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Alejandro Badanian: “Ni siquiera hay un mapa de la contaminación sonora”

Especialista en acústica urbana, Alejandro Badanian señala que la Ciudad es muy ruidosa y que esta situación afecta la salud, genera daños acumulativos y potencia patologías existentes, además de sumar estrés y agresividad social.

Por Eduardo Diana
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Qué es la contaminación acústica urbana?
Es un exceso de ruidos, sonidos y vibraciones, que resulta molesto y que puede producir perjuicios a las personas y al medio ambiente. En general, afecta a todos los seres vivos. En las ciudades, la contaminación acústica está generada fundamentalmente por los medios de transporte pesados (colectivos y camiones) y las actividades vinculadas al ocio (boliches, recitales o restaurantes) y, en menor medida, por obras públicas, talleres y trenes. Una de sus características es que, a diferencia de otras contaminaciones, no deja una huella visible.

¿Qué problemas de salud puede ocasionar?
La permanencia de este tipo de contaminación a lo largo del tiempo produce daños específicos, tanto en lo físico como en lo psicológico y social. En general, se tiende a creer que sólo produce problemas auditivos, pero los efectos son mucho más amplios. Por ejemplo, incrementa el estrés y es perjudicial para lograr un sueño reparador. También produce problemas de índole social, porque incrementa la agresividad. Algunos estudios médicos sugieren que puede estar vinculado con afecciones cardíacas, endocrinas y respiratorias. No son cosas fáciles de demostrar. El ruido no se puede asociar tan claramente a una enfermedad, salvo en casos de exposición en las industrias a altos niveles de ruidos que pueden producir daño al sistema auditivo. Tampoco es fácil evaluar cuánto daño causa. Lo que se sabe es que genera un daño acumulativo y que gatilla patologías preexistentes.

¿Buenos Aires es una ciudad muy ruidosa?
Sí, sin dudas. De todos modos, no es fácil cuantificarlo, porque para hacerlo habría que elaborar un mapa de ruido de toda la ciudad según los estándares internacionales y eso es algo que hoy no tenemos. Entre 2005 y 2006 se hizo un mapa del ruido provocado por el tránsito en una parte de la ciudad: se trabajó en toda la franja este, del norte al sur. Ese estudio, que comprendió la zona más conflictiva, entre Belgrano y Barracas, se hizo sobre 14 barrios. Es una franja de 20 kilómetros cuadrados, que representa el diez por ciento de la superficie de la ciudad e involucra a medio millón de personas.

¿Qué resultados arrojó?
El estudio demostró que en un 94 por ciento de esa superficie se superaba los estándares internacionales que aconseja la Organización Mundial de la Salud (OMS), que es 45 decibeles durante la noche y 55 en el día. En las avenidas, en algunos casos, superaba los 75 decibeles diurnos y nunca caía por debajo de 70. En las calles con mucho tránsito llegaba a 70 decibeles en el día y en la autopista 25 de Mayo sobre las fachadas de los edificios estaba en 80.

¿Cuáles fueron las zonas más afectadas?
El microcentro, Belgrano, Recoleta y Barracas. En algunos puntos, el nivel de ruido estaba entre 75 y 80 decibeles diurnos. Barracas está muy afectado porque hay mucho tránsito de camiones. Belgrano y el Microcentro son muy ruidosos durante el día, y Recoleta tiene calles estrechas y edificios altos, entonces el ruido queda encerrado como en una caja de resonancia. Ni siquiera en los pisos más altos eso cambia, porque el ruido queda encajonado. También se registró una serie de esquinas muy ruidosas: Corrientes y Madero, Santa Fe y Cabildo, 9 de Julio y Corrientes, Santa Fe y Pueyrredón, y Triunvirato y Los Incas. En todas esas esquinas había más de 75 decibeles durante el día. Es un nivel extremadamente alto.

¿Qué conclusiones permitió sacar ese estudio?
Que el componente más importante del ruido provocado por el tránsito es causado por los vehículos pesados. El ruido que emana un colectivo equivale a 10 vehículos ligeros. Las avenidas más ruidosas son las que tienen mayor circulación de líneas de colectivos. Ése fue un hallazgo importante porque si se logra reducir el nivel de emisión de ruido de los colectivos, se puede solucionar gran parte del problema. Hace unos años, con el cambio de carril de la Avenida Santa Fe, sacaron los colectivos de la calle Charcas, donde circulaban once líneas, y se bajaron entre 7 y 8 decibeles.

¿El nivel de contaminación acústica de Buenos Aires es superior al de otras grandes ciudades?
Durante mucho tiempo se dijo que Buenos Aires era la ciudad más ruidosa de América Latina, pero era un mito. No hay ninguna prueba científica que permita afirmarlo. Para decir eso, hay que tener un mapa de ruido de la ciudad y sólo se cuenta con algunas mediciones puntuales, que no alcanzan para compararla con otras ciudades. De todos modos, con lo que sabemos, queda claro que Buenos Aires es muy ruidosa.

Luego del mapa de ruido de 2005, ¿no hubo más estudios?
Ese trabajo lo hizo la Asociación Oír Mejor asociada con la Universidad Politécnica de Madrid y fue encargado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, ya que no contaba con personal ni con el software para hacer un mapa de ruido. Después el gobierno compró ese software, contrató personal idóneo y empezó a realizar el mapa de la ciudad. Pero sólo tiene hechas algunas comunas.

