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TEMAS DE LA SEMANA

Aquí, allá y en todas partes

Las altas temperaturas en América del Sur y Australia fueron simultáneas a enormes inundaciones en Europa y a una ola polar inédita en Estados Unidos.

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Varios sucesos atmosféricos han sido inequívocos: la peor ola de calor verificada durante el último siglo en el norte y el centro argentinos (incluida la Capital Federal): la extrema demanda de electricidad en la Ciudad y amplias zonas suburbanas produjo a la vez fallas en el sistema de abastecimiento y notorios “cortes de luz”. Asimismo, hubo prominentes incendios forestales en la región bonaerense (Sierra de la Ventana) y también un violento huracán de lluvia y granizo con ráfagas de viento de hasta 120 kilómetros por hora que barrió la capital de Santiago del Estero, provincia ya afectada por una prolongada sequía.

Si repasamos la prensa mundial del hemisferio sur, veremos que al mismo tiempo una potente ola de calor está tostando a Australia, donde las autoridades revelaron que 2013 ha sido el año más caliente de toda la historia de ese país. En el hemisferio norte, en Gran Bretaña, serias inundaciones forzaron evacuaciones en el oeste de Inglaterra y Gales. Escocia e Irlanda sufren el impacto de arrolladoras mareas. Y nevadas fuera de serie han cubierto grandes regiones de Estados Unidos: en algunos puntos la temperatura descendió a niveles del Ártico, 50 grados centígrados negativos. Cien millones de personas en 22 estados atraviesan esa experiencia.

No se trata de rumores alarmistas, sino de situaciones reales, rotuladas como “fenómenos extremos”, corroboradas por la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y los sistemas satelitales de la Administración Estadounidense de la Aeronáutica y el Espacio (NASA). Uno de los más trágicos episodios recientes ha sido el tifón Halyan, que borró del mapa a pueblos enteros de las Filipinas.

CONTROVERSIAS

No hay unanimidad sobre si todo esto tiene relación con el cambio climático o si meramente el planeta atraviesa una época más caliente que otras del pasado. Tampoco es un secreto que desde 1992 los asuntos ambientales del globo terrestre se debaten en el marco de la Organización de Naciones Unidas. Durante la Cumbre ECO 92 en Río de Janeiro las naciones allí representadas firmaron un Convenio Marco sobre Cambio Climático para “reducir la emisión de gases de Efecto Invernadero”, gases carbónicos (CO2).

Llevó cinco años redactar el Protocolo de Kioto que ejecutaría aquel Convenio de la ONU. Así, desde 1997 vienen realizándose reuniones anuales de las partes firmantes (llamadas COP, Conference of Parts) de ese Protocolo que sólo podrá funcionar si se reformula globalmente la quema de combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas natural): una faena inviable, porque las grandes potencias no darán marcha atrás y las potencias emergentes aspiran a un desarrollo sin barreras.

Se dejó de hablar sobre Efecto Invernadero y Calentamiento Global, y pasaron a usarse las metáforas Cambio Climático y Desarrollo Sustentable. Los expertos en la materia se dividen en catastrofistas (creen que la sociedad humana genera la crisis) o en escépticos (sostienen que se trata de un fenómeno crítico natural). Ahora a esos rótulos se ha sumado otro eufemismo: “fenómenos extremos”.

Los golpes de calor o frío, los tsunamis, las sequías, las inundaciones, los tornados, los incendios forestales, el retroceso de los glaciares, la desertización y demás calamidades son caratulados como “fenómenos extremos”.

INTUICIONES

A mediados de noviembre de 2013, en Varsovia (Polonia), tuvo lugar la COP 19 de la ONU que sólo sumó más retórica al bla-bla-bla convencional que se retomará en la sesión número 20 (2014, Perú) y la número 21 (2015, París). A esta altura de las calamidades recurrentes, no hay “soluciones” a la vista, sino planes de contingencia a la hora de las catástrofes, en dos rubros más rituales que reales: adaptación y mitigación.

Por un lado, aprender a acomodarse a situaciones de emergencia. Por el otro, levantar barreras para tratar de frenar los oleajes venideros y preservar los suelos para el cultivo de alimentos, porque en campos resecos o anegados no crece nada comestible. En resumidas cuentas, la civilización industrial parece estar en estado de coma.

El resto implicará una nueva epopeya terrenal, donde será preciso reformular la vida individual y colectiva, refundar la educación pública y la cultura laboral, diseñar una sociedad solidaria a la medida de lo que el ser humano realmente necesita.

Nuestro planeta está en vías de mutación. La humanidad, todavía no. El cambio climático es una anécdota apenas. Un sueño celestial. Una invitación cargada de misterios y de milagros. La Tierra se está transformando y nos propone un cambio de planes para cancelar la pesadilla imperante e inaugurar una frugal travesía evolutiva.

DZ/vr

Fuente Redacción Z
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