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TEMAS DE LA SEMANA

Alejandra Radano ‘Vivimos encapsulados’

Reflexiones de una actriz versátil que va de la actuación a la danza y el canto.

Por julieta-cravero
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Un escenario completamente negro, un rayo blanco pintado en el piso y una persona vestida de blanco que camina sólo dentro de los límites del dibujo. Ni un paso más, ni uno menos. De repente se oye la frenada de un auto y el público se sumerge en una oscuridad total. Unos segundos de silencio, de expectativa, y una luz enfoca a ese personaje místico. En el piso, boca abajo, su pierna cruza un brazo y su cabeza parece separada del resto. Una pose tétrica, pero real, aquella a la que sólo llega alguien con un control total de su cuerpo. Ese ser casi futurista es representado por Alejandra Radano, una actriz que es profeta en su tierra y en todas partes. Y que se da el gusto de producir por primera vez su propia obra, La inhumana, inspirada en la película de Marcel L´Herbier de 1924.

¿Cómo surge la idea de armar una pieza con esta influencia?
Aparece como una necesidad de construcción. L’Herbier la hace con la mera excusa de defender las artes decorativas modernas. Yo tomo esa causa para exponer mi punto de vista sobre el teatro musical, a través de todos estos años que tuve la oportunidad de trabajar y ser atravesada por tantas influencias y estilos musicales distintos.

¿Por qué tardaste cinco años en terminarla?
Fue una cuestión de tomarse el tiempo de hacer lo que es necesario, no tenía nadie que me apure. Así te podés dar el espacio para abrirle lugar al proceso creativo.

Algunas personas creen que no se entiende del todo, ¿te ofende?
Para nada. De hecho me parece interesante. Me gustan los libros sin imágenes. Me gusta que la gente se imagine, ya que las cosas no son sólo de una manera. Pueden haber distintas interpretaciones según quién lo ve. Yo sólo quise mantener una coherencia musical.

¿Creés que estás intentando transmitir algún mensaje?
No. Pero sí uso una idea del periodista argentino Esteban Peicovich que dice que estamos en una época rara. El siglo XIX fue soñador, el XX innovador y ahora vemos un momento en el que vivimos encapsulados y no podemos salir de nosotros mismos. En la obra se ve eso, estar encerrado en las propias ideas y en el mismo tiempo. Es porque estamos en un período de transición en donde las estructuras caen y dan lugar a otras nuevas, que todavía no podemos ver porque estamos inmersos en esta realidad.

¿Y cómo reaccionamos ante estos cambios?
Creo que tenemos algo que nos caracteriza que es reírnos con lo patético, con las cosas terribles que nos pasan. Es algo que tiene que ver con nosotros; pasamos del desastre total a la alegría del domingo con el choripán.

¿El público todavía ve comedias musicales?
La gente va al teatro. Pero es un delirio lo que salen las entradas, los productores están completamente locos. Me da vergüenza social. Yo entiendo que cuesta, pero los teatros no llenan ni la mitad de la sala. Sé que cambiaron las cosas y que todos somos culpables. Estamos en una bola imparable.

¿Qué lineamientos políticos tenés?
Yo soy apolítica, siempre estoy tratando de entender. Estoy en contra de la gente que está en el gobierno para enriquecerse, y eso es inevitable. No pasa sólo acá, sino en todas partes. Uno va revisando la historia y empieza a ver que todo se hizo para tener más cosas. Acá yo me pregunto el para qué. ¿Para tener más qué? No lo termino de entender.

Desde lo personal, ¿cómo combatís esto?
Hay que tratar de tener la suficiente claridad para ver las cosas y no estar atrofiados y confundidos mentalmente para encarar la realidad. También está la televisión que tiene que ver con el entretenimiento chatarra que lo único que hace es lobotomizarte el pensamiento. Llegás a tu casa, prendés la tele, y empezás a no entender nada. Eso es lo que más miedo me da, no poder usar ese libre albedrío que te permite decidir. Yo quiero poder entender y ver, y siento que nunca vamos a saber la verdad.

¿Qué lugar crees que ocupan los medios hoy en día?
Me parece que confunden y dominan. En esta época la comunicación es fundamental. Las palabras condenan. Es una frase un poco totalitaria pero es importante lo que uno dice, sobre todo lo que transmite una persona en un lugar de poder.

DZ/KM

Fuente Redacción Z
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