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TEMAS DE LA SEMANA

Agustín Alezzo: ‘Hay que hacerse dueño de uno mismo’

Maestro de actores por más de medio siglo, dice que aún para dirigir una obra necesita enamorarse del texto. 

Por Magalí Sztejn
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agustin alezzo agustin alezzo

Apenas se traspasa la puerta, el bullicio de Palermo queda lejos. Desde su mecedora, el director y maestro de actores Agustín Alezzo irradia paz, dispuesto a ofrecer su escucha, sus conocimientos y su tiempo. “Hay que hacerse dueño de uno mismo, ésa es la enseñanza”, dice, y abre una charla que va a ser todo disfrute. El tiempo no hizo mella en este hombre que comenzó en 1955 en el Nuevo Teatro de Alejandra Boero y Pedro Asquini. Hoy, tiene sala propia y tres obras en cartel, entre ellas, Jettatore, en el Teatro Cervantes.
¿Por qué eligió esta obra?
Para que un espectáculo funcione tiene que haber buena combinación entre los actores y del director con cada uno de ellos. Siempre elijo a los actores y a los colaboradores artísticos. La obra es una delicia, como corre, como está escrita. La hice con mucho placer.
¿Le gusta la dramaturgia contemporánea?
No me entusiasma mucho. Ojalá tuviésemos tantos dramaturgos buenos como espectáculos hay. Pero, generalmente, los espectáculos nacen de actores que improvisan situaciones y a partir de ahí se crea un texto. Los grandes autores no abundan en ninguna parte del mundo.
¿Qué caracterísaticas debe tener un gran autor?
Un pensamiento que transmitir y un conocimiento de la estructura dramática, de su oficio. Los actores son intérpretes. Es como si se le pidiera a una orquesta que improvisara una sinfonía. No va a salir una obra de Bethoven.
¿Hay espacios y público para la gran oferta teatral porteña?
Depende del espectáculo. Siempre hubo muchos teatros. En los años 50 había casi 50 salas, que se llenaban de martes a domingo, y unos 40 teatros independientes. Hoy hay que tomar en cuenta que las pequeñas salas dan una obra un par de veces por semana, lo cual es un problema, porque el equipo, que trabaja meses para el espectáculo, no puede vivir de eso. Es notable la creatividad de nuestros artistas. No importa si todos tienen éxito. Todos están trabajando.
¿Por qué abrió su propia sala?
Por el deseo de hacer espectáculos que no iban a cuajar en una sala comercial.
¿Hay temas que atraen más en un momento histórico?
Por supuesto.
Hoy, ¿cuáles son?
No sé. Si lo supiéramos, todas las obras tendrían éxito. Pero hay conflictos que son eternos (las relaciones humanas, el hombre con la sociedad, el hombre consigo mismo). Si están tocados en profundidad cualquier persona puede sentirse afectada con eso.
¿Qué aprendió de la docencia y de la dirección?
Todo. En 2016 cumpliré 50 años de dar clases. Un educador siempre está educándose, uno aprende de la gente con la que trabaja.
No tiene un método de enseñanza, ¿qué guía su trabajo?
Hay bases esenciales para el trabajo del actor. El tema siempre reside en tomar en cuenta a la persona que se tiene en frente, igual que al montar un espectáculo, ver qué necesita realmente, y a partir de eso trabajar. No hay reglas, hay personas, todos son distintos.
¿Hay gente más dotada para la actuación?
Por supuesto. Pero usted se puede llevar muchas sorpresas con la gente. Hay personas que tardan mucho tiempo en poder empezar a expresarse. La educación que recibimos es más bien represora de las emociones. En un actor eso es totalmente pernicioso. Por eso las actrices tienen mayor facilidad en la actuación, es porque tienen más permiso en lo emocional.
¿Qué es el teatro?
Primero es un entretenimiento, nadie va al teatro a aburrirse. Después, si encierra pensamiento profundo, es transformador: a la vez que lo emociona lo hace pensar. Esa es la función: sensibilizarnos frente a las cosas que nos pasan y a lo que pasa en la sociedad.
¿Qué lo hace elegir una obra?
Enamorarme. No hay explicación para el amor. Si uno la lee y de se queda prendado de ella, si hace que su imaginación empiece a trabajar, ahí hay algo que agarró.
Con tres obras en cartel debe ser que todavía se enamora mucho.
Uff. Sí, por suerte, sí.

Fuente Redacción Z
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