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Adriana Aizemberg: ‘Lo que me importa es la obra’

La actriz defiende el teatro independiente, comenta Bajo un manto de estrellas, la obra en la que está trabajando, y cuenta que le gustaría hacer a Shakespeare y a Chéjov. 

Por Norma Rossi
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Adriana Aizemberg Adriana Aizemberg

Adriana Aizemberg llegó de Santa Fe recibida de maestra, estudió un año Arquitectura. “pero me metí en el último coletazo del teatro independiente. Y no salí más“, puntualiza. Con el teatro recorrió el mundo, sigue dejando su huella, así como también en el cine y en la tevé. Y también canta.
Integró la comisión directiva de la Casa del Teatro. En 2011, recibió el Diploma al Mérito de los Premios Konex. Terminó 2012 con el estreno cinematográfico de El pozo, de Rodolfo Carnevale. Y empezó 2013 protagonizando sobre las tablas Bajo un manto de estrellas, de Manuel Puig, con dirección de Manuel Iedvabni, junto con Pompeyo Audivert, Héctor Bidonde, Paloma Contreras y María José Gabin
¿Podés sintetizarnos de qué se trata?
Es prácticamente imposible. Muy al estilo de su autor –Manuel Puig– cada personaje ve en el otro lo que necesita ver, y se entrecruzan de manera muy divertida y singular, con tratamiento de radioteatro. Sucede en los 50: somos un matrimonio común –“la dueña” (mi papel) y “el dueño”– de la alta burguesía rural, con una hijastra. Y llegan unos visitantes que les satisfacen sus deseos, remontándose a los a 1929. ¡Me siento Mecha Ortiz o Zully Moreno! Es un desafío divino. Nunca hice nada de este tipo. A esta altura de mi camino –nunca digo carrera– me parece un regalo de la vida.
¿Cómo elegís tus trabajos?
Lo primero que me importa es la obra, más allá de su significación sociopolítica; que todo la tiene. Después, me entusiasma el elenco; muy solvente en este caso, de teatro de toda la vida.
¿Ya tenés otros proyectos?
Dos libros de cine, y una opera prima (con lo que siempre colaboro) para filmar en febrero, de un chico joven, junto a Érika Rivas. Es muy buena actriz y a mí me importa mucho con quién tengo que dialogar
¿Cómo estás a diez años del trasplante de hígado?
Una vida absolutamente normal. Por eso siempre pongo el acento en la donación. Trabajé hasta último momento; pero, sin dramatizar: me moría. Tengo la alegría de haber superado esa situación. Y estoy contenta todo el día. Vivo feliz.
¿Pensás dedicarte profesionalmente también al canto?
Me lo han dicho. Estudio, y tendría que animarme. Hice comedias musicales y –hace bastantes años– un unipersonal que armé con textos, poesías de mi Santa Fe natal, de mi padre (Isaac Aizemberg, compositor de muchas canciones junto a Ariel Ramírez, como la música del film Los inundados, de Fernando Birri), y mucho chamamé. También me gustan mucho el tango y el bolero. Pompeyo (Audivert) me propuso sumarme a este espectáculo que armó con Daniel Fanego y su hijo. Me encantaría
¿Qué te satisface de tu profesión?
Me entusiasma y divierte. El día que me canse, me retiro honradamente. Tengo verdadera pasión por el teatro, desde pensar cómo voy a hacer el personaje, elegirle la ropa y el peinado, maquillarme, prepararme. Y mirá que he hecho desde una vieja de 80 ciega, en Venecia, hasta una niña de 9 en Las pequeñas patriotas, con Norma Aleandro
¿Y qué te gustaría hacer?
Algunos autores clásicos que no hice nunca, salvo en las clases o escenas: Shakespeare o Chéjov. Pero me gusta el aquí y ahora. Aprovecho y disfruto al máximo lo que hago.
¿Dirigir?
No. Tampoco dar clases. Me encanta el escenario, preparar el personaje con los compañeros y el director, dar mi punto de vista. Soy muy personal en todo mi trabajo. Creo que he desarrollado una personalidad escénica indispensable para no ser igual al otro. Uno no tiene que copiar, sino alimentarse del que está al lado. Siempre trabajé con grandes actores, y aprendo muchísimo de lo que hacen y veo en ellos. Cuando recién empecé, viéndolo a (Ernesto) Bianco en Cyrano. Extraordinario. Yo hacía una monjita que entraba al final, pero me quedaba entre cajas mirándolo. Con (Antonio) Gasalla, primero en teatro y luego en su primer ciclo (ATC) durante dos años , con un elenco de primerísimos actores que nos llevábamos genial- todos aprendimos. Parrilla, Veronelli, el “loco” Aráoz, Juanita Molina, Verónica Llinás. Cada uno inventaba lo que quería, y luego Antonio nos mandaba a buscarle vestuario. ¡Nos disfrazábamos de cualquier cosa! ¡Más de lo que lo hacía él!
¿Escribís?
El libro de Las pequeñas patriotas lo hicimos junto con Norma y Helena Tritek. ¡Nos divertimos como locas! Imaginate, ¡éramos dos nenas de 9 años –yo la abanderada, ella la que no sabía nada– con guardapolvos, cantando canciones patrias! ¡La gente moría con ese espectáculo! Quiero pensar algo similar a un unipersonal, con textos de poetas santafesinos y de Gualeguaychú, como Juan L. Ortiz; y algunas letras de papá.
¿Qué opinás de los espectáculos gratuitos en las zonas de veraneo?
Es tremendo. Una deslealtad para con nosotros. El año pasado, en Mar del Plata, Extraños en la Noche fue el espectáculo más premiado. Pero había –con carteles del gobierno provincial– eventos masivos gratuitos los sábados y domingos. Eso te resta público.

 

En pocas palabras

• Nació en Santa Fe en 1940.
• Se inició en el Teatro Popular Independiente Fray Mocho.
• Debutó en TV con Antonio Gasalla en 1990.

Fuente Redacción Z
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