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Andrés Rieznik: «La magia tiene muchísimo para aportarle a la neurociencia»

El físico, especialista en procesos mentales y mago desde los ocho años, asegura que se debería mirar el mundo a partir de la ciencia: desde la educación hasta la política.

Por Daniela Pasik
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Es como un Leonard, de The Big Bang Theory, pero alto. Hijo de Pablo Rieznik, un economista marxista que escribe libros que hablan del amor y elogian la pereza, él cree que el mejor ejercicio cognitivo es educarse permanentemente, aunque de un modo divertido y accesible.

También nieto del impresionante intelectual argentino Amílcar Herrera, uno de los científicos latinoamericanos más reconocidos, desde muy chico jugó a querer saber más sobre todo. Ahora, de grande, Andrés Rieznik es doctor en Física, investigador del Conicet y un fanático apasionado de Carl Sagan. “Me metí en la ciencia desde una admiración absoluta a la vieja guardia, me gustaba todo eso que le interesa al nerd clásico”, se excusa divertidamente.

“La magia no depende sólo de los magos, también tiene que ver con el recorrido de nuestros circuitos neuronales”, dice. Habla rapidísimo, como si tratara de abarcar las millones de ideas que le llegan por segundo, y asegura, con absoluta seriedad, que los magos son los que más le están aportando actualmente a la ciencia.

Une todas estas facetas en dos ramas. Por un lado, usa su memoria prodigiosa para hacer un espectáculo de cálculo mental en Tecnópolis que se llama Matemagia. Por otro, escribió el libro Neuromagia, recientemente editado por siglo veintiuno dentro de la colección “ciencia que ladra…” dirigida por el biólogo y divulgador Diego Golombek. En el subtitulo está la clave, el corazón del asunto, el de qué se trata: “Qué pueden enseñarnos los magos (y la ciencia) sobre el funcionamiento del cerebro”.

Las neurociencias últimamente ocupan el centro de la escena y generan libros, conferencias, consultorías, charlas y hasta películas, como la recientemente estrenada Intensamente. Rieznik supone que el fenómeno se relaciona con cierta demanda de encontrar atajos hacia la genialidad y advierte sobre lo que llama “neurochantas”, que prometen resultados rápidos.

“En otra época había muchos médiums, que se comunicaban con seres muertos. Bueno, como hoy en día eso ya no tiene credibilidad, la neurociencia pasó a ser un campo en el que mucha chantada vio una forma nueva de estafa”, asegura. De pronto, en medio del caos creativo de su mente, encuentra el hilo de una charla que tal vez no empezó, pero lo retoma igual, y comenta que él está en contra de decir la palabra “ciencia” y explica: “Esa palabra existe porque la inventaron las religiones. Y la verdad es que no debería existir”.

¿Cómo es eso?
Solamente la uso por una cuestión de comunicabilidad, pero en vez de “ciencia” prefiero decir “pensamiento honesto”. En un futuro lejano, cuando los padres les cuenten a sus hijos el significado de esa palabra extinta, les van a explicar algo como esto: “Antes, la gente creía en fantasías, pero comenzó a haber textos que decían verdades. Entonces, para distinguirlas, se las llamó ciencias”.

¿Hablás de religión versus ciencia?
Sí y no. Es ciencia porque no es religión. La astrología, por poner un ejemplo práctico, también es un modo religioso de pensar las cosas. Lo contrario a la astrología es observar, en vez del área “amor” de un horóscopo, cómo se da el cortejo entre humanos para investigar esos patrones y ver qué tendencia muestran. La ciencia es pensamiento honesto y abierto, sin dogmatismos.
¿No es algo que se pueda comprobar empíricamente?
Sí, aunque no siempre. La matemática es una ciencia y muchas veces hace cosas divertidísimas, pero que no sirven para nada.

¿Como vos con la matemagia?
Sí, claro, ja ja. Yo hago cálculo mental rápido, y es más una destreza que otra cosa. Es lo mismo que cuando Usain Bolt corre rapidísimo. Es algo lindo de ver, pero no sirve para nada, científicamente hablando.

¿Sin embargo, el espectáculo no acerca a los chicos a la matemática?
Claro, en ese sentido sirve como divulgación entretenida. A mí me encanta la idea de acercar lo que llamamos ciencia a la gente que cree que es difícil o aburrida. Me siento bárbaro cuando veo que logré trasmitir un poco este pensamiento crítico, escéptico, que nos lleva a preguntar, a querer saber más. No es posible que la iglesia siga imponiendo sus ideas en pleno siglo XXI, como por ejemplo su postura homofóbica. Y así, cuantos más seamos los que pensamos honesto, menos posibilidad va a haber de que siga intentando decidir sobre lo que millones de argentinos aman, entre otras cosas.

¿Estás militando algo, de alguna forma, entonces?
Sí, porque siento que hay una batalla que dar. En ese sentido, desde mis conocimientos, soy un militante, para ayudar a crear un pensamiento honesto que tenga una mirada crítica sobre lo que quieren imponernos como verdades y no lo son. Está en el libro, además. Sobre el final digo algo como que esta forma de ver el mundo es mucho más valiosa que las formas religiosas.

