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TEMAS DE LA SEMANA

Andrés Gallardo: «Mi tarea es proteger a los sectores excluidos»

El defensor general adjunto ve posible un giro político del electorado porteño, desilusionado por el déficit de gestión del gobierno local, y no descarta su salto a una candidatura, a la que ve como “otro rol” dentro de una línea de acción .

Por Romina Calderaro
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Andrés Gallardo

Precisión y convicción. Precisión porque elige las palabras y piensa antes de contestar, porque ceba mate con cuidado. Convicción porque Roberto Gallardo, ex juez en lo Contencioso Administrativo y Tributario y actual defensor general adjunto de la Ciudad, no niega que hace política desde cada cargo que ocupó en la Justicia y admite que su línea de acción es ayudar a los excluidos del sistema, desde el lugar que le toque. Su último acto como defensor fue presentar una denuncia penal contra Mauricio Macri por “abandono de persona”: el SAME no entra a las villas y en muchos casos quienes necesitan atención médica urgente mueren.

¿Podría dar más detalles del planteo judicial porque las ambulancias no entran a las villas?
La denuncia es en el marco de nuestra obligación como funcionarios públicos de poner en conocimiento de la Justicia determinadas circunstancias. En este caso, con la llegada tardía o la no llegada de las ambulancias del SAME circunscriptas a un barrio pobre que es la Villa 21-24 en Barracas. Los casos mortales se dan en un bimestre. Pero esta situación se replica en todos los barrios pobres del cinturón sur, en la Villa 31, en Rodrigo Bueno. Lo llamativo es que en dos meses, en un solo barrio, hay seis casos con cinco muertos.

¿Este problema se dio también en gestiones anteriores?
Creo que es un tema anterior a la gestión de Macri, lo que pasa es que se va profundizando. Sin embargo antes el límite eran “las villas”, hoy los barrios entre comillas “peligrosos” son Villa Lugano, Piedrabuena, Villa Soldati. Se va ampliando. Si seguimos con esta progresión, en algún momento, de avenida Rivadavia para el sur va a ser un lugar con atención diferenciada. Se supone que en un sistema democrático y participativo, como marca la Constitución de la Ciudad, estos fenómenos deberían revertirse, no profundizarse. Y deberían circunscribirse geográficamente hasta desaparecer. Pero están aumentando y extendiéndose geográficamente.

¿Y eso sí es responsabilidad de la actual gestión?
No tengo ninguna duda. Primero por la inexistencia de política pública o por la existencia de una política pública de segregación. Esto es, en donde claramente se da la instrucción de no ingresar en los barrios. Ha quedado demostrado en varios expedientes judiciales. Además no hay ningún esfuerzo para superar la situación. La realidad es que no hacen absolutamente nada por revertir la situación. Entonces es tomar a las claras que es un rasgo, un perfil de la gestión. De hecho, esta denuncia que nosotros hacemos no la estamos haciendo como hubiera sido lo ordinario, en la Justicia Nacional en lo Criminal y Correccional, lo estamos haciendo en la Justicia Federal porque entendemos que hay además del abandono de persona seguido de muerte una incursión en la figura de la discriminación.

Macri viene ganando las elecciones. ¿Cree que el año próximo podría haber un giro?
Creo que va a haber un giro por varios motivos. En principio porque aun para su segmento electoral el Gobierno no está dando respuestas en lo que fue el planteo de hacer una buena gestión, vamos a ser buenos administradores, buenos gerentes, para ponerlo en términos de empresa. Esto tampoco se cumplió porque el déficit de gestión se traduce en los problemas con el tránsito, el estado de las calles y de los hospitales, con los conflictos docentes, los estudiantes. La base electoral con la que jugó históricamente Macri tiene hoy un nivel importante de deterioro, entonces me parece que no va a tener los resultados que tuvo hasta el presente.

¿Qué se siente ser uno de los hombres más temidos por Macri? Usted lo era como juez y lo es como defensor adjunto.
Uno se acostumbra a todo, o sea el hecho del denostar sistemáticamente, de señalar como factores de perturbación, de freno a la supuesta evolución de la ciudad, es un latiguillo, un mote, un cartel que le ponen a uno y termina siendo intrascendente. Creo que el problema lo tiene él, no me preocupa la calificación sino cumplir con el rol para el que fui designado.

