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TEMAS DE LA SEMANA

Ángel Mahler: ‘Hoy estoy bajo la dirección de mi hijo’

A 20 años de su estreno, repuso ‘Drácula’ junto a Pepito Cibrián.

Por Cecilia Alemano
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Lleva el pelo largo y re­vuelto como siempre, y tiene los ojos vidriosos. Explica que esta tarde hicieron su primera función popular (con entradas a 100 pesos para todos) y que desde la prime­ra fila, una señora, abrazada a su hija, le hizo un gesto de aproba­ción. Él no aguantó las lágrimas. «Drácula tiene algo que produce una emoción muy especial», dice Ángel Mahler, y asegura que to­davía no descifró del todo qué. «Por un lado la gente quiere cam­biarle el final. Muchos vuelven a ver la obra porque quieren que no termine así. Y, por otro lado, hay algo con la música, que tiene una enorme ansiedad. Hay una situación que se resuelve, pero no de la manera que quisieras, sino en un final feliz no tan feliz. Así que la música está impregnada de todo eso». No hay duda: el composi­tor tiene bien estudiado el musi­cal que creó con su amigo Pepe Cibrián hace ya 20 años.

¿Cambió algo en esta última reposición?
Renovamos todo. Hay nuevas es­cenografías y nuevos efectos es­peciales. Yo reescribí la orques­tación, después de tanto tiempo tuve ganas de meter mano…

¿Encontraste un Ángel más joven e inexperto al abrir las partituras?
En aquella época fue todo muy rápido. Tito Lectoure nos avisó que estrenábamos cuatro meses antes. Había que armar todo en tiempo récord. Después no las to­qué más por cábala. Este año me decidí. Me ayudaron mi hijo Da­mián y mi mujer, Dolores.

Damián dirige la orquesta con sólo 22 años.
Sí, compartir esto con él es mara­villoso. Yo toco el piano dentro de la orquesta, así que estoy literal­mente bajo la dirección de mi hijo. No existe nada parecido a la com­petencia entre nosotros. Damián fue siempre muy precoz. Sabe y recuerda todo, y ama esto.

Imagino que te recuerda a vos mismo cuando arrancaste…
Cuando se estrenó Drácula yo te­nía 31 años. La mamá siempre lo traía, y él en el final se colgaba de mi pierna. En casa cantaba el tema de amor de la obra con su hermanito. Tenías que verlos, en­tonando «Tú y yo quién nos pue­de separar» a los gritos (ríe). Aho­ra Emmanuel estudia canto con Juan Rodó, y guitarra eléctrica.

Los dos con inquietudes musi­cales. ¡Sos el ídolo de tus hijos!
No sé…. Si les puedo legar algo, ge­nial. Lo que sí es innegable que me ven apasionado por lo que hago.

Vivís en Pilar hace ya algu­nos años, ¿estabas cansado de Buenos Aires?
Estoy muy contento allá. Puse un conservatorio en un shopping que enseguida funcionó. Mi mujer da clases de violín y yo le enseño pia­no a Irene, mi única alumna, que tiene 74 años, me hace caso y toca bárbaro. Buenos Aires me gusta, pero cuando salgo de las funcio­nes me amargo mucho. La gen­te que tiene a cargo esta Ciudad no debe pasar nunca por Corrien­tes y Callao de noche. Yo viví esta zona de otra manera. Al jefe de Gobierno le llevé en 2007 un pro­yecto para mejorarla. Consistía en una serie de modificaciones desde acá hasta el Bajo para que todo es­tuviera más lindo y tranquilo. No prosperó. Costaba cero pesos por­que eran cosas de nuestra inven­tiva -de Pepe y mía-, que conse­guíamos haciendo arreglos con distintas empresas.

Tu eterno compinche, Pepito, lagrimeó en el estreno. Vos hoy. ¿Son los años?
Es que la luchamos mucho. Y hoy vemos en los chicos -su sobrina, que protagoniza la obra, y mi hijo- nuestros logros. Estamos llorones, ¡pero estamos bien!

Al terminar la charla, en el hall del Astral un muchacho saca tan­das de pochoclos. Un hombre, vestido con el uniforme del tea­tro chequea que esté bajo el telón antes de abrir la puerta de la ave­nida. Detrás del puesto de souve­nirs, una chica espera que entre el malón a llevárselo todo: CD´s, re­meras, partituras, tazas y lápices. En otro rincón, Pepito y Mahler se dicen algo en secreto, con el gesto cómplice de quienes se conocen desde hace una eternidad. Drá­cula volvió a las tablas, a 20 años de su estreno, y ya está todo listo para que empiece otra función.

DZ/km

Fuente Redacción Z
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