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TEMAS DE LA SEMANA

A 39 años del golpe: Una derrota y tres Victorias

Las masivas movilizaciones del 24 de marzo reactualizan los debates pendientes por los derechos humanos. La memoria como política de Estado. La certeza de que no hay vuelta atrás. Las diferencias por Milani.

Por Reynaldo Sietecase
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Victoria Moyano nació en agosto de 1978 en el Pozo de Banfield. Sus padres, Asunción Artigas y Alfredo Moyano, eran exiliados uruguayos. El secretario de la Brigada de San Justo, Oscar Penna, se la entregó a su hermano Víctor y a su cuñada. Fue Victoria Penna hasta los nueve años. El 30 de diciembre de 1987, un análisis de ADN ordenado por la Justicia confirmó su verdadera identidad.

Victoria Montenegro nació en enero de 1976. Fue secuestrada dos semanas después junto con sus padres, Hilda Torres y Roque Montenegro, quienes fueron asesinados. Fue criada por el coronel Herman Tetzlaff y su esposa María del Carmen Eduartes –ya fallecidos–, quienes la anotaron como María Sol. El militar fue jefe de sección en El Vesubio. En 1993 la Justicia comprobó que no era hija biológica de sus apropiadores. Pero se negó a que le sacaran sangre nuevamente. Recién se reencontró con su familia de origen en 2001.

Victoria Donda nació en 1977 en la ESMA. Allí estaba detenida su madre María Hilda Pérez. Su padre, José María Laureano Donda, también fue secuestrado y ambos permanecen desaparecidos. Fue apropiada por el ex prefecto Juan Antonio Azic y su esposa, quienes la criaron como sus verdaderos padres. En 2003 se acercó a las Abuelas de Plaza de Mayo y recuperó su identidad.

Las tres Victorias confluyeron en el acto por la Memoria donde se repudió masivamente el golpe militar del 24 de marzo de 1976. Tienen diferencias políticas y coincidencias conceptuales que revelan los avances y retrocesos en las políticas de derechos humanos de la última década.

Al igual que sus progenitores, las tres mujeres eligieron la política como herramienta para cambiar la sociedad. Victoria Moyano es una combativa militante del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS). El año pasado fue detenida por la Gendarmería durante una protesta junto a los trabajadores de la empresa LEAR que cortaban la Panamericana. Victoria Montenegro desarrolla su actividad desde la agrupación kirchnerista Kolina y trabaja en el Consejo Nacional de la Mujer. Victoria Donda realizaba tareas sociales antes de conocer su verdadera identidad. Desde 2007 es diputada por Libres del Sur y en la actual coyuntura electoral apoya la candidatura presidencial de Margarita Stolbizer.

Las tres Victorias valoran la importancia de la derogación de las llamadas leyes de impunidad y el impulso que el Gobierno les brindó a los juicios contra los represores. También la decisión de asumir la defensa de los derechos humanos como política de Estado y se lamentan por la falta de castigos contra los civiles que colaboraron o medraron con la dictadura (en las últimas semanas se sucedieron varias absoluciones). La diferencia más grande puede resumirse en un nombre: César Santos Gerardo del Corazón de Jesús Milani, jefe del Estado Mayor Conjunto del Ejército Argentino, por decisión de la presidenta Cristina Kirchner, desde el 3 de junio de 2013. Sobre Milani pesan acusaciones muy graves por su posible participación en la represión (la Justicia investiga su posible participación en la desaparición del conscripto Alberto Ledo).

Para Montoya, para Nora Cortiñas (Madres Línea Fundadora) y otros militantes de los derechos humanos y políticos de izquierda, las sospechas sobre Milani hacen inadmisible su permanencia en el cargo. Para Montengro, Estela de Carlotto y otros dirigentes de los organismos de DD.HH. más cercanos al gobierno nacional, hay que esperar que la Justicia se expida y si se confirman las denuncias, recién ahí, pedir su relevo. Milani dividió en dos el escenario político de la Plaza de Mayo el martes pasado. Hay un dato objetivo: por denuncias menos relevantes que las que pesan sobre el actual jefe del Ejército, decenas de militares vieron frenados sus ascensos e, incluso, algunos están presos.

