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Alfredo Genovese: «“El fileteado porteño nunca fue reconocido como arte”»

El artista dice que la crítica considera a este género surgido a principios del siglo XX en Buenos Aires como una expresión menor, similar al graffiti o al tatuaje. También señala que, junto con el tango, es la expresión más genuina de la ciudad.

Por Eduardo Diana
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En otros países el fileteado es muy apreciado, muchas veces tiene más repercusión que aquí. El porteño no le da demasiada importancia”, afirma Alfredo Genovese, uno de los nuevos referentes del fileteado porteño, docente e investigador del género.

Genovese, que aprendió el oficio con maestros como León Untroib y Ricardo Gómez, repasa en diálogo con Diario Z los orígenes del fileteado, sus prohibiciones y el resurgimiento de las últimas décadas. Lo define como un arte decorativo y popular, y dice que lo que más llama la atención es que está hecho a mano, que se nota que es un trabajo artesanal.

¿Cómo se originó el fileteado porteño?
Surgió en los talleres de carros que vendían verduras y pan en las calles de la ciudad a principios del siglo XX. Después pasó a los camiones y por último a los colectivos. Los pintores de carros comenzaron a improvisar un estilo decorativo copiando ornamentos y líneas que veían en las fachadas de las casas importantes de Buenos Aires y, además, le agregaron flores y distintos adornos.

¿Por qué copiaban elementos de adorno de la arquitectura?
Se puede interpretar que, como los propietarios de los carros y camiones no podían tener en su casa esos ornamentos que pertenecían a la gente rica, se apropiaban de ellos a través de esa copia que hacían en su vehículo. El fileteado porteño es un arte decorativo y de origen popular, que tiene una procedencia europea en cuanto a la ornamentación –donde predomina el estilo neoclásico–, pero el modo en que se combinan todos los elementos y la forma en que se lo plasma en los carros es netamente local.

¿Cuándo pasa de los carros y camiones a los colectivos?
En la década del 50. Al principio, sólo se pintaban simples líneas, pero cuando los colectivos se privatizan cada chofer, que era dueño de su unidad, lo hacía decorar como quería. De todos modos, el fileteado de colectivos es más seriado y simple que el de los carros o camiones.

¿Cuándo se incorporan las figuras populares y las frases?
Se usaron desde el principio del fileteado. Era común que los camiones tuvieran la imagen de la Virgen de Luján en la parte superior de la cabina, como un ícono de protección. En los carros se pintaba en la puerta trasera la cara de Gardel. Las frases también se aplicaron desde el principio. El primer estudio que se hizo sobre el fileteado lo realizó Borges en 1930: escribió un ensayo de cuatro páginas que se llamó “Las inscripciones de los carros”. Está incluido en el libro Evaristo Carriego y Borges hace una descripción de las frases que veía en los carros, a las que denominó “costados sentenciosos”. Las frases son una parte importante del fileteado porque ponen de manifiesto que no era solamente una práctica estetizante, sino que también era una forma de manifestar los valores socioculturales que tenía el hombre de Buenos Aires. Había frases de amor, metafísicas, irónicas o humorísticas. Nunca tenían contenido político.

¿Cuáles son los rasgos distintivos del fileteado?
Se lo puede reconocer por los colores vivos, el falso volumen que se pinta con los contrastes de colores y claroscuros, la simetría, la sobrecarga del espacio, las formas estilizadas de las líneas y la utilización de letras góticas o caracteres muy ornamentados cuando hay frases. También es importante la conceptualización de lo simbólico, porque cuando el fileteador coloca algunos elementos específicos en la composición lo hace para transmitir un significado. Por ejemplo, los dragones son la virilidad, los pájaros, la sensualidad; la bandera, el patriotismo, y la herradura, la suerte. Lo que llama la atención del fileteado es que está hecho a mano, se nota el trabajo artesanal.

¿Cuáles fueron las causas por las que atravesó un largo período de olvido?
En la década del setenta se comenzó a usar menos porque ya había pocos carros. Además, se había empezado a perder la costumbre de pintar los camiones y en Capital Federal se prohibió filetear los colectivos. Una ordenanza de 1975 lo prohibió porque decía que quedaban desprolijos y que no se podía identificar cuál era el recorrido de la línea. A partir de esa ordenanza, el fileteado sufrió un gran golpe y entró en una etapa de decadencia.

¿Qué ocurrió en esa etapa con los fileteadores?
Los que estaban empleados en las fábricas de colectivos se quedaron sin trabajo. Lo paradójico fue que el fileteado comenzó a surgir en otros espacios, como el diseño, la cartelería o la decoración de muebles. Hubo una irrupción en otros soportes, que no eran los tradicionales. Y el fileteado ganó autonomía, porque empezó a valer por sí mismo y no sólo como agregado de un vehículo.

En los últimos años hubo un fuerte resurgimiento del fileteado. ¿A qué lo atribuye?
Se puso de moda. La valoración del fileteado se empezó a insinuar a partir de mediados de los 90, cuando se organizaron muestras, se hicieron trabajos sobre la teoría del filete y se dictaron cursos. En esa etapa empezó a haber una retroalimentación del consumo del fileteado en ambientes nuevos y se lo empezó a valorizar más.

