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Adulterio: El sabor de lo prohibido

La infidelidad implica varios riesgos y problemas, sin embargo la fantasía de vivir una aventura sexual puede convertirse en un deseo incontrolable.

Por Juan Carlos Kusnetzoff
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adulterio
Qué es lo que impulsa a una per­sona que tiene marido o espo­sa, incluso con hijos en su pare­ja, a buscar una relación “por afuera”, cuando en general esa conducta impulsa un problema bastante grave.

El adulterio durante muchos siglos im­plicó un riesgo mortal. Sí, se lo castigaba con la muerte. Hoy, en el siglo XXI, en al­gunos países, esa conducta también termi­na trágicamente.

Aquellas infidelidades sucedían a pesar del peligro que significaba contraer enfer­medades como la sífilis y la gonorrea. Y la situación continúa hoy, con el peligro del SIDA.

Entonces, es válido realizarse algunas preguntas: ¿por qué, en medio de peligros tan espantosos, los seres humanos enfren­tamos encuentros “clandestinos” eróticos? ¿Qué nos empuja a cometer esos “deslices” tan peligrosos?

Cuando alguien se arriesga frente a pe­ligros tan serios, hay dos hipótesis que ha­bitualmente se esgrimen. La primera, apun­ta a la insatisfacción en la vida sexual de la pareja “oficial”. La otra señala la aparición de un amor intenso, inédito, deslumbrante y apasionado.

Generalmente, lo atrapante es el deseo de aventura, de sentir que la experiencia pende de “un hilo”. Es una obstinación irra­cional. Es, aunque esta hipótesis aparezca como soberbia, la sexualidad como miste­rio, aquello que hizo del genio de Sigmund Freud un científico impactante, duradero e imposible de olvidar.

La sexualidad es la fuerza instinti­va más difícil de disciplinar y de domi­nar. Todos creemos que podemos do­mesticarla y conducirla.

Sin embargo, como si la sexualidad fuese un corcel brioso, tempestuoso y vio­lento, nadie la puede controlar. La sexua­lidad es indomable.

A diferencia del animal, en el ser hu­mano, la sexualidad, en tanto instinto, se transforma en erotismo. Esto quiere decir que es una potencia excitante, que desa­fía al peligro.

La fantasía de una aventura transgreso­ra otorga la explicación del supuesto riesgo, que enfrenta heroicamente finales impre­visibles, novelas que todos los seres huma­nos de todas las épocas atesoran en los más recónditos lugares de su psiquismo, y que la mayoría no se atreve ni se atreverá a vivir ja­más.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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