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TEMAS DE LA SEMANA

Ante 55 mil personas tocó ayer AC/DC en el estadio de River

Hacía 13 años que no se presentaban en el país

Por Redacción Z
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Unas 55 mil almas tuvieron anoche un alucinante viaje rockero por la Autopista del Infierno conducidas por la banda australiana AC/DC.

Los veteranos rockeros australianos son tan locales en la Argentina como los mismos Rolling Stones, y por eso el público argento los extrañaba ya que la última vez que anduvieron por aquí fue hace 13 años.

Por esa razón, los AC/DC decidieron honrar ese vínculo y trajeron una puesta en escena fastuosa.

El escenario de River presentaba una puesta de sonido con torres de baffles gigantescas y con unos arcos de iluminación que se sucedían uno tras otro sobre el tablado.

Las torres de sonido e iluminación ubicadas a la izquierda y la derecha estaban coronadas por grandes gorros rojos con cuernos que son el motivo elegido por los australianos como ícono oficial de esta gira.

Detrás de la batería de Paul Rudd había una gigantesca escenografía que simulaba el lateral de una locomotora y a los costados sendas pantallas de video.

Además el escenario, tenía una larga pasarela que iba casi hasta la mitad del campo de juego, y a sus costados relampagueaban los cuernitos de acrílico que se venden al público como merchandising oficial de la gira.

Pero el eje de esta banda es la música y en especial lo que pueda hacer ese pequeño monstruito de 1 metro 50, que es Angus Young, que munido de su Gibson SG puede sacar los riffs más pegadizos del rock.

Otra pata en la que se apoya el monstruo AC/DC es sin dudas el cantante Brian Johnson que con su look de borracho simpático de cantina con esa gorra de lana y una camisa sin mangas, arenga a todos con esa garganta con arena y mucho pero mucho alcohol.

Una tercera pata son el segunda guitarra Malcolm Young, el bajista Cliff Williams y el baterista Paul Rudd que sostienen la maquinaria mientras Angus recorre el escenario como un niño pasado de testosterona y anfetaminas.

A lo largo de casi 36 años de carrera, Angus Young catapultó a esta banda de hard rock al nivel de súpergrupo, en un podio en el que sólo se ubican los Rolling Stones, U2 y Metallica, merced a una serie de riffs pegadizos, idiotas y frenéticos.

A las 21 en punto, las luces se apagaron y en las pantallas se pudo ver un video animado de un tren avanzando a toda máquina hacia una ciudad conducido por Angus Young, al que dos curvilíneas chicas le impedían descarrillar.

Y eso le dio paso a «Rock and Roll Train», corte de su último disco «Black Ice» al que le siguió «Hell Ain’t a Bad Place to Be» del disco «Let There be Rock» de 1976 cuando todavía Bon Scott estaba vivo y era el cantante de la banda.

Esas canciones fueron elevando a la gente que estalló cuando sonó el riff de «Back in Black» y el sismógrafo porteño reportó un movimiento telúrico en Núñez.

Otros cuatro minutos de rocanrol caliente llegaron de la mano de «Big Jack» que les permitió a los más jóvenes, a aquéllos que no estuvieron en River en 1996 cuando fue la primera visita, el por qué del misterio de Angus Young y su SG.

«Hola Buenos Aires», saludó Brian Johnson en castellano para luego agregar en inglés: «no hablo bien el español, pero si hablo rocanrol» y esas palabras le dieron paso a los primeros acordes del clásico «Dirty Deeds Done Dirt Cheap» que provocó otro sismo en la zona norte.

La marea humana se agitaba mientras Johnson con su garganta ronca y Young con sus riffs cubrían la noche de la indudable atmósfera del rocanrol más puro y en su mejor expresión.

La luna llena surgiendo detrás de la popular acompañó toda la noche a AC/DC y a todos sus fans y le dio marco a la interpretación de «Shot Down in Flames» del disco «Highway to Hell» que Angus coronó con su ya clásico paso de ganso.

«Thunderstruck», otro hitazo demoledor del grupo, entregó otro momento álgido de la noche acompañado por el «olé olá AC/DC es un sentimiento» que entonaban 55 mil almas confirmando que la banda se ganó sus corazones.

Para «The Jack» la banda giró hacia un blues de cabaret que terminó con Angus Young simulando un strip tease hasta que se bajo su pantaloncito de escolar para mostrar unos bóxer con el logo de la banda en la cola.

Al promediar el concierto la banda tenía preparado otra sorpresa: el descenso de una gigantesca campana que Brian Johnson hizo tañer para dar paso a «Hell Bells», un clásico de esta agrupación amada por igual por rocanroleros y heavies.

La banda mantuvo a la gente caliente hasta hacerlos estallar con «You Shook Me All Night Long», el hitazo del disco «Back in Black» de 1980, que la gente cantó extasiada hasta arrancar un «gracias por cantar conmigo» de Johnson.

Por primera vez en la noche, Young se apoderó de un micrófono para hacer los coros de «TNT», un clásico de 1975, mientras unas largas lenguas de fuego surgían de los costados de la batería de Rudd.

Young volvió a demostrar por qué es un guitarrista endiablado, por qué el stone Keith Richards lo admira, cuando arrancó con el riff de «Whole Lotta Rosie» del disco «Let There be Rock» en el que la puesta tuvo otra invitada destacada: una gigantesca muñeca inflable que simulaba ser una prostituta, vieja y gorda.

En «Let There Be Rock», Young recorrió la pasarela hasta el centro de la cancha y mientras una plataforma lo levantaba por el aire se despachaba con un solo al que luego le siguió una larga zapada entre la Gibson del guitarrista y las gargantas de la gente.

Por unos minutos, el grupo abandonó el escenario y volvió para entregar su gran contribución al rocanrol «Highway to hell» que sonó atronadora, mientras la gente explotaba en gozo.

A lo largo de toda la noche, AC/DC condujo a 55 mil fans por una autopista hasta el mismo averno, un infierno que estuvo y estará encantador durante tres noches.

La despedida fue con «For Those About to Rock (We Salute You)», a cuyo final sonaron las salvas de unos cañones de utilería que emergieron de los costados del escenario, a los que se sumaron fuegos artificiales arrojados al cielo desde una zona cercana a River.

 

Fuente Redacción Z
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