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Amadeo Carrizo: “Me faltó patear un penal”

El presidente honorario de River y gloria del club recuerda su carrera.

Por Matías Navarro García
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amadeo_carrizo

Estuvo 23 años bajo los tres palos de River y es considerado, por muchos, como uno de los tres mejores arqueros de la historia de la Argentina. Amadeo Carrizo marcó época: incorporó los guantes y moldeó el puesto. Desde su irrupción, el 1 ya no sólo se dedicó a atajar, sino también a jugar.

¿Qué le dio Amadeo Carrizo al fútbol?
Me considero un colaborador más de los tantos que pasaron y que marcaron historia, estoy dentro de las figuras que hicieron algo por este deporte tan lindo. Algunos son un poquito más y tuvieron la suerte de adquirir más fama. Creo que el haber jugado tantos años me ayudó también. Habré sido bueno, sino no hubiera perdurado tanto en un club como River que te exige al máximo.

¿Se siente un revolucionario del arco?
No lo creo, pero sí hice que el arquero tome un valor más importante dentro del equipo. Antes, en el picado mandaban al más gordito a atajar, mientras que los del campo se divertían. En ese aspecto hice que se cambiara un poco el foco, que se tuviera más en cuenta al 1, que es clave. Es el que menos se divierte, el que vive preocupado por que no le hagan un gol, pero al fin y al cabo también es importantísimo.

Una de sus características más importante era su juego con los pies, algo no muy común en su época… ¿Siempre fue arquero o incursionó en otros puestos?
De chiquito jugaba adelante, pero a los 7 años mi papá se dio cuenta de que tenía características para atajar, en cómo embolsaba la pelota, cómo me tiraba a los costados… y yo también lo fui sintiendo así. Igual, en los picados me iba arriba, de delantero, para adquirir la habilidad de los jugadores de campo. Quería ser un arquero más técnico, no sólo que evitara goles, sino que también tuviera la inquietud de participar del partido constantemente, de cortar rápido la jugada, de adivinar qué iba a hacer el contrario… ése era mi estilo.

Usted formó parte de La Máquina… ¿Qué recuerdos tiene de ese equipo?
Fue una época gratísima, la mejor, porque tuve el alto honor de estar con ellos. Debuté a los 18 años y en las inferiores ya había jugado con grandes figuras, como Alfredo Di Stéfano y Pipo Rossi, y ya en Primera compartí equipo con Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau. Estar con ellos era lo máximo que se podía pedir.

¿Cuál fue el momento más feliz que le tocó vivir en River?
Los campeonatos, porque son los momentos más satisfactorios y de mayor emoción. Son algo maravilloso, que le da muchísima alegría al hincha. También cuando nos tocó jugar y ganarles al Manchester City y dos veces al Real Madrid, que son partidos muy importantes en mi vida.

Después de su exitosa carrera, ¿por qué no dirigió más que seis meses al Once Caldas de Colombia?
Porque nunca fui muy fanático de querer ser técnico. Me di el gusto y la satisfacción en ese período para ver qué aprendía.

¿Siente que hoy Ramón Díaz sufre esa ausencia de jugadores de relieve?
Sin dudas, y sin ellos el técnico tampoco puede figurar en lo más alto. Es fácil, vas a ser mejor entrenador y mejor presidente del club si ganás todos los domingos, y eso se hace con buenos jugadores. Se lo dije una vez a Antonio Liberti y me dio la razón, cuando pasábamos una mala racha. Con grandes equipos vienen triunfos y se forman los históricos presidentes y técnicos.

El día que fue designado presidente honorario dijo esta frase: “Siento que no le fallé a mi viejo”. ¿Le quedó alguna cuenta pendiente en el fútbol?
Posiblemente, patear un penal. No lo hice porque los técnicos me lo impidieron. Solía hacerlo bastante bien, allá a lo alto, al rincón, pero nunca tuve la satisfacción de hacer un gol. En Colombia estuve al frente de algunos tiros libres, pero en River ni Renato Cessarini ni José María Minella me dejaron; creían que era faltarle el respeto a mi colega.

Se viene el Mundial. ¿Cómo ve a Romero, Andújar y Orión?
Los tres están bien incluidos, pero creo que, de poder llevar otro más, ése tendría que ser Barovero, que hizo méritos suficientes para estar. Es un arquero sobrio, que hace lo correcto.

¿Sigue andando en moto?
Cada vez menos, je. Mi familia no está muy convencida, soy un hombre grande y los reflejos se van perdiendo hasta para caminar. Igual es una satisfacción personal que tengo hace mucho; ando dando paseítos por acá, por el barrio, pero donde no haya peligro, por supuesto.

DZ/rg

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