplificado mundialmen­te y la FIFA resolvió que en Brasil 2014 se implementará el llamado “ojo de halcón” para verificar si la pelota ingresó o no en el arco.

Se trata de un adelanto signifi­cativo para un deporte conserva­dor, atrapado por prejuicios ma­chistas y discriminatorios que no ha podido, todavía, saldar cues­tiones equitativas ante tanto dine­ro en juego. Sin embargo, una luz de esperanza se abre con esto: la tecnología, en puntas de pie, in­gresa en el fútbol, con la misión única de definir si una pelota in­gresó en su totalidad en el arco de un equipo o no lo hizo.

Esto es bienvenido, porque mucho se especuló con que el fút­bol debe “convivir con el error”. Esa frase, que encubre seguir pri­vilegiando a los poderosos, co­menzará a derretirse cuando se aplique esta pequeña dosis de tecnología. Pequeña, pero tre­mendamente necesaria. La evolu­ción del juego, las presiones polí­ticas y económicas, determinarán si el fútbol, el deporte más de­mocrático del planeta a la hora de disfrutarlo, se quedará en esta única aplicación “sobrenatural” o avanzará para achicar los márge­nes de error y de intencionalidad en algunos casos de quienes tie­nen la misión de arbitrar la justicia deportiva. Aunque sean humanos y vivan equivocándose, como to­dos nosotros.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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