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TEMAS DE LA SEMANA

Apneas de sueño: Gruñe y ruge mi bello durmiente

Los ronquidos acompañados de resoplidos y sibilancias no sólo son una pesadilla para la pareja. Indican un déficit en la respiración y es prudente consultar al médico.

Por Valentina Herraz Viglieca
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ronquidos

No siempre a la hora de dormir todo es cu­charita y descanso. Hay muchas perso­nas que tienen dificultades para conciliar el sueño y otras que se duermen al instante como si se desmayaran.

Entre sueños y pesadillas, también están los que roncan y los que no logran dormir por ron­quidos ajenos. De hecho, es bas­tante común que los que no ron­can acusen a los que sí lo hacen de interrumpir su sueño. Amás de uno lo han defenestrado en reuniones sociales por ese moles­to sonido nocturno que, aunque involuntario, parecería marcar al roncador como enemigo íntimo. Pero, ¿qué es el ronquido? “El ronquido es un fenómeno acús­tico que se da cuando el pasaje del aire por la garganta o la farin­ge se dificulta porque éstas están estrechadas”, dice Facundo No­gueira, médico neumonólogo a cargo del Laboratorio del Sueño del Hospital de Clínicas.

Nogueira sugiere que la ma­yoría de las consultas médicas por “ronquidos” se dan porque el compañero o compañera de cuarto del paciente percibe el so­nido como una molestia o por­que “detecta entre ronquidos al­gunas apneas”.

Las apneas del sueño son pe­queños silencios entre ronquidos producidos por la detención to­tal del acceso de aire. No hay ronquido por­que no entra aire. “Seguido del silencio vie­ne un ronquido aún más fuerte producido por el ingreso del aire por un canal estrecho”, acota el es­pecialista. “Mi novia no lograba dormir y, aunque no es la primera de mis parejas que se queja, con ella convivo y es un malestar coti­diano”, dice Marcelo que con 36 años empezó a averiguar de qué se trata esta molestia que acosa a la chica.

Aunque muchos pien­sen lo contrario, los ronquidos no son pro­ducto únicamente de obstrucciones nasales: tabiques torcidos, “car­necitas crecidas” o sinusi­tis; más bien tienen que ver con la garganta. “La garganta es la única porción de la vía res­piratoria que no tiene ni hueso ni cartílago alrededor, es solamen­te una estructura muscular y ese músculo durante el sueño se rela­ja y puede producir el ronquido”, dice Nogueira. Cuando el pacien­te además es fumador o sufre de sobrepeso, la garganta puede colapsar por completo generan­do la apnea.

Varias investigaciones calculan que más del 50% de los hombres ronca y que cerca del 35% de las mujeres también lo hace de ma­nera crónica. Las cifras crecen si se tienen en cuenta los ronquidos eventuales causados por la con­gestión nasal. En el caso de los ni­ños la cifra es menor (10%) y, en general, se debe a que las ade­noides o las amígdalas están au­mentadas de tamaño o con algu­na obstrucción nasal.

Cuando Natalia –ahora de 33 años– era chica ninguna de sus amigas quería dormir con ella por­que ronca­ba. Al final siem­pre le tocaba dormir con la que la abrazaba y le apoyaba la pier­na arriba casi asfixiándola. “Ron­car parecía el peor de los males y yo ni siquiera les creía que roncara tanto. Recién a mi marido le creo que es molesto. Igual me dice que sólo si yo ya estoy roncando cuan­do él se quiere dormir, si no no pasa nada”.

Otra de las razones que lle­van a un paciente a consultar es porque se despiertan con el pro­pio ronquido o porque siempre están cansados y con somnolen­cias. “En general me dicen que me dormí y yo no me doy cuenta, estoy sentado mirando la tele o charlando y me voy”, cuenta Ser­gio de 54 años y con problemas de sobrepeso.

Y no llega el aire

Cuando el aire no llega a los pulmones se deno­mina “apnea del sue­ño”. Son unos instantes en que los ronquidos cesan dando lugar a un silencio de segundos, luego interrumpidos por un fuer­te ronquido. Ese nuevo ronquido es el que suele despertar al bello durmiente. Estas pausas en la res­piración se pueden repetir varias veces durante la noche e incluso en el día, cuan­do se está sentado mirando la televisión. “Al no haber aire que intente entrar por las paredes estrechadas de la faringe se produce el silencio”, explica Nogueira.

A Marcelo se lo ratificó el médico: “Me dijo que hacía apneas severas porque ha­bía períodos en los que no respi­raba. Eso no significa algo en sí mismo pero es un factor de ries­go. Yo no estoy gordo y dejé de fumar, no tengo el tabique desviado, aún no encuen­tran una causa”.

Si bien la propor­ción de adultos que ron­ca es muy alta la de personas que sufren de apneas es mucho menor: entre un 4 y 10% de los hombres y entre un 2 y 7% de las mujeres.

