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TEMAS DE LA SEMANA

Ana Padilla: «Nunca dejo de aprender»

Pionera en el teatro musical y una de las artistas más completas del medio, repasa su carrera y recuerda a César Pierry, su gran amor.

Por Teté Coustarot
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anapadilla

Ana Padilla sorprende con su alegría, sus ganas de trabajar y su historia signada de casualidades. Divide sus días de teatro entre dos obras, Casi Tennessee y Melodías de diván. Además, da clases de actuación y de tap, disciplina que enseña desde hace 40 años.

¿Cuándo comenzó tu vocación?
Fui a un colegio bilingüe en donde se le daba mucha bolilla al teatro. Empecé a bailar a los siete y a los quince entré en el Conservatorio de Música. Cuando terminé el colegio ya había descubierto que me quería dedicar a esto y fui al Conservatorio de Arte Dramático. De muy chica quería ser veterinaria. Amo a los animales, me crié en el campo. Pero el bichito teatrero me ganó. Hasta fui al Actors Studio.

El Actors Studio, donde fueron Marlon Brando, James Dean y Robert De Niro entre otros, es el sueño de todo actor.
Conseguí una beca de casualidad. Mi idea era irme a vivir afuera y aproveché y di el examen. La beca era como oyente, por un mes, pero como hablaba inglés participé de las improvisaciones en clase. A mi regreso, en 1981, audicioné para De aquí no me voy, de Pepe Cibrián, y quedé. Ahí conocí a César Pierry, nos enamoramos y a los 15 días nos casamos.

Él fue un famoso actor humorístico durante los 80. Falleció dos semanas después de haber tenido un accidente grabando Detective de señoras en 1992, cuando le explotó una granada de humo. ¿Todo tenía que ser rápido en su vida?
El nuestro fue un amor impresionante. Estuvimos juntos siete años. Cuando se accidentó ya estábamos separados, pero nunca habíamos dejado de estar juntos.

¿Desde ese momento empezaste a relacionarte con la gente del teatro?
Sí, y además seguí estudiando y entrenándome. Para mí eso es fundamental. También estudié cinco años de dirección, los últimos tres con Rubén Szuchmacher.

¿La televisión no te interesa?
Hice varias cosas, pero en general fueron participaciones chicas. Lo que me dio un espaldarazo enorme fue trabajar con China Zorrilla en teatro. Hice tres obras con ella y tuve la suerte de verla y compartir cosas en sus últimos días. Me acuerdo que un día sonó el teléfono de casa y casi me muero de un infarto: era ella. Me invitó a ver Una margarita llamada Mercedes esa misma noche. Cuando terminó, me preguntó si me había gustado y cuando le dije que sí, me contestó “bueno, empezás pasado mañana”. Con Fiebre de heno me hizo lo mismo también.

Y no paraste nunca.
Hice Calígula y otras obras con Pepe Cibrián, tuve un período con el teatro off y hace unos años hice un unipersonal que se llamó Córnea, que tuvo muchos premios y nominaciones.

¿Te llegó la necesidad de dirigir?
Me gusta el teatro en todos sus ámbitos, delante y detrás de escena. Me encanta estar con actores y trabajar con ellos. Ahora dirijo un elenco amateur y me encanta. Son gente de entre 18 y 30 años.

¿Los chicos de hoy tienen vocación o la búsqueda de fama desvirtúa todo?
Al que quiere ser famoso y nada más, le muestro la flecha de salida. A mí me gusta la gente a la que le gusta el trabajo. El teatro es riguroso, no es solamente pasarla bien. Esta profesión es muy exigente.

Y el presente te encuentra con dos nuevas obras.
Casi Tennessee es un espectáculo basado en la dramaturgia de Tennessee Williams. Comparto elenco con Mónica Buscaglia y nos dirige Edgardo Dib. Y Melodías de diván…

¡Con ese nombre imagino cantantes y psicoanalistas!
Somos cinco mujeres que cantamos boleros. Dos terapeutas unidas por la profesión y tres pacientes, todas terminamos conectadas. La obra es de Gastón Marioni y estoy muy feliz de que me hayan convocado junto a un elenco de actrices increíbles como Graciela Pal, Roxana Randón, Magali Sánchez Alleno y Julia Zenko. Nunca dejo de aprender.

Me encanta el tema del tap en tu vida.
Fue un poco de casualidad. En el colegio a donde iba bailaba escocés y la profesora empezó a dar clases de tap. A los dos años, cuando yo tenía 17, me ofreció enseñar a mí. Este año cumplo cuatro décadas de docencia. Es algo que me encanta. El tap es hacer música con los pies, como un baterista la puede hacer con las manos. Junté todo lo que había estudiado en el Conservatorio y comencé a jugar rítmicamente.

¿Y dónde das clases?
Alquilo un lugar para darlas. Ahora tengo un grupo de principiantes de entre 20 y 70 años. Se llama “Vos que siempre quisiste y nunca te animaste”. Es gente que no es profesional y que lo quiere hacer por placer. ¡No sabés lo que me divierto!

¿De qué signo sos?
Capricornio, Luna en Leo.

Mira vos. ¡Qué búsqueda increíble tenés todo el tiempo! La Luna en Leo es lo que te hace brillar y a la vez estar muy en la Tierra. Además debés tener una linda casa, seguro. Para Capricornio es importante su casa.

¡Sí! Y en un barrio que amo que es Parque Chas.

¿Ése es tu lugar favorito?
Para mí Buenos Aires es muy mágica, porque encontrás todo. Y Parque Chas que es un barrio de calles redondas, hermoso. Siempre digo que me fui a vivir a Europa, porque estoy en Berna entre Cádiz y Londres. Cuando estaba buscando casa hace cinco años, vi la foto de un PH con un gato blanco y negro sentado en la punta de la escalera. Y como soy muy de los animales, la terminé comprando.

• Casi Tennessee. Los domingos, a las 18, en El Kafka Espacio Teatral, Lambaré 866. Entradas: desde $140.

• Melodías de diván. Los martes, a las 20, en el teatro Picadilly, Av. Corrientes 1524. Entrada: $200.

DZ/sc

 

Fuente Redacción Z
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