Hablando de ese rol, usted ahora es funcionario. ¿Qué diferencias nota con el rol de juez?
Tiene sus ventajas y sus desventajas. Efectivamente, en términos de decidir y ejecutar es mucho más ejecutivo el cargo de juez porque permite tomar decisiones e incidir en forma inmediata en algunos asuntos y desde ese punto de vista es interesante y creo que yo lo he ejercido hasta el máximo de las posibilidades. Ese aspecto es extrañable. Digamos ahora que este otro cargo permite un conjunto de cosas que el de juez no admite que tiene que ver con tomar partido. No quiere decir que los jueces no tomen partido, pero acá es mucho más explícito, más libre en el sentido de lo que uno puede decir y de con quien se puede reunir y como puede expresar lo que siente y lo que piensa, ésta es la parte positiva que tiene este segundo rol o sea creo que es un rol más expansivo.

¿Hay justicia en la Argentina?
Esta pregunta tiene dos respuestas posibles: una desde un punto de vista formal, institucional, o sea si funciona un Poder Judicial en la Argentina. Diría que sí funciona un Poder Judicial. Desde el punto de vista sustantivo creo que faltan muchas cosas, faltan muchos logros en términos de sistema político y social para hablar de la existencia de justicia en la Argentina.

Los jueces tienen muchos privilegios. ¿Cómo se hace para mantener la sensibilidad con los desfavorecidos?
Eso depende de la historia y de la conformación de cada una de las personas, es cierto que hay muchos casos en los cuales el ascenso en el estatus político o del funcionariado o de la burocracia política ha implicado perder contacto con la tierra y entonces los supuestos representantes del pueblo o funcionarios del Estado empiezan a perder vinculación con las bases sociales, con el pueblo, con la gente de su barrio, de su edificio. Pero yo creo que en realidad lo que determina la posibilidad de mantenerse en una línea es la historia y la fibra de cada persona. En una oportunidad alguien me dijo que el poder no cambia a las personas sino que las desnuda. Esa frase me pareció muy verdadera. Cuando las personas tienen fibra y tienen historia no cambian por los cargos que ocupan.

¿Le gustaría ser jefe de Gobierno?
Creo que los roles que fui ocupando hasta ahora han sido útiles. Creo que son cargos políticos también, no soy de los que opinan que el juez es apolítico. El juez es esencialmente político y hay quienes esconden su ideología y su postura bajo un supuesto discurso de neutralidad, pero inciden y hacen tanta política como aquellos que decimos qué somos y qué pensamos. Mi cargo actual también es sumamente político y desde ese punto de vista, desde esa política institucional y estatal, sigo haciendo política y si el día de mañana la política tuviera que pasar por una cuestión de naturaleza electoral será otro rol más dentro de una línea de acción.

¿No lo descarta, entonces?
No, siempre consideré que el límite de mi tarea actual es la utilidad, en la medida que considere que lo que hago sirve porque contribuye a proteger a los sectores que están excluidos lo voy a seguir haciendo. Cuando considere que es más útil hacer otra cosa, lo haré.

Suele repetirse que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen. ¿Está de acuerdo?
No estoy de acuerdo. Creo que el fenómeno político es mucho más complejo. Una sociedad periférica como es la nuestra hoy se encuentra sojuzgada por varios factores: por los factores de vaciamiento de los esquemas democráticos; por la invisibilización del enemigo –el enemigo político empieza a desaparecer, no se sabe contra quién hay que ir–; por la hegemonía militar mundial de Estados Unidos, que aparece como un policía mundial que destruye todo el andamiaje del derecho internacional público en el mundo, por la dominación mediática que orada los cerebros en forma sistemática. Todos estos factores contribuyen al disciplinamiento de los pueblos, entonces creo que sería muy injusto y muy simplificador decir que el pueblo tiene lo que se merece. El pueblo es víctima de un sistema mundial de opresión y lo que tenemos que hacer aquellos que tenemos la dicha de tener la panza llena y el cerebro funcionando es ayudar a generar conciencia y niveles de acción para superar esos procesos de opresión y entonces los pueblos tendrán, cuando hayan adquirido conciencia y capacidad de liberación, el gobierno que se merezcan.

¿A qué le tiene miedo?
Creo que uno, con los años, empieza a tener una relación muy particular con el miedo porque comienza a hacerse amigo. Uno muchas veces no es consciente de que camina o respira. Por ahí se da cuenta de que camina cuando se cae o de que está respirando cuando le falta el oxígeno. El miedo, cuando uno tomó en determinado momento la decisión de transitar un camino, empieza a ser como un compañero de ruta. Lo que si empecé a notar hace bastante tiempo ya es que ese compañero no tiene demasiada incidencia en lo que yo hago.

Fuente Redacción Z
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