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25 de mayo: La última plaza

La Presidenta utilizó el acto del 25 de mayo para hablarle a los convencidos. Reivindicó los principales logros del gobierno y la decisión de bautizar al nuevo centro cultural del Palacio de Correos con su apellido.

Por Reynaldo Sietecase
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La inauguración del Centro Cultural Kirchner fue el símbolo elegido por Cristina Fernández para sintetizar los doce años de la gestión kirchnerista. El Palacio de Correos, convertido en un espacio cultural magnífico, fue bautizado con el apellido familiar. Ese gesto habla más de la personalidad de la Presidenta y de su manera de entender la política que su gestión pública. La decisión fue innecesariamente autorreferencial y mezquina. Algo parecido ocurrió con el acto del 25 de Mayo. En el discurso en la Plaza histórica y frente a una multitud repasó los logros de gobierno y pidió por la continuidad “del modelo” pero sin ninguna mención a la gesta revolucionaria de 1810. La Presidenta hizo referencia a “los 40 millones de argentinos” pero habló sólo para los convencidos. No es casual. No piensa en cosechar nuevas adhesiones. Piensa que son muchos o, por lo menos, los suficientes para poder ganar la próxima elección presidencial. Y de no lograr el triunfo alcanzarán para mantenerla en el centro del mapa político nacional.

“Si les molesta el nombre (del CCK) hagan uno más grande o mejor y le ponen el nombre que quieran”, desafió desde la Plaza de Mayo. El planteo es absurdo. Algo así como el coloquial “a ver quién la tiene más grande” pero trasladado a la política. Desde la muerte de Néstor Kirchner hay más de un centenar de lugares que llevan su nombre (desde calles y carreteras hasta escuelas y hospitales). El exceso y el culto a la personalidad bastardean la idea del homenaje. La memoria la construye el pueblo no los funcionarios y está en función de la calidad del personaje y sus obras. El nuevo Centro Cultural podría haberse bautizado como Julio Cortázar, Mercedes Sosa o Juan Gelman, por citar algunos ejemplos que no tienen ateos. O convocar a una compulsa popular a través de las redes sociales. El nombre de Raúl Alfonsín hubiese sido un merecido homenaje al primer Presidente del retorno a la democracia y zanjado cualquier discusión política. Pero no. Cristina Kirchner no está dispuesta a hacer concesiones y eligió su apellido.

El discurso del 25 tuvo ese tono. Reivindicó los doce años de gobierno mencionando los hechos que considera fundamentales: renegociación de la deuda externa, defensa de la soberanía (cumbre anti-ALCA de Mar del Plata y fondos buitre), política de Derechos Humanos, educación, ampliación de derechos y Ley de Medios. También criticó a los dirigentes sindicales a los que dijo espera ver defendiendo a los trabajadores “con el mismo entusiasmo” después del 10 de diciembre y hasta advirtió que les sugeriría a los trabajadores “cambiar a los dirigentes” que no cuiden los logros obtenidos (paritarias). La Presidenta está convencida de que el tándem Hugo Moyano, Luis Barrionuevo, Omar Maturano y Pablo Micheli apuestan a complicar los últimos meses de su gobierno. “Quizá intenten hacer cosas para que la gente se asuste”, dijo.

A pesar del tono político del discurso, Cristina Kirchner no hizo mención a los dos precandidatos presidenciales que tiene el Frente para la Victoria. El gobernador Daniel Scioli y el ministro de Interior y Transporte, Florencio Randazzo, estuvieron cerca de la Presidenta durante todo el día. En el acto Scioli fue enfocado por la transmisión oficial algunas veces más que Randazzo pero eso no quiere decir nada. El ministro es la cara más reproducida por la propaganda oficial en los entretiempos del fútbol.

El kirchnerismo duro sigue desconfiando del gobernador de Buenos Aires a pesar de los innumerables gestos de alineamiento que éste emite cada semana. El último fue rechazar tajantemente los pedidos de ajuste de la Unión Industrial, se diferenció de Mauricio Macri (el vicepresidente de la UIA había dicho que eran muy parecidos) y reivindicó la figura del ministro de Ecomomía, Axel Kiciloff, alguien muy cuestionado por los grandes empresarios.

La Presidenta no bendijo a ninguno de los dos precandidatos. No lo hará por ahora. Sí, en cambio, se manifestó convencida de que “nadie vota para atrás” y agregó: (En las próximas elecciones) “Va a pasar lo que ustedes quieran que pase”. Acuna una idea bien peronista: el verdadero heredero es el pueblo. En el final de su discurso, se reconoció “soberbia, poco humilde” y les pidió a quienes la escuchaban, “los que me quieren y los que no”, que pensaran si estaban mejor “ahora que en 2003”. Cree que de esa respuesta depende quien será el próximo presidente de la Nación. Cualquiera sea el resultado de las elecciones ella estará cerca. Scioli, Randazzo, Macri y Massa lo saben. Tan cerca como el Centro Cultural Kirchner está de la Casa Rosada.

DZ/sc

Fuente Redacción Z
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Periodista. Escritor. Cazador de historias. Argentina @Sietecase http://ReynaldoSietecase.com.ar