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Alejandro Schujman: “Quien cede al berrinche está criando un tiranito”

Con una vasta experiencia en la clínica de chicos y de familias, Alejandro Schujman escribió un libro que es una guía para los padres que no saben decirles que no a sus hijos y se sienten culpables cuando les ponen límites.

Por Valentina Herraz Viglieca
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Muchos padres ponen el límite pidiéndole disculpas al hijo. Hemos pasado de un extremo al otro, están por un lado los padres hiperautoritarios y, por el otro, los padres permisivos con límites sobreexplicados”, dice Alejandro Schujman, psicoanalista y autor de un libro con título provocador: Es no porque yo lo digo. Padres rehenes de hijos tiranos. Alejandro nos recibe en su consultorio de Parque Centenario, una sala llena de juegos y, cerca del diván, una caja de pañuelos descartables. Dice que escribe porque se siente cómodo contándoles a los padres cosas que cree que pueden servirles para no ser tiranizados por sus pequeños amados. Y para que los chicos puedan crecer y estar bien.

Proponés la trilogía “Confianza, disfrute y diálogo”. ¿Es posible parar las rotativas?
Es posible y necesario. Yo en las charlas pregunto cuántas personas comen con algún aparato prendido. Y estadísticamente el 70 por ciento come mirando la televisión o con celulares al lado de los platos. Solo hablamos en las publicidades. La paradoja de la hiperconectividad es que nos alejamos cuando estamos tan hiperconectados. Vivimos enajenados a los aparatos y el otro desaparece, se borra.

¿También pasa lo mismo en las escuelas?
Sí. Un colegio me pidió una asesoría porque los chicos en el recreo estaba cada uno con su celular y no se hablaban. Estaban muy preocupados porque los chicos solo se hablan a través de los celulares. Se cuentan lo que están haciendo por Twitter o WhatsApp. Muchos chicos no saben hablar si no tienen un aparato en la mano.

¿Los chicos tiranos son hijos de padres permisivos?
Sí. Son el resultado de adultos permisivos, que han perdido la noción de la asimetría del vínculo. De padres que se desorientan así como uno se pierde en un barrio. Cuando los hijos se tiranizan es porque lo perciben y entonces aparece el “berrinche”, exigen, demandan. Los chicos están diciéndonos: “Ubicate, encontrate, porque si vos te perdés me pierdo yo”.

Los berrinches aparecen después de los 2 años. ¿Todos los niños hacen berrinche?
Todos los chicos pueden pasar por una etapa de berrinche, que en definitiva es la última resistencia a una norma. Es el momento de desafío o resistencia a una norma que nos excede. El problema no es el berrinche. El problema es qué hacemos los adultos con el berrinche. Si los adultos les concedemos lo que piden en el berrinche estamos regando un pequeño tiranito. Después vienen los padres y te dicen: “Yo no entiendo qué pasó”.

¿Por qué resulta tan difícil decirles “No”?
Por cansancio: llegamos agotados a la noche. Por sentimiento de culpa: “Mejor cedo. No estoy en todo el día y me voy a poner en el autoritario, el ogro”. Lo que estoy negociando es el único tiempo que tenemos para compartir con los chicos. En otro libro hice una encuesta con chicos acerca del recuerdo más preciado de su infancia. Ninguno puso: “Cuando me regalaron la Play 15”. Pusieron: “El primer asado que hice con mi viejo”, “cuando fui a pescar con mi abuelo”, “cuando anduve con mi tío en la playa”. Esos son los recuerdos que los chicos atesoran y eso es lo que los adultos estamos permitiendo que pierdan. El juego y la imaginación se diluyen cuando la imaginación la presta el programador. Los chicos juegan lo que el juego dice que hay que jugar.

Vos decís que los aparatos solo reciben indicaciones.
Exacto. No hay posibilidad de crear, están las teclas y las opciones que la computadora te permite. En general, el rol del chico frente a la máquina es muy pasivo. Salvo que se ponga a dibujar con la computadora, que es otra cosa.

¿El “No” tiene que ser rotundo o se debe explicar?
A los límites hay que explicarlos algunas veces. Está bueno que no sea “no porque a mí se me ocurre”. Pero a tu hijo de un año y medio cuando está por meter los dedos en el enchufe, no le decís: “Mirá mi amor, la electricidad no es cosa buena. Te podés quemar un poquito”. Lo sacás. Le decís: “No”.

