Tiempo en Capital Federal

15° Max 10° Min
Cubierto con lluvias
Cubierto con lluvias

Humedad: 63%
Viento: Suroeste 32km/h
  • Martes 17 de Mayo
    Cubierto con lluvias10°   15°
  • Miércoles 18 de Mayo
    Parcialmente nuboso11°   17°
  • Jueves 19 de Mayo
    Nubes dispersas10°   15°
Estado del Tránsito y Transporte
Actualizado: 16/05/2022 14:53:41
Tránsito
Trenes
Vuelos
Cargando ...

TEMAS DE LA SEMANA

Andrea Álvarez: ‘Soy freak pero popular’

La baterista más prestigiosa del país repasa su carrera en el rock.

Por Cecilia Alemano
Email This Page

En su estudio del Abasto -empapelado de afiches de recitales y de su ídolo Frank Zappa-, suena fuerte su carcajada, monocorde y prolongada. Por debajo de su melena cuidadosamente descuidada, lleva un look bien rockero que incluye calzas, botitas y chaqueta de cuero. Andrea Álvarez es rock en estado puro. Arrancó con Rouge, que integró junto a María Gabriela Epumer, Claudia Sinesi y Ana Crotti (y su consecuencia, Viudas e Hijas de Roque Enroll). Mostró sus dotes percusionistas con Divididos y Soda Stereo y presentó tres discos solistas, el último, producido por Jim Diamond, ideólogo de White Stripes.

Se define como una artista «de vanguardia y popular», términos que en su diccionario no se contradicen: «De vanguardia, por mi independencia y por ser mujer en este país, con todo lo que eso implica…», dice, y suelta una de esas carcajadas. «Popular, porque participé en situaciones que tienen que ver con la historia de la música popular argentina y porque tengo una relación popular con el público. Si bien mi música no se digiere tan fácil -aunque para mí es resimple- no soy sofisticada. Soy freak, pero desde un lugar popular».

Nacida en Burzaco, a la que define como una ciudad muy musical y de donde salieron -enumera- Babasónicos, Manal, Los Brujos y El Otro Yo, desde chiquita estudió clarinete y flauta dulce en la escuela de Norman Monk. «Aprendí a leer partituras más o menos como aprendí a leer las palabras. La música es mi lenguaje paralelo.» Después, se sintió atraída por el rock, y allá fue.

¿Cómo es integrar bandas de mujeres?
Lindo. En esa época era como mi primer grupo de amigas. Con Claudia y María Gabriela estábamos siempre juntas. Íbamos para todos lados, tocando todo el tiempo. ¡Éramos como hermanas! Está bueno, en este camino, encontrar mujeres pares. Con lo de «pares» no me refiero a que sean mujeres que toquen y ya, sino a que tengan el mismo compromiso que una. Sentís que hablás el mismo idioma.

¿Cómo recordás a Gabriela Epumer?
Teníamos diferencias de intereses, pero nos unía esa amistad que se crea cuando una se hizo amiga en un momento importante. Éramos como hermanas musicales. Había un cariño que iba más allá de si coincidíamos en nuestro estilo de vida. En aquel entonces, no había otra posibilidad que nuestra unión.

¿Lo de «la mujer en el rock» te parece una distinción anticuada o la reivindicás?
Eso marca la misoginia que hay, porque en realidad las mujeres hacemos música en el rock pero somos todas distintas. No hay ninguna que haga la misma música que yo. Entonces por ahí te ponen en un festival porque es el día de las mujeres, sin importar el estilo musical. ¡Y a nadie se le ocurriría mezclar a los varones nada más que porque son hombres!

¿Te enoja o ya te resignaste?
Ya estoy resignada, no me puedo enojar ante cosas tan retrógradas. Lo que pasa es que todas terminamos diciendo que sí porque no tenemos lugares para tocar.

¿Hay algo estrictamente femenino en tu modo de ser baterista?
Sí, como en todo lo que hago. Mi encanto es eso. Tengo conciencia de género y me hago cargo. No hago música, entre comillas, de minita, a la que los chabones llaman así. Mi música es totalmente femenina, con un ingrediente de potencia que hace que no sepan dónde carajo ponerla.

¿Te gusta esa no clasificación?
No, no me gusta. Yo sé muy bien dónde ponerme, pero parece que en general es una incomodidad.

Álvarez se define como un ser urbano. «Vivo en el centro desde los 27 años. Me banco el Gran Buenos Aires, el pasto y todo eso…, un rato. Pero a mí dame cemento y ruido.» Cada vez sale menos de noche. Un poco porque es madre -de Pablo, de 10 años- y otro poco porque la escena nocturna ya no es la que conocía: «Desde Cromañón se redujeron los lugares donde tocar, y los que hay no tienen buenos equipos de sonido. El negocio de la música cambió. En esta Ciudad hay quienes gastan muchísima plata en comer afuera, y no invierten lo que sale un balón de cerveza en ver un show chiquito, y compartir un momento. No se busca la movilización ni el cuestionamiento. La gente te venera en Facebook o en la calle, pero después a los recitales no va».

 

Fuente Redacción Z
Email This Page
0 Comentarios
Sé el primero en dejar un comentario!

Deja tu comentario