En función de esos datos preliminares, ¿el gobierno tomó medidas?
No hay proyectos concretos para reducir el ruido. Hay un plan para hacer el diagnóstico de la contaminación acústica de la ciudad, pero no hay un plan para reducirla. Y eso es un problema, porque no hay actitud para resolver el tema.

No hay avances…
La ley 1540 de control de la contaminación acústica de la ciudad, que se promulgó en el 2004 y se reglamentó en el 2007, fue importante. Antes había una ordenanza muy básica, que contemplaba una serie de contaminaciones. Esa ley fue un avance porque es muy específica. Lo que falta es un plan integral, pese a que la ley establece que se debe hacer un mapa de ruido de la ciudad y que luego el gobierno debe implementar un plan de acción.
Pero el mapa de ruido de la ciudad no está listo…

Ésa puede ser la excusa del gobierno, que no tiene un plan de acción porque todavía no tiene hecho el mapa. Hay un retraso importante. Incluso quedó establecido en la ley que cada cinco años hay que actualizar el mapa de ruido, y aunque ya pasaron más de seis años desde la reglamentación, ni siquiera está hecho el mapa.

¿Qué se puede hacer para reducir el ruido de la ciudad?
Hay que tomar medidas de tipo funcional u operativo. En las zonas donde hay saturación de ruidos porque hay muchos colectivos, hay que derivar líneas a otros lados. Es un trabajo complejo, porque hay que sacar de un lado para ponerlo en otro. Se trata de buscar un equilibrio para llegar a niveles de tolerancia. El gran tema es planificar el tránsito en la ciudad, ya que en la semana llegan autos desde el Conurbano porque la gente no tiene buenos transportes públicos para viajar. Otro tema que bajaría mucho el ruido es empezar a exigir a los fabricantes de carrocerías de colectivos que la emisión de ruidos de las unidades sea menor. Hay otras medidas tradicionales, pero que no son sencillas de aplicar porque tienen costos muy elevados. Entre ellas, poner barreras acústicas en las carreteras o colocar pavimentos absorbentes, que reducen mucho el ruido de las cubiertas de los autos.

¿El Metrobús redujo el nivel de ruido en la avenida 9 de Julio?
Fue una medida interesante, porque al restringir la circulación de colectivos en la proximidad de las fachadas de los edificios, bajó el nivel de ruido. También contribuyó haber logrado que el tránsito sea más fluido sobre la avenida, sin tantas frenadas y aceleraciones. La peatonalización de algunas calles también ayudó. Pero son beneficios que se dan de rebote, no hay medidas concretas para reducir el ruido. Debería haber una actitud mucho más agresiva.

¿En qué países se atacó exitosamente la contaminación acústica?
En la Unión Europea se dictó en 2002 una directiva que marcó un hito, porque obligaba a los países a hacer mapas de ruido en las ciudades con más de 250 mil habitantes. Después, sobre la base de esos diagnósticos, elaborar planes de acción. Tomaron esa medida porque habían estimado que perdían alrededor de 30 mil millones de euros por año en salud y ausentismo laboral derivados de la contaminación acústica. Gastaron una enorme cantidad de dinero en tomar medidas concretas, pero luego nunca evaluaron los resultados. Lo hicieron cuando en Europa había prosperidad económica. El ruido siempre es atacado cuando hay prosperidad, porque de todos los contaminantes es el que más se subestima.

¿Por qué cree que ocurre eso?
Porque una vez que el ruido desaparece, no queda una huella visible. Si desaparece el smog, se ve la afectación que dejó. O cuando se van las empresas mineras de un lugar, se advierte la erosión del suelo o la contaminación de los efluentes. Con el ruido, como no ocurre eso, se termina ignorando el poder negativo que tiene. El ruido es una agresión. Por algo fue una de las primeras torturas que utilizó el hombre.

Alejandro Badanian es especialista en acústica arquitectónica y urbana. Nació en Uruguay, tiene 48 años y se recibió de arquitecto en la Universidad de Montevideo. Luego cursó el posgrado de Acústica Arquitectónica en la Universidad Pierre y Marie Curie, en París, y Estudios Avanzados de Ingeniería Acústica en la Universidad Politécnica, en Madrid.

En 2005 trabajó en Buenos Aires junto con la Asociación Civil Oír Mejor y la Universidad Politécnica de Madrid en la elaboración de un mapa de ruidos producidos por el tránsito, encargado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. El trabajo comprendió toda la franja este de la ciudad, de norte a sur. En total, 14 barrios, de Belgrano a Barracas.

Luego se incorporó a la Asociación Oír Mejor, una ONG fundada en 1999, que tiene dos campos de acción: uno técnico, dedicado a evaluar la contaminación acústica de la ciudad y asesorar a entidades públicas y privadas en temas acústicos, y otro médico, que brinda coberturas y prestaciones en salud auditiva. Entre 2007 y 2009 fue asesor del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en la Agencia de Protección Ambiental. En la actualidad, es docente en la carrera de Arquitectura de la Universidad de Montevideo, director de la consultora Arquisonic y coordinador del Área Acústica de la Asociación Oír Mejor.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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