El tratamien­to es encontrar la forma que el aire vuel­va a llegar hasta los pulmo­nes. Bajar de peso y dejar de fumar ayuda pero, en definitiva, lo que se receta es “un equipo parecido a un nebuli­zador de nombre Cpap. El equipo toma aire del ambiente, lo com­prime y a través de una mangue­ra se conecta a una mascarita que se coloca en la nariz o nariz y boca y eso le da aire al paciente per­mitiéndole respirar normalmente sin que se obstruya la garganta. Automáticamente desaparecen el ronquido y las apneas”, expli­ca Nogueira.

A Sergio le indicaron el Cpap pero aún la obra social no se lo en­trega “me recetaron un aparato para dormir que me daría el aire que me falta pero todavía estoy autorizando los papeles en la obra social, además me dijeron que tenía que bajar de peso”, explica.

¿Cómo descubrir qué es?

Para detectar si el ronquido anuncia apneas se hace un estu­dio que dura toda la noche y se llama polisomnografía. Marcelo lo cuenta así: “Consiste en quedar­te a dormir en la clínica con un ca­bleado que monitorea todo, re­gistros neurológicos, respiración, movimientos involuntarios; mien­tras dormís hay un tipo que está toda la noche pendiente de que no se desconecte nada”. Es exac­tamente eso: “La polisomnogra­fía es un estudio que permite es­tudiar qué pasa durante el sueño, qué pasa con la actividad cardía­ca, respiratoria y neurológica. Se coloca una serie de sensores que evalúan la respiración, el ritmo cardíaco y la actividad neuroló­gica y con eso se sabe en detalle qué está pasando con el pacien­te mientras duerme”, lo confirma Nogueira.

Dormir mejor

Las medidas más efectivas para evitar el ronquido son ba­jar de peso, tratar la alergia o la obstrucción nasal –en caso que el paciente los tuviera–, dejar de fumar. Dormir de costado ayuda porque en general las obstruccio­nes aumentan boca arriba. “Ade­más hay que hacer una evaluación de la vía aérea superior –fosas na­sales y faringe– con un otorrino­laringólogo para ver alguna cosa que corregir desde el punto de vista anatómico”, recomienda el neumonólogo.

Para este problema sólo se re­comienda la cirugía si el paciente tiene adenoides o amígdalas au­mentadas de tamaño junto con las apneas del sueño. “Otro caso a evaluar es si cabe hacer un pro­cedimiento quirúrgico, eso si hay un problema de desviación de ta­bique u obstrucción nasal impor­tante” dice Nogueira.

Dormir es muy importante para todos; si tomamos el caso de los bebés y niños es el mo­mento cuando se desarrollan y crecen. Y de un buen descanso depende también el rendimiento escolar y laboral. Y, sobre todo, el buen humor y el optimismo coti­diano. En los mayores no es tan distinto.

 Recomendaciones

• El sueño es una actividad sumamente importante para la vida y la salud. Hay que dedicarle el tiempo, el espacio, la concentración y la dedicación que el sueño necesita, que merece.

• Los adultos deberían tratar de dormir entre 7 y 8 horas. Los ni­ños, además, una siesta.

• Hay que tratar de ser muy regulares y respetar los horarios de sueño, estar atentos a cualquier factor o circunstancia que haga que no se descanse bien.

• Hay muchas enfermedades que afectan el sueño y la falta de sueño afecta la calidad de vida y de sobrevida.

• Tener mal la respiración puede generar mala oxigenación duran­te la noche. Esto afecta al corazón, genera hipertensión, arritmias y otras cuestiones neurológicas con complicaciones mayores.

• Dormir de costado facilita el ingreso del aire.

• Hay que consultar cuando se percibe que en el sueño algo no funciona bien.

 Los niños también

Dante hoy tiene 14 años. Cuando tenía un año y medio llegó a padecer siete otitis perforadas en el transcurso de un año. De la consulta con el primer otorrino sólo llegaron corticoides y anti­bióticos frente a cada otitis y los consecutivos mocos que se gene­raban. Por eso su mamá, Carolina, buscó ayuda en la homeopatía. “Solucionamos lo de las otitis y perduró una sinusitis crónica que le generaba una respiración ruidosa y ronquidos durante el sueño”, dice la mamá.

A los diez Dante tuvo un accidente y se fisuró el tabique. Las to­mografías revelaron que había nacido con el tabique torcido. “Con el médico llegamos a la conclusión de que sus problemas respira­torios, los ronquidos, los mocos, tenían que ver con eso”, comenta Carolina y agrega: “Nos propusieron una cirugía del tabique cen­tral, pero averiguamos que es cruenta y con un postoperatorio muy complejo, con mucho dolor e incomodidad”. Otra vez buscaron alternativas. Una otorrino propuso retrasar la operación hasta que Dante fuera grande y pudiera decidir si quería hacerla. “Nos dio un tratamiento crónico y local que también suspendimos porque tenía corticoides”, aclara la mamá de Dante y se ríe: “Hoy en día los ron­quidos perduran pero, bueno, ¿quién no ronca?”.

Fuente Redacción Z
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