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TEMAS DE LA SEMANA

Alquiler de vientres, hermana chica de la prostitución

La psicóloga analítica Susana Godoy opina que la «maternidad subrogada» es una forma novedosa de explotación del cuerpo de las mujeres.

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embarazadas

Por Lic. Susana Godoy (*)

Hace unas semanas estuvo muy presente en los medios el tema del alquiler de vientres, donde solo fue considerada la situación del padre que contrataba el servicio, en ningún momento se habló de la mercantilización de la madre sustituta, de la madre que vende el óvulo o el embrión y sobre todo y más importante, nadie habló de los derechos del niño a conocer su origen, sus raíces e identidad y el derecho a tener una madre.
Estamos asistiendo a una nueva modalidad de explotación del cuerpo de la mujer, que es tomado como un objeto para beneficio de terceros; se trata de la maternidad subrogada que pone a las mujeres pobres como «criadoras» de hijos genéticos para hombres solos o parejas ricas del mundo.
Son mujeres vulnerables, en general de países con economías emergentes, que por una suma de dinero ceden su útero durante 9 meses para gestar (como si fuesen maquinas incubadoras) el embrión formado por las células de una pareja, a veces parejas gays, o gays solteros que alquilan su matriz. En algunos países esto es legal.
Esta práctica supuestamente solidaria va a contrapelo de la emancipación de la mujer que por unos miles de dólares renuncia a la autonomía sobre su propio cuerpo, su sexualidad y su capacidad reproductiva al tiempo que se violenta física y mentalmente al gestar por 9 meses un hijo que nunca verá.
Digo práctica supuestamente solidaria porque «el paquete completo» cuesta 150 mil dólares.
La mujer que subroga el vientre no pone el ovulo; esto es para evitar que después del parto quiera quedarse con el bebé esgrimiendo sus derechos de madre; al no tener lazo genético con el bebé técnicamente para la ley ella no es su madre.
Solidaridad implica intereses comunes y hacer algo por otro sin recibir nada a cambio; aquí tenemos que el interés del hombre es acceder a un bebé, el de la madre acceder a unos miles de dólares al igual que los intermediarios (clínicas y agencias).
¿Qué diferencia hay entre alquilar la vagina por media hora o el útero por 9 meses o vender un riñón? .
¿Por qué se prohíbe la venta de órganos para trasplante? Y se permite la venta de óvulos y embriones para transplantarlos en un útero alquilado.
¿Cuál es la diferencia ontológica entre la vagina, el útero y el riñón?.
¿El útero de una mujer pude ser objeto de alquiler?.
¿Es lícito y ético alquilar personas enteras o por partes?.
¿Se trata de comercio con el cuerpo de la mujer y el tráfico de niños pero con otros nombres más aceptables para las consciencias ciudadanas?.
¿Siempre el fin justifica los medios?.
¿Hasta donde debe llegar el derecho de unos a procrear y formar una familia?.
Hay una madre biológica que vendió sus óvulos; hay una madre que alquila el vientre y hay un padre que paga por «el paquete completo».
¿Qué pasa con el derecho a la identidad de esos niños comprados y «fabricados» a pedido y en etapas?.
Hay un mercado de esclavos modernos.
Las parejas estériles hetero y homosexuales del mundo desarrollado quieren tener un derecho para satisfacer sus caprichos sentimentales a expensas de las madres biológicas de países pobres» Antonio Gómez Mavellan «Asociación Europa laica» 8/3/2017
Si el alquiler de vientres fuera una actividad solidaria, todas las mujeres sin distinción lo harían ¿por qué solo ofrecen alquilar su vientre las mujeres muy pobres?
Alquiler de vientres es explotación; en occidente se pagan desde 90 a 150 mil dólares de los cuales la cuarta parte llegan a la madre sustituta y el resto se lo quedan las agencias y las clínicas de fertilidad.
Como en la prostitución el intermediario es un explotador y el cliente no es inocente; éste último demanda y paga para que alguien en estado de necesidad satisfaga sus requerimientos que implican que una mujer ofrezca su cuerpo como un objeto.
La clase media europea utilizan a las mujeres pobres de: México, Rumania, Polonia, Ucrania, Nepal e India.
Los más ricos van a Estados Unidos (Chicago, Ilinois y California) y los clientes de clase media van a países emergentes donde el «paquete» completo cuesta la mitad.
En México e India se está pensando en prohibir esta práctica por la violencia que se ejerce sobre estas mujeres que subrogan sus vientres.
S. Sumathi, 38 años, vive en Chennai, India. Trabaja en una fábrica de cueros y gana 90 dólares al mes; su esposo maneja una bici taxi y gana 120 dólares al mes; hace un tiempo aceptó alquilar su vientre para una pareja de extranjeros y la clínica le pagó 3.000 dólares. Nota BBC Mundo Geeta Panday 20/08/2017
Llevar adelante un embarazo solo por dinero bajo el aspecto de «libre elección» supone violentarse a uno mismo física y mentalmente. Además de negarle al futuro niño sus verdaderas raíces, familia e identidad.
La periodista Marisa Brel en dos oportunidades hizo uso de este servicio:»Para mí es algo sumamente natural pensar en alquilar un vientre, la madre sustituta es una madre del corazón que me brinda su cuerpo durante 9 meses para que mi hijo biológico, mío y de mi marido, pueda crecer en su útero como si fuese una incubadora humana que lo alimenta. (…) En la Biblia hace 5000 años ya existía el préstamo de vientres, así que es algo natural.(…) El alquiler de vientres es una herramienta gloriosa para las parejas que no podemos ser padres.» Nota 25/08/2011 La Nación.
Este tema se merece una discusión seria, profunda y ética y una legislación acorde para que esta práctica para muchos es considerada legal pero no ética.
Hasta ahora lo que hemos visto en nuestro país se reduce a una exposición mediática consistente en opiniones de panelistas de programas de chismes de la farándula que se limitan a felicitar al rico y famosos que alquiló un vientre en Estados Unidos, como si se tratase de un héroe.
Nadie menciona los derechos del niño, la madre sustituta que pasa por 9 meses de embarazo y un parto y debe pretender que todo esto es un proceso «neutro» que no la afecta para nada; la madre donante de los óvulos que está en una situación similar al entregar su material genético y finalmente dónde queda la dignidad de las personas mas vulnerables involucradas en este comercio, en esta mercantilización de las personas. Debe haber una ley ética que garantice los derechos de todos los involucrados y no solo los derechos del que tiene los 150 mil dólares.

(*) Licenciada en Psicología. Especialización en Psicología Analítica Junguiana.

Fuente Télam
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