¿En qué nuevos espacios se lo empezó a aplicar?
Sobre todo en la publicidad, pero también irrumpió con mucho éxito en el mundo del tatuaje y del graffiti. Es notable como un género de principios del siglo pasado se incorporó a expresiones artísticas contemporáneas. El fileteado se agiornó muchísimo y eso le dio un vigor que antes era impensado. Se abrió un campo de posibilidades de trabajo en nuevos soportes, hoy en día lo que menos hace un fileteador es pintar un vehículo. Los cambios en los soportes del fileteado y la digitalización de las imágenes provocaron un cambio muy significativo. Hace algo más de una década, si se buscaba la palabra fileteado en internet los contenidos estaban relacionados con el corte de carne de pescados.

¿Es un ícono de la ciudad de Buenos Aires el fileteado?
Sí, sin duda. Quien ve un fileteado sabe que es la iconografía típica de Buenos Aires, porque tiene características muy marcadas. El fileteado y el tango son las expresiones más genuinas de la ciudad. En el exterior es muy fuerte la vinculación del tango y del fileteado con Buenos Aires. Incluso, se los identifica directamente con la Argentina. El fileteado es muy apreciado en otros países, muchas veces tiene más repercusión que aquí. Los turistas extranjeros que llegan a Buenos Aires tienen mucho interés por el fileteado: buscan dónde pueden comprar objetos fileteados y se interesan por hacer talleres y conseguir información sobre el género.

¿El porteño valora al fileteado?
No le da demasiada importancia. Siempre pasó bastante desapercibido para el público y los gobiernos. Prueba de ello es que el gobierno municipal y el nacional han hecho poco para fomentarlo. Si bien se lo ha declarado Patrimonio Cultural, no ha tenido una buena difusión. No lo digo con un afán crítico, sino con la ilusión de que haya acciones para preservarlo.

¿Qué acciones faltan?
Habría que crear un fondo de investigación, otorgar becas, generar exposiciones. Lo que falta es generar incentivos para los fileteadores, como hace cualquier país con sus artistas. Hay muy pocos estudios sobre la historia del fileteado porteño y eso que tiene más de cien años de existencia.

¿Cuáles son los barrios con más fileteado en la vía pública?
Los barrios turísticos, como La Boca, Abasto y San Telmo. En Abasto está el pasaje Carlos Gardel y en la calle Jean Jaures se hizo un concurso y se pintaron seis fachadas de casas. En ese caso sí el Gobierno de la Ciudad hizo un proyecto lindo y se firmó un convenio con los dueños de las casas para que no modificaran el frente. También se puede ver mucho fileteado en vía pública en Caminito.

¿Es un mundo vedado a las mujeres el del fileteado?
No, ya no. Antes, como se aprendía a filetear exclusivamente en los talleres de carros y de colectivos, quedaba circunscripto a los hombres. Ahora hay muchas mujeres fileteadoras, que se incorporaron a partir de que el fileteado ingresó al campo de la docencia.

¿Está reconocido como un arte el fileteado?
Nunca fue reconocido como un arte o como algo valioso estéticamente. Y la culpa de eso no es del fileteado, sino que hay falta de interés institucional y del mundo del arte. Por un lado no se lo reconoce porque tiene una raíz común a todos los fileteadores, que es el estilo o el ornamento que hacemos. Otra condena que pesa sobre el fileteado es que se lo considera como una artesanía y no como un arte. La crítica de arte nunca se interesó en el filete porteño, lo consideran un arte menor, como el graffiti o el tatuaje.

Perfil

Alfredo Genovese es uno de los mayores referentes del fileteado porteño. También es reconocido como investigador y docente. Estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón y en 1988 egresó con el título de Profesor de Dibujo. En principio se dedicó a trabajar como letrista, lo que lo llevó a interesarse por el fileteado. “Cuando lo descubrí, me fascinó”, recuerda Genovese. Tomó clases con el maestro León Untroib y con Ricardo Gómez aprendió el oficio de filetear carros. Después de trabajar en soportes tradicionales, comenzó a componer sus fileteados sobre cuerpos humanos y realizó diseños para modelos y músicos. Entre ellos, Charly García, La Mona Giménez y Soledad Pastorutti. Luego trabajó en el diseño de imágenes publicitarias de diversas marcas y empresas locales y del exterior. Dictó cursos en el Centro Cultural Ricardo Rojas y realizó conferencias en el país y el extranjero. También realizó varias tapas de libros y discos y expuso en París, Montecarlo, Barcelona y Chicago, entre otras ciudades. Tiene cuatro libros publicados: Tratado de fileteado porteño, en 2003; Fileteado porteño, en 2004; Filete porteño, en 2007 y Manual del filete porteño, en 2008. La Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires en 2012 lo declaró Personalidad Destacada.

DZ/rg

 

Fuente Redacción Z
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