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TEMAS DE LA SEMANA

Alberto Ajaka: “Actúo para no ser actuado por otro”

Tenía el futuro asegurado en una empresa familiar, pero lo cambió por el teatro.

Por Ayelén Iñigo
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Empezó por curiosidad, cuando ya había cumplido 28 años. Casi en seguida, se dio cuenta de que se sentía muy cómodo arriba del es­cenario, le gustó, y comenzó entonces su re­corrido como actor y director de teatro off, hasta que este año saltó a la fama interpre­tando a Rubén Donofrio en la pantalla chica, el antihéroe de Guapas que arranca suspiros de la platea femenina: un hombre sencillo y sincero, un valiente sindicalista de manteni­miento en la aerolínea donde trabaja Mey García del Río (Carla Peterson), la mujer que él ama sin ser correspondido.

¿Cómo te sentís con tu rol en Guapas?

Me están preguntando mucho cómo me sien­to, pero no me puedo sentir de una manera. Además yo soy muy consciente de que se ter­mina el programa y al poco tiempo se acaba todo esto. Es automático. Amí me alegra que el personaje haya ido ganando espacio y que aparezca potente en la pantalla. Está buenísi­mo, el cariño de la gente y todo eso, lo que me pasa es que yo no veo esto con la idea de “lo masivo”. Siempre que me hacen una de­volución o una crítica, lo entiendo desde la persona individual. Pero después nada cam­bió mucho. Por ahí te reconocen mucho más en la calle, pero si un día no querés que te mi­ren te quedás en tu casa y listo.

¿Por qué te parece que gustó tanto el personaje?

Me parece que el personaje encarna un ar­quetipo de hombre argentino con trazos bien definidos de su condición varonil que no va en desmedro en su sensibilidad so­bre las cuestiones de la conciencia y el co­razón. Porque se preocupa por lo colectivo y apunta bien los cañones hacia una mujer. Es un personaje muy lindo porque no está dispuesto a modificar eso que es para lo­grar lo que quiere. Eso lo vuelve muy digno. Yo creo que el personaje llega porque los otros pueden reconocer algo que los iden­tifica, incluso aunque no pertenezcan al es­trato sociocultural de Donofrio.

Estudiaste economía, diseño… ¿cómo te decidiste por el teatro?

No hubo búsqueda como una preocupa­ción. Yo era un muchacho grande y tenía la vida bastante encaminada en el plano labo­ral, trabajaba en una empresa familiar. No es que tenía una cuenta pendiente con algo artístico. Fue más una casualidad como se fueron dando las cosas.

Arrancaste con actuación y dirección, ¿cómo te llevás con los dos roles?

Ambos me dan mucha información mutua­mente, que me ayudan tanto en un trabajo como en el otro. Y la escritura también pasó a formar parte de esa especie de Santísima Trinidad. Es lo que hago, no lo analizo tanto. Hago eso, la paso bien haciendo eso, la paso mal también y me gusta, porque eso signifi­ca que estoy en un problema y la experiencia teatral se demuestra resolviendo un proble­ma. Entonces me gusta meterme en esos pro­blemas. Yo dirijo también actuando los roles de los actores, la paso muy bien dirigiendo. Es algo muy lúdico para mí. Y cuando estoy ac­tuando también intento tener una conciencia de la escena total, aunque esté siendo dirigi­do por otro director.

Ahora ganaste más visibili­dad con la televisión, pero seguís siendo un trabaja­dor del teatro off.

Sí, yo tengo una compañía teatral que se llama Colecti­vo Escalada, compuesto por quince artistas con quienes tenemos una muy buena pro­ducción de obras. Ahora es­tamos en Capital Federal con Llegó la música en el teatro La Carpintería, una obra que fue bastante premiada. Y con la misma compañía estamos ensayando una obra que se llama El hambre de los artis­tas, que vamos a presentar en el teatro Sar­miento en el verano.

¿Qué harías si no fueras actor?

Sería cocinero. En realidad, creo que no po­dría hacer cualquier cosa. Salvo en algunas en las que el límite se te pone muy claro: por ejemplo, todavía sueño con ser el 11 de Independiente pero nunca lo voy a lo­grar. Yo soy actor porque puedo serlo, por­que es algo que hago bien. Tal vez escribi­ría también otras cosas que no sean teatro. Que de hecho lo hago, porque va a salir un pequeño ensayo mío donde hablo sobre neurociencia y representación con un ami­go con el cual charlamos de esos temas. Y estoy muy metido con la cocina. Muy. Me gustaría autoabastecerme, no cocinar para afuera. Me gustaría hacer todo: el queso, el vino, plantar mis verduras, el jamón, la mer­melada, el pan. Me equipé como para más o menos poder hacerlo. Pero me gusta co­cinar, no tener un restaurante.

¿Por qué actuás?

Yo actúo para no ser actuado por otro. Por­que sé que lo puedo hacer. Mi pulso, mi ges­to, actuar es lo que necesita ser. Ni siquiera sé si quiero. Nunca quiero ir a actuar al teatro, porque sé que voy a poner el cuerpo, que me va a doler. No quiero, no tengo ga­nas. Y después arranco y me dan ganas mientras actúo. Me la paso bien en ese lugar medio de nebulosa.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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