¿Y el lugar de los abuelos?
Los abuelos y los bisabuelos están para recontra malcriar. El límite tiene que ser el equilibrio entre la firmeza y el afecto. No gritarle para que el chico se asuste y se ponga a llorar pero sí la firmeza y convicción de que no vamos a negociar ciertas cosas.

En la pareja está el que contiene y el que limita. El “dejalo que llore” y el “pobrecito, que no llore, que tome lo que quiere, mi amor”. En ese vaivén, ¿estamos dejando que la bronca fluya?
Si el llanto es de berrinche, que llore, que descargue. Con el berrinche la técnica es sujetar al nene firmemente, sin lastimarlo, sin asfixiarlo y seguro que del pataleo pasará al llanto. Pensemos cuando nosotros los adultos estamos tristes y necesitamos descargar y llorar, si rápidamente vinieran a traernos helado para que no lloremos, o la tele… Los chicos necesitan llorar, los padres tenemos que estar ahí acompañando si son chiquitos y si son más grandes dejarlos que lloren en soledad. Hay que respetar que a veces la tristeza se quiere procesar en compañía y a veces en soledad. Algunos padres dicen: “Me duele a mí más que a él”. Macana, al que le duele a él. Nosotros podemos sufrir como padres pero es el dolor de ellos y si dejamos que le duela lo preparamos para la vida adulta. Si no estamos criando pequeños caprichosos. El ejemplo de la chiquita de la película Charly y la fábrica de chocolates.

Describís dos escenas. Una, en el supermercado, donde una nena obliga a la madre a que le compre algo. Otra en una plaza, donde la madre se pone a llorar porque la nena no acepta irse. ¿Cuál hubiera sido la respuesta correcta?
En la del supermercado, primero, no mentir. No es “no tengo plata”, es “no te lo voy a comprar”. Y en ese contexto corresponde decir “después te explico”. En la fila del supermercado no puede ponerse a explicar que los bombones son carísimos. Uno como padre puede simplemente decidir no comprar algo, sin mucha más explicación. Mantenerse firme y no ceder a la vergüenza que provoca esa nena gritando cada vez más fuerte. Yo tenía unas ganas de intervenir. En la escena de la plaza, agarrar a la chiquita, que llore una cuadra. No ponerse a llorar ella. Esta madre evidentemente venía desbordada. Lo que pasa es que la nena queda con la idea de que su mamá está así por su culpa. Y la mamá está así porque no sabe cómo ponerme un límite y debe tener una serie de despelotes en su vida.

No negociás.
En los dos casos estoy convencido de que no negocio: nos vamos y no compro. Después uno siempre puede comprar un chocolatín, en otra escena. O al día siguiente comprás esa misma caja de bombones pero sos vos quien decide. Si no, les damos a los chicos la llave del poder de la familia.

¿Analizas todas las situaciones con las que te cruzás?
No, estas dos porque eran muy evidentes. Trato de andar por la vida sin la matrícula encima, pero a veces es imposible.

¿Cómo nos damos cuenta cuándo es un berrinche y cuándo un enojo justificado?
Confío en el oído de los padres, como mamá diferenciás cuándo tu hijo llora de hambre, de angustia, porque le duele algo.

¿Un chico de 17 meses ya ejerce poder sobre la madre cuando, por ejemplo, no quiere comer variado?
Sí, puede ser. Es más: los chicos más chiquititos aún hacen espasmos cuando empiezan a llorar y detienen el llanto en apnea y se ponen violetas. Son manejos de chicos que son piojitos así.

¿Cómo se recupera el rumbo? ¿Se puede recuperar a partir de cualquier edad de los hijos?
Sí, sí, sí. Yo he atendido a padres de un hombre de 38 años que vivía con ellos. Me hablaban del nene y lo afeitaba la mamá porque como era zurdo no le salía bien. En el 90 por ciento de los casos las herramientas están del lado de los padres y con mover algunas cositas en tres meses este hombre estaba viviendo solo. Ahora sí es un hombre porque los padres lo pudieron soltar. El gran problema es que los padres podamos soltar a los chicos, darles las herramientas para que entren al mundo adulto, estar convencidos de que esto es lo mejor que podemos hacer con ellos. Fijate en el período de adaptación en los jardines. Usemos una línea imaginaria entre el nene que saluda contento a una mamá que lo deja tranquila. Si seguís la línea del nene que llora abrazado a la maestra seguro encontrás a una mamá que está angustiada. El problema de adaptación, de cortes o de destetes es siempre de los padres.

