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TEMAS DE LA SEMANA

Adelanto exclusivo de la biografía de Gabriela Michetti

Los periodistas Sol Peralta y Fernando Amato escribieron la biografía de la diputada del PRO.

Por sol-peralta-y-fernando-amato
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Gabriela Michetti se toma su tiempo para decidirse a realizar algún movimiento que ponga en riesgo su carrera política. Todas sus grandes decisiones requirieron de una prolongada meditación, más una consulta de 360 grados en la que han dado su opinión desde su pareja, sus padres, sus amigos y colegas, hasta su hijo y un cura de confianza. Por ese proceso pasó cuando Mauricio Macri le ofreció la candidatura a primera legisladora por la ciudad de Buenos Aires por Compromiso para el Cambio, en 2003. Su respuesta fue un rotundo no, que luego, por supuesto, cambió y se convirtió en un sí. El siguiente viraje de timón fue el más complicado. Ella había alcanzado en pocos años el puesto de vicejefa de Gobierno y su jefe le pidió que renunciara porque la quería como candidata a diputada de la Nación. El PRO la necesitaba como mascarón de proa: con la imagen positiva de Michetti, Macri estaba convencido de que podían ganar las elecciones legislativas con la holgura que él quería para posicionarse frente a su precandidatura presidencial. A Michetti se le terminó la paz, sencillamente, porque no quería dejar su puesto y pasar al Congreso, pero comprendía que no tenía mucho margen para decir que no. Se pasó hablando de ese tema durante todo un viaje que hizo por Centroamérica junto con sus padres, Mario y Martha, y su hijo Lautaro. Nuevamente le dio a la cabeza del partido una respuesta afirmativa, pero desde entonces no dejó pasar oportunidad alguna de recordarle el gran sacrificio que había hecho. Y ése es uno de los muchos motivos que la hicieron enfurecer cuando Macri anunció que sería el candidato a jefe de Gobierno -un lugar con el que Michetti ya contaba para sí- y que su compañera de fórmula sería María Eugenia Vidal.

Ahora se encuentra una vez más frente a un camino que se bifurca. Debe decidir si acepta pasarse al ámbito de la provincia de Buenos Aires para representar al macrismo y olvidarse del ansiado sillón de la alcaldía porteña, o seguir buscando sumar poder en la Capital. Y, sin duda, ese dilema le quita el sueño.

Para escribir su biografía, Gabriela. Historia íntima de la mujer detrás de la política (Sudamericana, 2012), le hicimos más de una decena de entrevistas, conocimos a toda su familia, a sus amigos cercanos y a sus principales relaciones del ámbito político. La sucesión de encuentros en su casa, a lo largo de tres años, nos dieron una perspectiva sobre su historia y su personalidad, que nos deja afirmar que la oferta de la candidatura por la provincia para las elecciones del año próximo, para ella representa un desplazamiento de sus intereses y que sabe que quizás, en pos de continuar con su carrera política, tenga que aceptarlo. Frente a esa incertidumbre se debate hoy Gabriela Michetti.

En su vida personal, en cambio, toma las decisiones sin pestañear. A los 17 años, cuando resolvió mudarse a Buenos Aires desde su Laprida natal para ir a la facultad, no sintió ni un asomo de dudas. Tampoco sufrió en ninguna medida la elección de su carrera, aunque no tenía nada que ver con su contexto y fue criticada por su madre, porque no le parecía apropiada para una mujer y además sabía que decepcionaba a su padre, quien soñaba que su hija mayor continuara sus pasos en la medicina. No obstante, Michetti se inscribió en Relaciones internacionales y se recibió en tiempo y forma. Algo similar le sucedió cuando se casó después de un noviazgo de menos de un año. Decide rápido y no se arrepiente. A ese matrimonio precipitado le siguieron 13 años de relación, durante los cuales la pareja tuvo un hijo y Michetti afrontó el tremendo accidente por el cual terminó en silla de ruedas. A la elección de la carrera le hizo honor con cargos en la Comisión de Gestión Internacional de la Gobernación de la Provincia de Buenos Aires, en la Subsecretaría de Industria de la Nación, en la Subsecretaría de Comercio Exterior del Ministerio de Economía y, dentro de esa misma dependencia, convirtiéndose en directora de Negociaciones Comerciales Internacionales. Trabajaba para la intendencia porteña cuando tuvo el accidente automovilístico, en 1994.