¿Ser divulgador científico hoy podría ser la forma de acercar a la gente al pensamiento honesto?
Hay en la Argentina, por suerte, una nueva legión de cuidadores de este pensamiento que ayudan a que sea cada vez más masivo. Los que mejor representan esta tendencia son los chicos de El Gato & la Caja, que son tres pibes que usan un lenguaje muy copado para acercar el pensamiento honesto, lo que sería la ciencia, a la gente en general. Tienen un programa de radio, libros, página de Facebook, Twitter. Son unos locos y se definen como “ciencia pop”. Yo me siento parte, con las pequeñas cosas que hago, de este grupo de gente maravillosa. Y además soy mago. Ja ja. O sea, ésa fue mi excusa para meterme con la neurociencia y tuve la suerte de poder escribir sobre neuromagia.

¿Al decir “nosotros” cuando hablás de neuromagia de qué lado te ponés?
Claramente en el lado de los magos. Estudio magia desde los ocho años, tuve grandes maestros y aunque sea físico, yo me siento un mago. Desde los 10 años que me gusta leer teoría mágica, psicología en la magia y, sin saberlo, desde chico estaba estudiando la mente humana y lo que hoy estudia la neurociencia.

¿Qué es la neuromagia?
La defino como un conjunto de conocimientos que comenzaron hace aproximadamente diez años gracias a la colaboración entre magos profesionales, ilusionistas y científicos cognitivos. Un mago tiene un montón para decir sobre cómo funciona la mente y eso explica esta interacción que resulta en la neuromagia. Creo que este florecimiento que hay actualmente en la neurociencia hizo que se redescubra el conocimiento de los magos como algo que puede estar repleto de valor.

¿Qué aportan exactamente los magos a la ciencia?
Desde hace milenios, lo que hacen los magos es entender cómo funciona la mente y hackear esos circuitos. Por ejemplo, distorsionando o jugando con la percepción. También conocen cómo evaluás tus decisiones. Entonces, para todo lo que tenga que ver con la recepción, percepción y memoria, la magia tiene muchísimo para aportarle a la neurociencia. Los magos nunca estudiaron esto con rigor científico, sólo desde un lugar de oficio práctico. Entonces, una materia pendiente es que hagan una revisión sobre los conceptos de neurociencia en la magia. De forma organizada. Por eso estoy tan entusiasmado con este romance entre la magia y la ciencia, porque creo que hay muchos sitios para recorrer que están al alcance de la mano.

¿Está de moda la neurociencia?
Moda suena malo, pero podríamos decir tendencia. Creo que hay grandes avances en el seguimiento del cerebro. Pero hay que tener cuidado de no caer en la neurochantada, que, lamentablemente, abunda. Hay un sueño general de ser genio rápidamente y se quiere creer que existe un método neurocientífico para aprovechar mejor el cerebro. Eso tiene que ver con cómo funciona la sociedad de hoy, que busca resultados rápido y sin esfuerzo. Por eso hay mucho chanta que roba por el lado de la neurociencia y te dice que así, de tal forma, se consiguen resultados veloces. Nunca es verdad.

¿En qué cosas prácticas cotidianas se puede aplicar la ciencia?
Creo que el conocimiento siempre es mejor que la ignorancia. En cualquier área o materia. Hay cosas que para algunas personas son obvias y para otras no. La ciencia va con todo. Porque es eso: un pensamiento honesto. Por eso me parece que hoy en día sería muy interesante aplicar la ciencia a la educación, por ejemplo.

¿Cómo?
Sería ideal que la educación esté basada en la evidencia y que siempre se esté evaluando esa evidencia. Para crear planes y modos de estudios que funcionen realmente con estos chicos en estos tiempos. Eso desde el lado de la docencia. Y también para que los alumnos desarrollen su pensamiento honesto, crítico, curioso.

¿Estamos, de alguna manera, con este interés general en la ciencia, orientándonos hacia un lugar mejor?
A mí me gusta pensar que los que hacemos divulgación estamos logrando que la gente quiera ser más científica en su forma de ver el mundo. Ojalá que este modo de pensar, honesto, que busca pruebas, oriente a la población a mirar así también a la política, donde en general parece que se argumenta como se hincha por un partido de fútbol. Hay que buscar evidencia de las cosas. Que los votantes tengan una mirada más crítica frente a lo que les digan. Para dejar de hinchar por uno o por otro porque sí. Y que se comiencen a ver los argumentos. Así los evaluamos, buscando y pidiendo evidencias. Creo que le haría muy bien a la política, a la ciudad y a la gente que haya una mirada más científica en ese sentido.

Andrés Rieznik: Nació en Buenos Aires, el 1 de octubre de 1976.
Es doctor en Física e investigador del Conicet en el área de fotónica y comunicaciones ópticas.
Publicó el libro de divulgación Neuromagia.
Mago y matemago, realiza junto a Maximiliano Giaconia Matemágica, un espectáculo de destreza mental en La Nave de la Ciencia de Tecnópolis.

DZ/ah

Fuente Redacción Z
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