¿Los chicos “son así” porque son hijos de padres separados?
Yo conozco más padres que funcionan bien estando separados que padres que viven juntos y trabajan en equipo. Los chicos necesitan padres que ensamblen, que estén juntos o separados, es anecdótico. Los casos de chicos con la vida destruida porque los padres están separados no es motivo de consulta. Pero hay un montón de adultos con problemas porque los padres nunca se separaron o mantuvieron la farsa de ser felices.

Vos decís “No mires tele” pero todos tus ejemplos son tomados de la tele o el cine.
Cuando yo era chico había 4 canales, se podían ver dos o tres horas por día de dibujitos. Ahora hay 24 horas corridas, 15 canales distintos, el HD, la repetición. Los chicos van diciendo los textos de los Simpsons a medida que pasa el capítulo. Lo saben todo. El problema es cuando la vida pasa a través de una pantalla.

¿Se debe limitar el acceso a la tecnología? ¿A qué edad se les puede regalar el celular?
Creo que los chicos deberían usar celular a partir de que tienen alguna independencia de los adultos. Si un chico se mueve todo el día con adultos y hay teléfono de línea, el celular, a mi criterio, es innecesario. Cuando se mueven solos no hay que comprar uno de alta gama sino uno que llame y mande mensajes de texto. Tiene sentido como medio de comunicación, no como medio de hiperconectividad donde los chicos ven tv y juegan por el celular. Hay veces que los padres traen a los chicos de 3 o 4 años y los dejan en la sala de espera, que está llena de juguetes, con una tablet y wi fi. Y en el caso de Facebook, recién deberían usarla cuando pueden manejar el tema de la privacidad, la intimidad. A los 12 años, aunque hay que controlarlos y cuidarlos hasta que puedan manejarlo con cierto criterio.

El Estado les da una compu desde primer grado.
Si los chicos usaran la compu para aprender, si pudieran capitalizar todo lo que la compu tiene como elemento educativo no estaría mal. El tema es que los mismos docentes te cuentan que ellos las usan para un par de cosas y la mayoría de los chicos juegan, escuchan música. No se está pudiendo capitalizar el trabajo a través de la computadora. No hay que luchar contra la tecnología, pero hay que dosificarla, ver de qué manera incorporarla al desarrollo intelectual de los chicos. Y poner límites, no más de 2 horas por día de computadora. Yo atendí a una paciente con un sobrehueso por usar el mouse y los padres le compraron una tablet así no tenía que usarlo.

Perfil

Adultos sin autoridad que no saben cómo ubicarse en el saludable ejercicio de la función paterna. Niños que intentan tomar el control de una nave a la deriva. Ideas y reflexiones para prevenir y actuar sobre el problema.”Veo, veo, y no me gusta, padres que, desconcertados, observan a sus hijos que los desafían intentando provocar una reacción que no llega. Hijos tiranos, padres rehenes, veo un mundo patas para arriba”, dice Alejandro Schujman, un psicoanalista que desde fines de los 80 trabajó con niños, adolescentes y familias. Y volcó esa experiencia en un primer libro -Generación ni-ni, en el que se ocupa de los chicos que no estudian ni trabajan- y, ahora en Es No porque yo lo digo. Padres rehenes de hijos tiranos, donde explora el fenómeno de los hijos que se instalan desde muy pequeños en una posición tiránica frente a sus padres.

Schujman recorre los elementos que construyen este escenario: las emociones en la infancia como esqueleto de la personalidad de los hijos; una cultura, en donde el marketing, que poco ayuda a educarlos, es monarca; la soledad en el mundo virtual y los distintos modelos de familia según pasan los años.

A partir de su experiencia, tanto en la clínica como en talleres para padres y docentes, Schujman ofrece una caja de herramientas para pensar la manera de educar y acompañar el crecimiento de las nuevas generaciones. El libro cierra con el siguiente mensaje: “Les aseguro que la llave que libera las cadenas de esta condición de rehenes en la que nos hallamos a menudo, respecto de nuestros hijos está, como la mayoría de las cosas que tienen que ver con ellos cuando son pequeños, en alguno de nuestros bolsillos. Los invito a una búsqueda tan necesaria como posible”. Así sea.

DZ/rg

 

Fuente Redacción Z
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