Milani es una mancha inocultable en una de las banderas que el kirchnerismo desplegó con más convicción desde que Néstor Kirchner, como presidente, le ordenó al general Roberto Bendini que retirara del Colegio Militar los cuadros de los dictadores Jorge Rafael Videla y Reynaldo Bignone, ex directores de esa institución. Fue el 24 de marzo de 2004, el mismo día en que se decidió abrir la ESMA, el mayor campo de detención del país. Kirchner despejó con ese gesto las dudas que generaban entre los militantes de los organismos de los DD.HH. su nula militancia en el tema. “Nunca más tiene que volver a subvertirse el orden institucional”, dijo ese día. También rechazó la llamada “teoría de los dos demonios”, al objetar la equiparación entre la acción armada de los años setenta y la represión ilegal: “Que quede bien claro, el terrorismo de Estado es una de las cosas más sangrientas que le puede pasar a una sociedad. No hay nada que habilite el terrorismo de Estado, y menos la utilización de las Fuerzas Armadas”.

Desde 2006 fueron condenados Julio Héctor Simón, alias Turco Julián, un agente de contrainteligencia de la Policía Federal; Miguel Etchecolatz, ex director de Investigaciones de la Policía Bonaerense y mano derecha del temido Ramón Camps; el sacerdote Christian von Wernich, capellán de la Bonaerense, y el ex subcomisario Luis Patti quien en 2005 había sido elegido diputado nacional; el ex general Luciano Benjamín Menéndez, comandante del III Cuerpo de Ejército y el ex general Antonio Domingo Bussi, interventor militar de Tucumán, entre otros “célebres” represores. En la última década se dictaron unas 300 condenas y se tramitan cientos de causas más. También hay que contabilizar a un centenar de prófugos.

Con sus más y sus menos, el proceso judicial que se reinició con la derogación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final aparece como indetenible y no sujeto a los vaivenes electorales que se avecinan. Recibe sí, duros cuestionamientos por su lentitud y los enormes recursos que ocupa. La mitad de los tribunales federales están tomados por estos juicios. El juez Carlos Rozanski, protagonista de sentencias memorables por lesa humanidad, propuso unificar los juicios por circuitos de centros clandestinos de detención para agilizar los juicios. “Si no cambia el sistema –dijo el juez–habrá cien años de juicios y eso es absurdo, nadie va a vivir ese tiempo.” Buscar un final judicial o algún horizonte concreto para los procesos a los represores es una idea razonable. Sin embargo, la mayoría de los organismos defensores de los derechos humanos se oponen a debatir esta idea. Una pena.

Que el Gobierno haya hecho suya la lucha de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo es un salto cualitativo a nivel institucional. Que un militar sospechado de participar en la represión conduzca a las Fuerzas Armadas de la democracia es una regresión inexplicable.

Victoria Montenegro se casó muy jovencita y tiene tres hijos varones de 16, 20 y 22 años. Los tres militan en política. “El fin de semana pasado pintaron banderas con los rostros de sus abuelos para llevar a la marcha. Yo estoy feliz de que puedan hacer política sin miedo a que les pase lo que sufrieron mis padres”, cuenta.

Victoria Moyano tiene una hija de 12 años, se llama Valentina. “Es una gran hija que ya entendió muy bien la historia de sus abuelos. Este año tuve que ir a dar una charla en su escuela, fue emocionante”.

Victoria Donda tiene una beba de cinco meses. Se llama Trilce. “Lo que más deseamos con el papá es que crezca y viva en libertad”, asegura conmovida.

Antes de ser asesinado por un grupo de tareas de la dictadura militar, el poeta Francisco “Paco” Urondo escribió: “Sé que futuro y memoria se vengarán algún día”. Ese verso adquirió con el tiempo entidad de profecía.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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Periodista. Escritor. Cazador de historias. Argentina @Sietecase http://ReynaldoSietecase.com.ar