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Adriana Brodsky: «Nunca fui como La Bebota»

A los 60 años y de temporada en Mar del Plata, la ex chica Olmedo demuestra que aún le da el piné para recrear al personaje más emblemático de su carrera.

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A poco tiempo de un cumpleaños de 60 que la encuentra espléndida, con proyectos y celebrando la vida, Adriana Brodsky vuelve a ponerse en la piel de La Bebota durante la temporada marplatense junto a Martín Bossi y reconstruye el recuerdo del personaje que hacía en el sketch del manosanta con el Negro Alberto Olmedo.

¿Volviste a recibir el cariño de la gente de una manera conmovedora?
Todo es conmovedor en este momento para mí. La producción de Bossi Big Bang Show me había convocado para elegir a La Bebota. Iba a seleccionar chicas que se parecieran al personaje, físicamente y con esa voz triturante que tenía, porque no hablaba de un modo sensual o delicado, La Bebota tenía un tono que alarmaba a cualquiera.
Pero quedaste vos…
Me encantó ver a tantas chicas queriendo hacer ese personaje que pegaba fuerte en el corazón. Las veía subir al escenario y sentía que estaba viendo a mis propias hijas. Hice una preselección con la que la productora no quedó conforme, después ellos hicieron otra y finalmente me propusieron hacer el personaje.
¿Se te había pasado por la cabeza?
La gente me lo decía, pero a veces tus amigos no ven la realidad, porque cuando hay afecto de por medio es muy difícil ser objetivo. Yo soy cruda para ver las cosas, las veo con frialdad, y sabía que nunca iba a poder volver a hacer ese personaje porque pensaba que ellos querían a aquella Bebota. Y yo no podía dárselas ahora, porque ella no actuaba, era de esa forma. Cuando me dijeron que lo que necesitaban era el recuerdo, acepté. Y tuve que estudiar a ese personaje, porque en definitiva lo que hago es imitar a una Bebota.
La gente tiene una memoria afectiva muy grande.
Mirá, Teté, yo trabajé con cuanto capocómico se te ocurra: Minguito, Mario Sapag, José Marrone, Gerardo Sofovich, Jorge Porcel, Santiago Bal, Pepe Biondi… Tuve el honor de pasar por este medio que me ha dado tanto junto a todos los grandes, pero por la única persona que me preguntan, desde hace 30 años, es por el Negro Olmedo.
¿Cuánto tiempo trabajaste con Alberto Olmedo en No toca botón?
Dos añitos que pasaron volando, nada más, entre 1986 y 1987, pero fue como si hubiese estado toda la vida con él. Es tan profunda la huella que dejó, que la gente piensa que fue muchísimo más tiempo.
Adriana Brodsky nunca paró de hacer cosas, participó de otros programas cómicos, telenovelas y hasta realizó producciones artísticas para niños. Cuenta que el trabajo la ayuda y le “disipa la cabeza”. El 22 de diciembre pasado cumplió años y asegura que se encuentra feliz, porque para ella cada día es una celebración desde hace mucho tiempo.
¿Cómo empezaste tu carrera de actriz?
Yo no quería ser modelo, actriz o famosa. Quería ser bailarina clásica del Teatro Colón. ¡Te juro! ¡Y mirá donde terminé! Lo que es la vida, con mi 1,57 de altura, en aquella época en donde todas las mujeres eran inmensamente diosas, mirá de dónde vinieron las ofertas laborales. Nunca entendí por qué me elegían, si yo no bailaba, no actuaba… Pero algo tenía que tener. A la fama podés llegar por muchos caminos.
Y vos hiciste el tuyo.
Empecé en La peluquería de Don Mateo con Gerardo Sofovich. Hacía de nena y decía dos palabras. Ya era grande, pero siempre tuve esos roles. Fue como un sueño maravilloso y después una vorágine de laburo que no paraba. Hice de todo: cine, desfiles, comerciales, teatro, televisión…
Con el tiempo, Adriana se casó con el Tata Yofre (de quien está separada) y lo acompañó cuando fue embajador, en la década del 90, en Panamá, adonde tuvo a sus dos hijos, y luego a Portugal.
Te considero una madraza. ¿Sabías que ibas a hacer así con Javier y Agustina?
Si había algo que sabía en mi vida, desde que era chiquita, era que quería tener hijos y que iba a ser supermadraza con ellos. Cuando empecé, me ofrecieron hacer fotos para Playboy un montón de veces. Y aunque se pagaba mucho nunca acepté porque pensaba que el día que me casara y tuviera hijos no quería que vieran a su mamá desnuda.
¿Qué recordabas de Buenos Aires cuando estuviste afuera?
¡Extrañé mucho! Es impresionante la cantidad de sitios nuevos por descubrir y me asombré al conocer cosas hermosas como una callecita, un edificio, restaurantes, los lugarcitos modernos y viejos; hay una mezcla tan terrible de todo. Pero si tengo que elegir un lugar en el mundo, sin duda es San Telmo, porque ahí nací y tengo muchos recuerdos lindos.
¿Cuál es tu cable a tierra, Adriana?
No hago terapia, me encierro mucho en mí misma y siento que tengo un gran contacto con Dios, o al menos me siento muy conectada. Tengo mi parte espiritual a flor de piel, eso me hace sobrevivir. Las palabras las escucho porque soy educada, pero nunca me guío por ellas, sino por las actitudes de las personas y por cómo llevan adelante determinadas cosas de la vida. La cultura de los libros es maravillosa, pero la de vida es la que te da la garra que podés llegar a tener.
¿Siempre fuiste tan tranquila?
La gente siempre creyó que soy aniñada, pero nunca fui como La Bebota. No me gustan las discusiones, siempre trato de poner un manto de piedad y de elevarme para comprender las situaciones y no pensar que todos tienen que actuar como yo. Hacer temporadas de teatro, por ejemplo, es un trabajo psicológico, porque todos vienen con diferentes ideas y hay que comprender sin enojarse. Cuando tengo que usar mi carácter, lo hago. Así, con este aspecto de pollito que tengo, aprendí a remarla sola desde chica.

 

Fuente Redacción Z
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