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TEMAS DE LA SEMANA

Ania Tizziani: «No se prevén herramientas de fiscalización»

Especialista en desigualdad social, informalidad y precariedad laboral, la entrevistada dice que hay que abandonar los vínculos paternalistas y asumir una relación laboral.

Por Alejandra Hayon
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Ania _Tizziani

¿Cuál es la situación de las empleadas domésticas?

Sólo el 20 por ciento está registrado, unas 200 mil. Es muchísimo si pensamos que el blanqueo aumentó como consecuencia de las políticas públicas encaradas para regularizar la actividad. Pero a la vez es ínfimo, sigue siendo la actividad con menor registro y mayor precarización junto con la de peones rurales. En la ciudad es la actividad más informal.

¿Cuál fue el impacto de las políticas para regularizar la actividad?

La precarización e informalidad son históricas. Empezaron a revertirse recién en 2006 cuando se les permitió a los empleadores deducir de Ganancias el salario y los aportes de las empleadas domésticas. Esto facilitó la inscripción y produjo el primer diez por ciento de registro. La sanción de la ley en 2013 generó otro diez por ciento. Pero los niveles de informalidad siguen siendo altísimos: 80 por ciento a nivel nacional y más del 60 en la ciudad.

¿Por qué?

Desde siempre el trabajo doméstico fue una ocupación feminizada y asociada a la imagen de servidumbre, de la sirviente y, antiguamente, de la esclavitud. Nunca estuvo vinculada con acceso a derechos. Es necesario desarmar el imaginario que hoy tiene un peso paternalista como la carga afectiva, la idea de que la empleada “es parte de la familia”, “es la chica que me ayuda” y reconocerlas como cualquier otro asalariado. Es necesario asumir el vínculo con la trabajadora doméstica en el marco de una relación laboral contractual y no como parte de una relación familiar, afectiva o de favores.

¿Cuáles son las virtudes y los problemas de la nueva ley?

A pesar de que no se cumple como debería, tiene un impacto positivo porque establece un piso mínimo en las condiciones de la actividad. Las empleadas cada vez conocen más sus derechos y de a poco se animan a reclamarlos y los empleadores, por su parte, no pueden negar la existencia de este marco normativo. La ley siempre empuja para arriba las condiciones. Una complicación es que no detalla las características del tipo de trabajo doméstico. Cuál es el ritmo de trabajo y si la limpieza general incluye escaleras, paredes y veredas, por ejemplo, es todavía una negociación informal entre las empleadas y los empleadores. De todos modos, el problema más importante es que no se prevén herramientas de fiscalización. Como no existen las inspecciones no se puede entrar a un domicilio particular para ver si hay o no empleadas domésticas sin registrar.

DZ/ah

Fuente Redacción Z
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