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TEMAS DE LA SEMANA

Adriana Varela: ‘El tango no se impone, se elige’

La cantante favorita de Goyeneche, dueña de una voz bella y potente.

Por Cecilia Alemano
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Aceto no, su programa de radio en la AM 750, debe su nombre a un chiste entre sus músicos. Es que cada vez que Adriana Varela come afuera, le pide al mozo: «Traeme vinagre o limón, pero aceto… ¡no!», con ese vozarrón. Entre risas, confiesa que la suya es una lucha por poner fin a la posmodernidad gastronómica de vinagres balsámicos, ciboulette y rúcula. Ahora que se largó a hacer radio, no hay duda de que su arte está en el decir. Estudió fonoaudiología, lingüística y psicoanálisis. Más tarde se dedicó a cantar rock, y se hizo una celebridad con el tango.

¿Alguna vez se preguntó qué tiene su voz?
Mirá, te puedo hablar de la voz, no de mi voz, porque me aburro hablando de mí. Las definiciones son muy estáticas y la pulsión de la voz, en cambio, es muy dinámica. Es la misma, pero pasa por estadios, y tiene mucho que ver con la edad. Lo único que te puedo decir pintoresco sobre mí es que ya de chica tenía voz muy grave y potente. El Polaco Goyeneche siempre me decía: «Andá por los graves que por ahí está Dios».

Goyeneche decía: «No me gusta que canten las nenas, pero Adriana es un caso aparte». ¿Por qué?
Supongo que en mi forma de interpretar y entender el lenguaje. Él me decía que yo cantaba como hablaba, o sea que no impostaba, que no era otra voz, y eso le agradaba profundamente. Y otra cosa que decía es que le encantaban mis agudos, que a diferencia de la mayoría de los agudos femeninos, no tenían nada que ver con un chirrido. Ah, y decía también que yo comprendía los puntos y las comas.

Usted dijo que el tango ya no nos pertenece.

Me refería a que afortunadamente se hizo universal, como pasó con el jazz. Lo noté cuando empecé a viajar cantando, a mediados de los 90. Yo misma empecé a escuchar música «del mundo» como las sevillanas, el flamenco, el fado.
De esos géneros ninguno destronó al tango.
No, porque el tango es el lugar del eros. Y tiene letras con un nivel alto de poesía. Prendió tanto en el mundo por el abrazo que propone, no sólo en el baile, sino también en la canción, que habla del otro. En un mundo donde el hedonismo es culto globalizado, hablar del otro, aunque sea para odiarlo, es dejar de mirarse el ombligo.

¿El eros es más definitorio en el tango que la nostalgia?
La nostalgia está buena. Siempre digo que se diferencia de la melancolía en que es un dolorcito en flor, y no un flor de dolorcito. El tango tiene mucha nostalgia, pero sobre todo tiene pasión. Lo erótico y no lo tanático. La vida y no la muerte.

¿Y el contacto físico?
Bueno, en un sistema social que quiere atomizarnos, el tango cumple un rol clave. En los 70 nos distanciaban desapareciendo, matando y silenciando a las personas. En los 90 la propuesta no es ya matar, sino alejar. Si el tango no se difunde a nivel masivo es por esto mismo. Y a mí me parece bárbaro, porque el tango no se impone, se elige.

¿Y usted como lo eligió?
Yo de muy joven escuchaba rock, música cubana y brasileña. Pero cuando vi al Polaco en la película Sur dije «Guau, esto es rocanrol». Ahí empieza mi búsqueda.

¿Antes cantaba en la intimidad?
Empezaba a cantar en lo de Alberto Badía algunas canciones de Fito, de Litto Nebbia, Silvina Garré… Ya después el rock quedó atrás.

Es la más rockera de las tangueras.
Es cierto. Gustavo Santaolalla me dijo que es imposible que disimule el rock porque lo llevo en la sangre. Jamás careteé en ese aspecto: fui y sigo siendo una rockera.

¿Cómo se hace para cantar letras que tienen que ver con otras circunstancias?
Te digo una sola frase: «La vanguardia no está en la apariencia, sino en la esencia». ¡Si vos desde un lugar anecdótico como un barrio, o un arrabal, que tiene mucho peso poético, estás hablando de la existencia misma! Sería ridículo componer un tango que hable de internet, porque es un género que nace en la orilla, y lo que atraviesa va más allá de la cosa efímera actual.

 

DZ/sc

Fuente Redacción Z
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