Vivir a mil

«Creo que el accidente estuvo unido a mi locura de aquella época -dice Michetti-. Si la semana anterior no hubiera tenido tanto trabajo, estoy segura de que no hubiera ido tan rápido en el auto y sin cinturón de seguridad. Mi consuelo es que al menos me hice mierda a mí misma (señala la silla de ruedas), en cambio otros hacen bolsa a los demás.» Se hace cargo de que las cosas no pasan porque sí, de que no pudo medir la velocidad con la que se estaba comiendo la vida. Tenía 29 años y todo lo que había soñado: tres años atrás se había casado en una fiesta clásica, bien a su gusto, con un hombre del que estaba profundamente enamorada, el periodista Eduardo Cura. Tenía un hijo de dos años y acababa de comprar una casa, para seguir ampliando la familia. Tras un período de inactividad durante el primer año de su hijo, había retomado la carrera y conseguido un puesto como técnica en la función pública, el espacio en el que quería desarrollarse. Era joven, era bonita, era esposa, era mamá, era buena en su trabajo. En su horizonte se veían más logros todavía. Pero esa película se detuvo cuando estuvo a punto de morir.

Manejaba ella por una ruta más que conocida, que unía la casa de sus padres, en el pueblo, con un campo de propiedad de la familia, a pocos kilómetros. Iba con su marido en un auto alquilado. La locura a la que ella hace referencia, la puso en un estado casi adolescente, en el que se sentía casi invencible. Por eso tomó gran velocidad sobre un camino de tosca y realizó una maniobra poco prudente para pasar a otro auto, que no llegó a terminar cuando sintió que no dominaba el volante. En instantes perdió por completo el control, el auto volcó y siguió dando vueltas, y los dos ocupantes salieron volando por el parabrisas porque no se habían puesto el cinturón de seguridad.

Michetti volvió en sí cuando su marido la despertó.
-Nosotros tenemos un hijo, ¿no? -le preguntó.
-Sí, Gabi, pero quedate tranquila que no está con nosotros. No iba en el auto.
Entonces sí, se concentró en ella. Se miró y constató que no tenía ni siquiera un raspón. Pero estaba preocupada. Hizo un pequeño movimiento abdominal y se dio cuenta de que no podía moverse.
-Estoy paralítica, estoy paralítica. ¡Se me cagó la médula!

Michetti intentaba incorporarse, trataba de sentarse pero no sentía absolutamente nada de la cintura para abajo. Como era hija de un médico y se había pasado la vida escuchando hablar de medicina, tenía algunos conocimientos que le permitían comprender la gravedad de su situación.
-¡No siento nada! Se me cagó la médula, Eduardo, estoy paralítica.
-Tranquila, Gabi, por favor, quedate quieta. Tratá de no hacer movimientos. Ya avisaron por radio a los bomberos para que vengan a ayudarnos.

Pero tenía razón, se había seccionado la médula espinal a la altura de las primeras vértebras lumbares y era una lesión irrecuperable. La historia de Michetti es la de la superación: se sobrepuso con esfuerzo y con mucha fuerza de voluntad, a una situación que podría haberle hecho bajar los brazos.

Por ese logro y gracias a su personalidad, se convirtió de entrada en la cara humana de un distante Mauricio Macri. Para los electores, es una figura con la que pueden identificarse, más accesible y cálida. Pero para la mayoría de sus ex compañeros de facultad o de trabajo, resultó sorpresiva la asociación entre ella y el empresario. La relacionaban con una postura más progresista, porque había sido cercana a Carlos Auyero, quien le presentó a Graciela Fernández Meijide y a Esteban Bellomo. Ella se definía políticamente como demócrata cristiana y había colaborado desde una función técnica con la Fundación del Sur. Acompañando a Auyero, estuvo presente en la reunión que se recuerda como «Acuerdo de El Molino», que derivó en la creación de Frente País Solidario (Frepaso).

¿Por qué viró en 180 grados su postura política? Probablemente, porque Macri le dio poder, la invitó a jugar en la primera línea. Como recuerda el periodista Alejandro Fabbri, viejo conocido de Michetti, que le dijo en una reunión en casa de Alfredo Leuco: «En el macrismo me abrieron la puerta, la misma que me cerraron en el Frente Grande. Yo les presentaba proyectos y no me daban ni bola. En ese espacio era obvio que no iba a poder crecer y por eso me terminé abriendo». Pero también es factible que en el macrismo haya encontrado un espacio más cercano a sus verdaderos intereses, mucho más conservadores de lo que ella quería creer.

DZ/km

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