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TEMAS DE LA SEMANA

Alan Pauls: Década por tres

El llanto, el pelo y el dinero, puentes para indagar los 70.

Por Julián López
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Foto Alan Pauls 2009 © Maria Teresa Slanzi Foto Alan Pauls 2009 © Maria Teresa Slanzi

Es uno de los escritores que surgieron con fuerza apenas llegada la democracia. El pudor del pornógrafo, su primer libro, fue publicado en 1984. Los últimos son una trilogía sobre los años 70 (Historia del llanto, Historia del pelo y, finalmente, Historia del dinero). Parte de una familia de artistas y dueño de una carrera literaria que suma una docena de libros, la mayoría novelas, aunque su firma también figura en ensayos y en guiones y crítica cinematográfica, Alan Pauls fue profesor de Teoría Literaria en la Facultad de Filosofía y Letras (UBA) y ha incursionado en la actuación en unas cuantas películas. Nacido en Buenos Aires, en 1959, Pauls afirma que siempre vivió naturalmente el hecho de ser un novelista y al mismo tiempo dedicarse al estudio y la enseñanza de la teoría literaria. “Para mí no hubo, ni hay ahora, ninguna incompatibilidad entre pensar la literatura y escribirla –dice-, más bien me pregunto cómo alguien puede escribir literatura sin pensarla. Para mí es natural traficar cosas del campo de la ficción a la teoría y de la teoría al de la ficción.”

¿Por qué dejaste la docencia?
Esa misma naturalidad con la que lo vivía empezó a resultarme complicada cuando, después de seis años de dar clases, me di cuenta de que la Universidad era un lugar al que iba a hacerse carrera, que era un botín. Y me enfrenté con el hecho de que, si quería permanecer, tenía que participar de la lucha por ciertos cargos, por subir escalafones; eso terminó de decidirme y me fui a finales de los 80.

¿Y desde entonces te dedicaste a escribir ficción?
Ficción y ensayos. A pensar la literatura desde un lugar no tan académico.

¿Cómo ves a la escritura argentina hoy? ¿Te sentís cercano a lo que está pasando?
Me interesa mucho que la literatura argentina no tenga brújula, me parece que haber conquistado ese estado de desorientación es un gran privilegio y dentro de ese panorama hay cosas que me interesan más que otras. Me interesó la aparición de escritores nacidos alrededor del año 76 que empezaban a escribir acerca de los años de la dictadura desde una perspectiva totalmente nueva. Una perspectiva que no tenía deuda con el deber ser de esa generación y, al mismo tiempo, muchos de esos escritores y escritoras habían sido víctimas directas o indirectas del terrorismo de Estado. Pienso en Félix Bruzzone o en el cine de Albertina Carri; la aparición de esos hijos de los 70 fue muy fuerte de la cultura argentina porque empezaron a pensar esa década con una insolencia y una impertinencia que no es ni la insolencia ni la impertinencia de los que no tienen nada para decir.

En Historia del dinero contás la relación de una familia a través de la plata durante los 70.
Quise abordar esos años a partir de la relación con el dinero; los 70 son una época conquistada eminentemente por lo político y siempre sentí que se le dio muy poca importancia a lo económico, algo que también atraviesa esos años brutales. Por otra parte, siempre me interesa abordar los temas desde lo oblicuo, de manera indirecta y en Historia del dinero hago eso: hablo de personajes adictos a la plata, de una familia separada por el dinero pero para la que el dinero es una especie de idioma, un habla que comparten.

Todo el tiempo aparece el cash, lo inminente del efectivo, desde lo familiar hasta los avatares políticos.
Yo quisiera que se leyera la cuestión más realista del dinero, lo más porno te diría, y creo que puede leerse en un registro más privado, más de lo familiar, como también en la dimensión pública e histórica, de los avatares económicos de esos años. De hecho en un momento de la novela el protagonista intenta recordar en qué momento su madre empieza a perder la belleza y la única cronología que tiene a mano para tratar de fechar eso son las hiperinflaciones. La historia económica del país es como la vara que le permite al héroe medir algo de su registro personal y privado. Me interesaban esas superposiciones: los momentos económicos más críticos con las pequeñas catástrofes económicas familiares.

Como si se perdiera el caprichoso y objetable límite entre lo público y lo privado.
Ése es el núcleo de las tres novelas, una trilogía que me llevó siete años con la idea de ver si era posible articular lo político y lo íntimo en la ficción. No quería reproducir las coordenadas de la historia y me parecía que una manera de hablar de lo político de esos años de un modo diferente era reconstruir la sensibilidad de la época: una sensibilidad compuesta de valores, de ideas, de sensaciones, de afectos, de conceptos, de pasiones, al calor de una década muy compleja.

dz/lr

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