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Animal de cine

Encontró escenas desconocidas de un clásico de Buster Keaton. En 2008, había hallado la versión original de Metrópolis.

Por Diego Oscar Ramos
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Fernando_martín_peña

El gen de la exploración vibra con fuerza en Fernando Martín Peña, gran coleccionista y divulgador cinematográfico.

El conductor del ciclo Filmoteca, que se ve por la TV Pública, forma parte de una prosapia de cinéfilos aventureros cuyo mentor fue el gran Salvador Sammaritano. La mención no es casual. Más de una vez Peña se refirió a él como a su maestro: además de compartir emisora –Sammaritano condujo allí Cine Club durante varios años– ambos trabajaron juntos en la programación del mítico Cine Club Núcleo.

Peña exhibe una trayectoria intensa como periodista, investigador y docente. Tuvo a su cargo la dirección artística del festival Bafici, programa ciclos en el Malba y el contracultural Bazofi en el auditorio del Enerc. Como historiador, publicó un magnífico Cien años de cine argentino (editorial Biblos). Pero no sólo esto. Su nombre quedó en la mira de los que más saben de cine en el mundo por dos hechos notables, ligados a la restauración de material considerado sagrado. Primero, porque logró reconstruir la gran obra expresionista Metrópolis (Fritz Lang, 1927) en su metraje original, con restos que se creían perdidos definitivamente. Y por si esta hazaña fuese poco, su adoración por el gran comediante norteamericano Buster Keaton le trajo un goce único este año, cuando encontró una serie de escenas desconocidas de The Blacksmith (El herrero), un film de 1922 que pudo presentar en versión completa en su propio ciclo televisivo.

¿Cómo se siente encontrar ese tipo de gemas perdidas del cine?

Es lindo, obviamente. Soy historiador, desde muy chico estoy fascinado con este tipo de materiales. Sobre Keaton pensé que lo sabía todo, si hasta llegué a entrevistar a su viuda y pensé que no podía llegar más lejos, pero me topé con algo que no sabía que existía. Igualmente, creo que se ha publicitado mucho porque estamos hablando de cosas que todavía son muy influyentes en la historia del cine, incluso de las pocas cosas de la época muda que siguen importando hoy a un público general. Con Metrópolis estuve buscando durante mucho tiempo, pero tuve la suerte de dar con la gente que me ayudó a encontrarlo. Con Keaton no estaba buscando nada, fue una aparición, porque estaba entre películas que Fabio Manes (coleccionista y coconductor de Filmoteca) había guardado en su momento. En el exterior es donde le están dando importancia a esto, porque saben bien quién fue él, y acá muchos particulares también, lo noto en las redes sociales y los cinéfilos, pero no tanto los medios de comunicación.

¿Cuál creés que debe ser el rol del Estado para mantener la memoria de la imagen filmada?

Mirá, los Estados han intervenido relativamente tarde en el rescate del cine, porque es una industria que está mayormente en manos privadas. En el caso de una cinematografía periférica como la nuestra, el Estado empieza a intervenir en la producción cerca del 47. Desde entonces, lo que no se ha hecho tanto fue preservar aquello que se produce. Acepta poner dinero para que siga existiendo el cine nacional, pero no hace nada para que esa imagen se pueda preservar en el tiempo. Ésa es una deuda que arrastramos. Se ha mejorado en los últimos años, pero faltaría una cinemateca nacional para iniciar una política –aunque sea tardía– de preservación de nuestro acervo audiovisual.

No se trata solamente de dar subsidios, entonces.

Es que tiene que ver con el sentido común. Si el Estado invierte plata, también es quien debe cuidar lo que viene produciendo. Es parte del mismo proceso. Hay que trabajar fuerte con la difusión de lo que se produce. Y con la historia, porque el tiempo corta el vínculo cultural con cierta producción: hay generaciones que no saben quién fue Luis Sandrini u Olinda Bozán.

¿Qué dirías que es una buena película?

No se puede simplificar, porque cada película que uno considera interesante estimula zonas diferentes de la cabeza. Hay cosas que proyectamos en el Bazofi que la critica ortodoxa vería como abyectas, pero nos parecen divertidas o nos informan sobre algo. Lo mejor del cine es que es inabarcable. Es cierto que yo creo que hay un cine malo, sin duda, pero pasa por lo que me aburre, lo que no me genera nada excitante.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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